Shiro es un soldado el cual no revela nunca emociones, pero al llegar una carta de una desconocida su futuro qué parecía oscuro se ve iluminado por un sentimiento que no sabe de donde proviene ¿descubrira Shiro quien es esa persona o sabrá cual es ese sentido?
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La vida en una ruina
Los túneles parecían no terminar.
Pasillos torcidos, cámaras de piedra, techos agrietados… todo bañado por la luz tenue del musgo y las brasas apagadas de antiguos mecanismos.
Caminaron en silencio durante horas.
Finalmente, Shiro se detuvo en una cámara pequeña, con el techo alto y sin señales de trampas visibles.
—Descansaremos aquí.
Lyra lo miró con cierta sorpresa.
—¿Ahora? Aún puedo continuar.
Shiro se sentó con calma en una roca baja, desatando parte de su equipo.
—Ya pasó un día completo desde que caímos.
Lyra parpadeó, confundida.
—¿Un día? ¿Cómo lo sabes?
—Es simple, solo tienes que contar el tiempo que pasa, claro sin distraerte con el alrededor.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué?
—El sol —explicó, mirando hacia la nada—. No lo ves cierto. No sabes cuánto tiempo pasa. Tu cuerpo pierde la noción del tiempo.
Pero al contarlo puedes tener un aproximado de la hora.
—Y conozco bien mi cuerpo, y cuando este empieza a cansarse
Lyra, por primera vez en mucho tiempo, se quedó sin palabras.
—…Y si el gólem aparece otra vez, y estamos cansados, no podremos protegernos de él —añadió Shiro.
Ella asintió finalmente.
—Tienes razón.
Ambos se sentaron en silencio.
Shiro encendió una pequeña fogata con una mecha de aceite que llevaba consigo.
Las llamas débiles iluminaron la piedra, y por un instante, el lugar pareció menos hostil.
Lyra observó el fuego, sus manos juntas sobre las rodillas. Luego preguntó con curiosidad genuina:
—¿Cómo supiste lo de la trampa de arena? No había signos. No sentí magia. Nada.
Shiro no lo pensó demasiado.
—Instinto.
Lyra lo miró como si no hubiera entendido.
—¿Solo eso?
—Sí.
—Pero… yo he estudiado ruinas, sellos, trampas… y ni siquiera noté una alteración mágica.
Shiro alzó la mirada hacia ella, tranquilo.
—Es fácil de hacer cuando tu vida corre peligro todo el tiempo, es algo que se vuelve tan normal como comer
Ella lo observó por unos segundos, algo incomoda.
—Debes haber pasado mucho más que solo entrenamientos.
Pero Shiro ya se había recostado contra la pared, cerrando los ojos sin más palabras.
—Me vas a dejar hablando sola —dijo Lyra algo enojada.
Pero al final decidió acostarse en el piso.
Pero Lyra no podia dormir y aún despierta miró por un rato a Shiro, como si quisiera descifrarlo con la mirada.
《Ese tipo definitivamente tiene algo especial, pero distinto a otras personas》
Ahi Lyra comprendio que Shiro era especial, no por estar en libros como guerreros famosos
Si no, porque sus vivencias lo han convertido en alguien fuera de lo común
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Un tiempo despues.
El pasillo era largo, agrietado, y cada paso parecía pesar más.
Las paredes parecían repetirse.
El silencio era espeso, cargado de tensión.
Shiro caminaba al frente, su mirada fija, el cuerpo aún firme, aunque sus movimientos eran más contenidos.
Detrás de él, Lyra caminaba en silencio, hasta que no aguantó más.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que caímos?
Shiro no se giró.
—seis días. Tal vez una semana.
Lyra se detuvo un instante, como si sus piernas se congelaran.
—¿Cómo…? ¿Cómo que una semana? ¿Sin una sola salida a la vista?
Shiro no respondió.
—¿Y sigues caminando como si todo estuviera bajo control? —añadió, elevando un poco la voz.
Shiro se detuvo, pero no giró.
—¿De verdad crees que alguien puede estar bajo control en una situación así?
Silencio.
Lyra apretó los puños.
—¡Dímelo! ¿Crees que vamos a salir o no?
Shiro bajó la cabeza un poco. Su voz fue baja, pero firme:
—No lo sé.
Lyra dio un paso hacia él, frustrada.
—¡No lo sabes! ¡Eres tú quien debería guiarnos! ¡El fuerte! ¡El que siente trampas y sabe contar el tiempo! ¡Pero no sabes si saldremos!
—¡No soy adivino! —replicó Shiro, girando por fin.
—¡No eres guía tampoco!
El aire se tensó.
Los ecos de la discusión retumbaban en las paredes.
Lyra alzó la voz, con rabia contenida:
—Nuestras provisiones se están acabando. Solo nos queda agua para un día, ¿lo sabías? ¿O eso tampoco lo calculaste con tu instinto?
—¡Tú eres la que se supone que debería saber sobre ruinas! —gritó Shiro, con un tono que muy pocas veces usaba.
Su voz rebotó como un golpe seco.
Silencio.
Solo el sonido de la respiración de ambos.
Lyra lo miró, dolida.
—Es mi primera vez en una ruina como esta —dijo con los dientes apretados—. Nunca me había perdido en una ruina antes.
—Nunca pensé existiera un lugar que me aterrara tanto.
Shiro respiraba hondo, aún mirando hacia ella, pero no respondió.
—¿Sabes qué? —añadió, bajando el tono con frialdad—. Quizá estaría mejor sola.
Sin decir más, se giró y tomó el pasillo de la izquierda.
Sus pasos se alejaron sin dudar.
Shiro permaneció inmóvil por un momento.
La fogata de la noche anterior aún ardía en su mente.
La trampa. La caída.
El “gracias”.
Ahora solo quedaba el eco de la separación.
Y el susurro, silencioso, de que tal vez… sí morirían ahí.
Trago saliva y pensó que era la primera vez que quería volver a hablar con alguien.
《Su muriera solo tendría un arrepentimiento. Ya no poder escribir otra carta》