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La Esposa Del Lobo De Plata

La Esposa Del Lobo De Plata

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Sebastián Volk es el hombre más temido de la alta sociedad. Tras una máscara de plata esconde un secreto monstruoso: es el último heredero de una estirpe de licántropos. Cuando la familia del Sol debe entregar una hija en matrimonio, Mía huye del compromiso y Luna ocupa su lugar. Despreciada por su madrastra, Luna ve en Sebastián la oportunidad perfecta para vengarse. Pero el lobo esperaba una esposa sumisa y encontró a una mujer que no teme desafiarlo. Entre deseo, traiciones y secretos sangrientos, ambos descubrirán que el matrimonio puede ser una prisión… o el comienzo de una guerra.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Cartas sobre la mesa

​El sol de la mañana apenas lograba atravesar la densa bruma del bosque, proyectando una luz pálida y plomiza a través de los altos ventanales del comedor.

​La estancia era desproporcionada. Una mesa de caoba de doce metros de largo se extendía en el centro, flanqueada por sillas de respaldo alto que parecían tronos austeros. En cada extremo, separados por un abismo de madera pulida y candelabros de plata, se sentaban Sebastián y Luna.

​La mesa estaba servida con opulencia: vajilla de porcelana, cubiertos de plata pesada, fruta fresca, café humeante y cortes de carne magra casi cruda en el plato de Sebastián.

​Luna vestía un traje sastre gris plomo, impecable, con el cabello recogido en un moño tirante que acentuaba la firmeza de sus facciones. Frente a ella, Sebastián vestía una camisa negra de cuello rígido.

La mitad de su rostro estaba cubierta por la habitual máscara de plata, cuyo borde destellaba con frialdad bajo la luz matutina.

​El único sonido en el comedor era el choque rítmico del metal contra la porcelana mientras Sebastián cortaba su comida.

​—Tus tarjetas personales han sido dadas de baja —dijo él sin levantar la vista del plato.

​Su voz, áspera y profunda, retumbó en la inmensidad del comedor.

​Luna no detuvo el movimiento de su cuchara. Tomó un sorbo de té de jazmín, saboreando el calor de la bebida antes de dejar la taza de nuevo sobre el plato.

​—¿Ah, sí? —preguntó con tono ligero.

​—Además, he instruido al personal de la mansión —continuó Sebastián, alzando por fin su único ojo visible, un orbe gris que la examinaba con una fría intención de dominio

—. Nadie responderá a tus órdenes. No tienes acceso a los vehículos, no tienes chofer y la guardia de la puerta tiene instrucciones estrictas de impedir tu salida sin un pase firmado por mí.

​Luna lo escuchó en absoluto silencio.

​Cree que me está cortando las alas, pensó, sintiendo una corriente de amarga diversión en el pecho. Cree que soy una heredera consentida que no sabe qué hacer sin una tarjeta de plástico.

​—Básicamente, estás reduciendo mi estatus al de una prisionera de lujo —resumió Luna, inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado.

​—Estoy marcando el terreno —corrigió Sebastián, apoyando los cubiertos sobre la mesa con un chasquido seco—. En esta casa hay un solo alfa, Luna. Si pretendes sobrevivir aquí, debes entender que dependes de mi voluntad para cada respiración que des.

​Luna no se inmutó. Una sonrisa helada y desarmante se dibujó en sus labios, una curva lenta y calculadora que hizo que Sebastián entrecerrara el ojo.

​Luna desabrochó su maletín de cuero que descansaba en la silla contigua, extrajo una tableta táctil de última generación y la deslizó sobre la pulida superficie de la mesa de caoba. El dispositivo recorrió los doce metros de madera, deteniéndose a escasos centímetros del plato de Sebastián.

​—Te equivocaste de diagnóstico, Sebastián —dijo ella, apoyando los codos sobre la mesa y entrelazando los dedos—. Pensaste que te casaste con una víctima. Pero te casaste con una socia que no necesita tu dinero.

​Sebastián miró la pantalla encendida de la tableta. La interfaz mostraba gráficos financieros en tiempo real y sellos de transferencia corporativa.

​—¿Qué es esto? —preguntó con voz baja y peligrosa.

​—Las tres filiales logísticas del Grupo Volk en la costa norte —explicó Luna con fluidez, como si estuviera exponiendo un informe de rutina

—. Ayer por la noche, antes de que tu equipo de seguridad bloqueara mis cuentas, ejecute una opción de compra prioritaria utilizando las acciones que mi padre me cedió como dote en el contrato matrimonial.

​Sebastián frunció el ceño. Deslizó un dedo sobre la pantalla, revisando los documentos adjuntos.

​—No tienes el capital para respaldar esta transacción —espetó.

​—Lo tengo —corrigió Luna, alzando la barbilla—. Con las cuentas de los Del Sol que redireccioné a mi nombre y las patentes de encriptación que poseo, absorbí el control operativo del sesenta por ciento de esa red. Si tú bloqueas mis tarjetas, yo congelo las rutas de distribución marítima de los Volk en dos horas.

​Un silencio pesado cayó sobre el comedor.

​Sebastián la observó de una forma nueva. La arrogancia condescendiente en su mirada se disolvió, reemplazada por una atención afilada, casi depredadora.

Por primera vez, vio a la mujer que tenía enfrente no como un estorbo impuesto por la diplomacia, sino como una amenaza real y calculadora.

​Inteligente. Rápida. Y sin un ápice de miedo. El pensamiento cruzó la mente de Sebastián mientras el instinto de su lobo interior se agitaba en el fondo de su conciencia, intrigado por el desafío de la humana.

​—Eres bastante más peligrosa de lo que tu aspecto sugiere —murmuró él, apoyando la espalda contra el respaldo del sillón.

​—Soy exactamente lo que necesitas a tu lado si no quieres que tus enemigos te devoren —respondió Luna, sosteniéndole la mirada sin ceder un milímetro

—. Así que te sugiero que desbloquees mis tarjetas y le digas a tus guardias que me traten con el respeto que merece la dueña de la mitad de tus rutas comerciales.

​Sebastián estaba a punto de responder cuando el aire del comedor cambió de golpe.

​El ambiente se volvió denso, cargado de un olor a ozono y sangre seca que hizo que Sebastián se tensara al instante. Sus fosas nasales se dilataron y su postura cambió a una de alerta máxima.

​Unos pasos apresurados y torpes resonaron en el pasillo exterior.

​La gran puerta de caoba se abrió de par en par. El ama de llaves, la Sra. Martha, entró en el comedor. Detrás de ella venía un mayordomo pálido como un cadáver, cuyos labios temblaban sin poder emitir palabra. En sus manos sostenía una bandeja de plata que temblaba violently.

​—Señor Volk... —balbuceó Martha, con la voz quebrada por el terror—. Esto... esto acaba de ser arrojado sobre la reja principal por un mensajero que se dio a la fuga.

​Sebastián se puso de pie en un movimiento fluido y amenazante. Cruzó el comedor a pasos agigantados y se detuvo frente al mayordomo.

​Sobre la bandeja de plata yacía un sobre de pergamino grueso, completamente empapado en sangre fresca que goteaba sobre el metal brillante. El hedor metálico y visceral impregnó el aire de la estancia en segundos.

​En el centro del papel ensangrentado, sellado con cera negra, destacaba la impronta de una calavera envuelta en colmillos cruzados: el símbolo inconfundible del clan rival, "Los Sombras".

​Luna se levantó de su silla y caminó hacia ellos, observando la escena con una frialdad analítica.

​—¿Qué es? —preguntó ella.

​Sebastián no respondió de inmediato. Usó la punta de su cuchillo para romper el sello de cera sin tocar el líquido rojo con las manos. Al abrir el sobre, extrajo un pedazo de tela desgarrada y una nota escrita con trazos irregulares.

​—Es una declaración de guerra —dijo Sebastián. Su voz había perdido la frialdad educada y ahora sonaba como un rugido contenido—. Se enteraron de nuestra boda. Saben que la casa Del Sol unió sus activos con los Volk.

​Luna se acercó un paso más, mirando la tela impregnada de sangre sobre la bandeja.

​—¿Y qué dice la nota? —inquirió, fijando sus ojos oscuros en el único ojo visible de su esposo.

​Sebastián alzó la vista del pergamino y la miró directamente. Un destello dorado, salvaje e incontrolable, cruzó por una fracción de segundo la pupila de su ojo gris.

​—Dice que la nueva novia de los Volk no llegará con vida a la próxima luna llena.

1
Betty Saavedra Alvarado
Luna tu eres más inteligente que Mia todo es una trampa tus hombres y tu saldran de esta no lo dudes
Betty Saavedra Alvarado
Eso es Luna tienes que acabar con el Consejo de Ancianos que les hace mucho daño
Carolina A²V
no entiendo como la cabeza hueca de mía pudo embocar a Luna❓️🤔
Carolina A²V
pero es que siempre haz sido una apestosa no veo porque la culpas 🤔🤨😠
Carolina A²V
remarparia 😡
Carolina A²V
😳 a la máquina 😧😱
Carolina A²V
😳 que paso❓️🤔 te emboscaron❓️😠 pero cómo❓️🤔🤨
Carolina A²V
🤨😧😠😠😠
Carolina A²V
ustedes sólo obedezcan 🤔
Carolina A²V
duró contra ellos Luna
Carolina A²V
😳 que se preparen esos chuchumecos traidores y falsos
Carolina A²V
se volvieron locos
Carolina A²V
😳 santas medidas batman 😱 ahora que haremos
Carolina A²V
que paso Victoria se te fue la valentía que trajiste❓️🤔
Carolina A²V
dónde se supone está la dichosa orden por desde que llegaron no han mostrado nada
Jesus Castro Montero
Por que Victoria quiere todo lo que tiene Luna ahora sabe que Luna no es nada sumisa ni tonta por que no acabar de una vez con esa escoria que lo único que hace es dar más problemas
Jesus Castro Montero
Luna eres buen terca y que poco te conoce Sebastián jamás te quedarás quieta y hoy más que nunca verá que cometió el error de no consultarte bueno ek se lo busco
Carolina A²V
😂😂😂 demuestralo porque las palabras de una loca cómo tu hija no son de peso 🤨🤔
Carolina A²V
un comentario que hago leo los cargos y me pregunto que hace victoria en ese lugar❓️🤔 porque no la puedo relacionar con nada de lo que sucede 🤔
Carolina A²V
esos funcionarios están buscando narcotraficantes o que❓️🤨🤔
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