Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
NovelToon tiene autorización de milva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 6
Por encima de todos
Leonardo Santamaría sonrió para sí mismo.
Esto no era nada nuevo. Era un juego que dominaba a la perfección. Mientras hablaba de anatomía y procedimientos quirúrgicos, debajo del escritorio alguien se entretenía con él. ¿Inapropiado? Tal vez. ¿Peligroso? Un poco. ¿Interesante? Siempre.
El poder de controlar cada situación, de jugar con los límites sin que nadie se diera cuenta, era algo que lo divertía.
Pero entonces lo sintió.
Una mirada clavada en él con demasiada intensidad.
Isabela Moreno.
No se molestó en apartar la vista de la clase de inmediato. Primero, terminó su frase con calma, asegurándose de que su voz no traicionara ni un ápice de placer. Luego, con la misma arrogancia con la que vivía su vida, levantó la vista hasta encontrarla.
Ahí estaba ella, en la tercera fila, rígida, con los labios apretados y los ojos encendidos con algo que casi le sacó una carcajada.
Indignación.
Leo la miró directo a los ojos, sin prisa. Sin culpa.
¿Acaso pensaba que lo iba a avergonzar con su expresión severa? ¿Que su moralidad barata lo haría sentir expuesto?
Pobrecita.
Si había aprendido algo en su vida, era que las reglas eran solo para la gente común. Para los que se esforzaban en caerle bien al mundo. Para los que vivían esperando que los demás les dieran permiso para existir.
Él no era uno de ellos.
Él hacía lo que quería.
Y si Isabela Moreno creía que con una mirada fulminante iba a hacerle bajar la cabeza, iba a llevarse una gran decepción.
Se apoyó en el escritorio con toda la tranquilidad del mundo, sin romper el contacto visual con ella. En su rostro se dibujó una sonrisa apenas perceptible, casi burlona.
Sabes lo que está pasando, ¿verdad?
Esa fue la pregunta silenciosa que le lanzó con la mirada.
¿Y qué vas a hacer al respecto?
Porque, al final del día, Leonardo Santamaría siempre ganaba.
Isabela Moreno tenía claro su objetivo: graduarse y largarse de ese lugar.
Lo que pasó aquel día en la clase con Santamaría fue asqueroso, repugnante, y dejó en claro algo que ella ya sospechaba: él era un hombre sin escrúpulos, podrido por dentro, acostumbrado a hacer lo que le daba la gana sin que nadie lo detuviera.
Pero a ella no le importaba. No iba a perder el tiempo escandalizándose o haciendo algún tipo de denuncia que terminaría en nada. Sabía cómo funcionaban las cosas. Con dinero y poder, los hombres como él siempre salían impunes.
Así que decidió ignorarlo.
No lo miraba, no reaccionaba a sus comentarios en clase, no se dejaba intimidar por su presencia. Él era solo un obstáculo más en su camino, y ella lo iba a superar como cualquier otro.
Los exámenes parciales llegaron y, con ellos, la presión de mantenerse enfocada. No había espacio para distracciones.
Cada vez que lo veía en los pasillos o en la cafetería rodeado de su séquito de admiradoras, simplemente apretaba los labios y seguía adelante.
Él no existía.
Él no significaba nada.
Isabela solo tenía un objetivo: pasar el año y graduarse. Nada ni nadie iba a interponerse en su camino.
Isabela estaba segura de que había hecho todo bien. Había estudiado, se había preparado a conciencia, y sus respuestas en el examen fueron precisas. Cuando entregaron los resultados parciales, ella no dudó ni un segundo en que todo iría como esperaba.
Pero al llamar su nombre para que retirara su calificación, algo en su estómago se revolvió. Su mente comenzó a sospechar, aunque se obligó a ignorarlo.
Se acercó al escritorio, y el profesor Santamaría, con su típico aire arrogante, le entregó el papel.
"Cinco puntos menos."
El peso de esas palabras cayó sobre ella como un golpe de martillo.
Cinco puntos. Era justo lo que necesitaba para aprobar, lo que le aseguraba graduarse sin problemas. Pero ahí estaba, el número, tan cruelmente claro en su hoja: cinco puntos menos.
Isabela miró la calificación y luego levantó la vista hacia Leo, que la observaba de manera casi impasible, como si estuviera esperando alguna reacción. Pero lo que vio en su mirada fue más que suficientente para confirmar lo que ya sospechaba.
El juego sucio.
"¿Qué pasó, profesor?" su voz salió más firme de lo que se sentía, pero internamente, algo ardía.
Leo simplemente la miró, una sonrisa de suficiencia cruzando sus labios. "Supongo que cometiste un par de errores en tu examen, Isabela. No te preocupes, todos cometen errores."
La falsedad en su tono la hizo hervir.
No podía creerlo.
Ella había hecho todo bien, había estudiado, se había esforzado más que muchos, y él, con su poder y su influencia, le estaba quitando la oportunidad de graduarse.
No iba a dejarlo pasar.
"¿Cinco puntos menos? ¿Eso es todo lo que vas a decirme?" La ira creció en su pecho, pero se contuvo, no podía dejar que él viera el impacto real de esa calificación. No sería esa la forma en que él ganaría.
Leo la observó por un momento, como si disfrutara del poder que tenía sobre ella. "Te sugiero que te tomes esto como una lección, Isabela. No todo es tan fácil como parece."
Isabela apretó los puños. Sabía que estaba jugando con fuego, pero ella también sabía algo que él no. Ella no iba a dejarlo ganar.
No con esos cinco puntos.
Estimada escritora, ojo con los cambios de nombres y apellidos.