Séptimo libro de la saga colores.
Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.
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4. Un desastre en plena misión
...MAUDE:...
Odiaba tener que pisar un club de semejante calaña, el guardia no puso objeción cuando le dije que venía de parte de Roquer.
Me llevó a la parte trasera donde estaban las habitaciones y vestidores.
— Hoy no se encuentra el dueño del club — Dijo, mientras se quedaba en el umbral de la puerta de ese asqueroso vestido — Así que no habrá problemas siempre y cuando te comportes como una cortesana, ni se te ocurra robar nada a los clientes.
Lo observé de forma despectiva — ¿Y a ti si te puedo robar? — Le enseñé el saco con monedas que colgaba de mi mano.
Se sobresaltó y palpó sus bolsillos — ¡Devuelve eso, no me apetece lidiar con una mujercita como tú, puedo echarte de aquí, así que no juegues conmigo, maldita sea! — Avanzó para tomarla, esquivé y enfureció, pero decidí dejarla caer para que la atajara.
— De todas formas solo eran unas pocas piezas de cobre, deberías exigir mejor pago y dejar de ser tan lame suelas — Critiqué, sonriendo con suficiencia.
— Espero que sigas igual de confiada cuando tengas que ponerte esa prenda — Señaló un maniquí que estaba detrás de mí y lo observé.
Me estremecí.
Solo eran dos piezas indecorosas, la falda era larga pero estaba cortada para que se vieran las piernas hasta los muslos, el camisón, si podía llamarse así, era una pieza corta que solo alcanzaba a cubrir los senos.
— ¿Eso es una ropa interior?
— No, es un traje, hoy se hará una temática al estilo de Hilaria, suelen usarse en celebraciones de esa isla. Ahí no hay tantos prejuicios en mostrar la piel.
— ¡Me niego a usar semejante cosa! — Gruñí, indignada, jamás estaría tan expuesta ante esos buitres disfrazados.
— ¡No estás en posición de exigir nada, con esos trapos de hombre fracasarás en llamar la atención del duque! — Señaló mis pantalones y mi chaleco — ¡prepárate porque le encantan los bailes, así que espero que sepas mover esas caderas y estés listas en cinco minutos!
Se marchó y cerró la puerta.
Odiaba que me dieran órdenes.
Mi hermano tendría que darme más por hacer semejante espectáculo, él debería estar aquí usando esos harapos. Me iba a descobrar semejante humillación, afortunadamente, no era una mujer indefensa, pero de todas formas no podía evitar sentirme desprotegida ante la idea de bailar semi desnuda ante un montón de nobles asquerosos.
Solté un gruñido y empecé a quitarme la ropa, guardando una pequeña daga entre mis pechos, solo por si a alguno se le ocurría sobrepasarse más de la cuenta.
Tomé el traje exhibicionista y empecé a vestirme frente al espejo.
Necesitaba hallar algo con que cubrirme el rostro, si algo salía mal, mi identidad no podría verse afectada.
Registré los cajones de la cómoda después de ponerme los trapos, me sentía desnuda y con frío.
Encontré una máscara que combinada a la perfección con mi atuendo, me cubría la parte de los ojos, así que con eso podía bastar.
Dejé mi cabello suelto, aunque era un poco rebelde no me quedaba más remedio, así podría cubrir mejor mi espalda.
Como si pudiera desviar la atención de esa forma.
No había zapatos en ese vestidor, así que tuve que quedarme descalza.
Salí al pasillo, las cortesanas reían, yendo de un lado a otro con trajes similares.
— ¡Ven, ven conmigo, primero debemos dar una función privada antes de ir al salón! — Dijo una de ellas, intenté zafarme, tal vez en esa función estaba en duque, así que no protesté más — ¿Eres la nueva verdad?
Ni muerta volvería a pisar este sitio.
— Si...
Tres más nos siguieron y entramos a otra habitación.
Había un sujeto detestable sobre una cama, con solo una bata puesta, era un anciano y me dió asco de solo imaginar lo que vendría.
— ¡Oh, las hermosas damas al fin están aquí! — Dijo, sonriente — ¡Pónganse en fila, quiero verlas bien!
Quería golpearlo, darle un merecido.
Se suponía que era una cortesana, así que esto era normal, ninguna de las mujeres presentes se veían incómodas.
Todos se colocaron en fila, a la fuerza tuve que colocarme de última para ser inspeccionada por el viejo verde.
El sujeto evaluó a cada una, paseando sus ojos lujurioso por los cuerpos y rostro.
Al llegar a mí, se lamió los labios y me evaluó por más tiempo. Si este cerdo era el duque entonces mataría a mi hermano por hacerme pasar por semejante situación tan bochornasa y desagradable.
— Me gustaría que la de piel oscura me complaciera esta noche, no la había visto antes, pero es tan preciosa, con un cuerpo tan sensual y esa máscara me invita a descubrir sus rasgos — Dijo, las otras hicieron una reverencia y se marcharon.
Quise salir por la puerta.
Me tensé.
El viejo empezó a desatarse la bata.
— Nunca te he visto ¿Eres nueva?
— Así es — Mi voz estaba llena de desagrado.
— Acércate no seas tímida, quiero que me muestres lo que sabes hacer — Se desnudó y sentí más náuseas cuando se agarró el miembro — Empieza por complacerlo con tu boca.
— Su Excelencia ¿No le apetece un vino primero? — Me aproximé a una vitrina.
— No... Ya estoy más que dispuesto — Dijo, levantándose y aproximándose completamente desnudo — No entiendo porque me llamas su excelencia, si es parte de un juego erótico me parece muy exquisito.
Fruncí el ceño.
— ¿No es usted el Duque Jones?
— No, soy un Barón, pero te aseguro que soy mejor que el duque — Elevó una mano para tocar mis rizos, intentó alcanzar mi escote.
Elevé una rodilla, le dí en las nueces.
Cayó arrodillado, mientras se retorcía por el dolor, observandome con rojos enrojecidos por la furia.
Elevé mi puño y lo golpeé en la mandíbula.
Cayó inconsciente.
Salí de la habitación y caminé por el pasillo.
— ¿Ya terminaste con el cliente? — Preguntó una cortesana.
— Sí, ya terminé.
— ¿Tan rápido?
Solté una risa — !No duró ni un minuto el pobre, no deberían molestarlo, quedó rendido después de mis atenciones! — Hablé a voz alta para que todas escucharan.
Todas se rieron.
Un sirviente apareció — ¡Los clientes ya están en el salón, prepárense para salir!
Debía estar atenta.
Mi hermano no me dió ninguna descripción sobre el duque, él tampoco lo había visto en persona, así que dependía de mí averiguar discretamente quien de esos hombres era el mentado duque.
Resoplé y la música empezó más allá del pasillo.
Los músicos tocaban con tambores y panderetas, un ritmo diferente, posiblemente también era de Hilaria.
Avanzamos cuando el sirviente lo ordenó.
El salón estaba lleno de mesas y sillones, los nobles bebían y jugaban a las cartas.
Necesitaba llamar atención, así que empecé a bailar, sintiendo las miradas de muchos, atenta a los sonidos y a mi alrededor.
— ¡El duque Jones invita! — Gritó un joven noble, avanzando hacia las cortesanas al mismo tiempo que palmeaba un hombro.
Observé hacia el hombre parado a unos metros.
Me tensé.
¿Ese era el duque?
No parecía muy inaccesible cuando vacíe sus bolsillos.
El mismo hombre que robé en el carruaje estaba a pocos metros, observandome, no dejé de bailar mientras intentaba aproximarme.
Sus ojos plateados me detallaron, llevaba un traje oscuro con pañuelo y camisa blanca, su cabello dorado estaba muy bien peinado.
Era alto y atlético.
Esperaba que no me reconociera.
No había peligro de ser descubierta, me faltaban prendas, la ladrona solo tenía los ojos al descubierto.
Estaba intentando alejarse a pesar de su curiosidad, pero lo rodeé.
Se tensó cuando rocé mis manos por su pecho.
Sentí un cosquilleo.
Bajó su mirada para encajarla en mi rostro.
¿Por qué tanta curiosidad?
Sus labios eran semi gruesos, tenía una barba recortada, las pestañas doradas que adornaban sus ojos, eran rizadas y largas.
Era un hombre hermoso y estaba sonrojado.
Le gustaba mi baile y mi atrevimiento. Seguramente sería sencillo.
Por dentro quería resolver todo con los golpes, pero no era parte del plan. No me agradaba ser vista como un trozo de carne y menos que esos depravados se sintieran con el derecho de tocarme.
Me giré, sacudiendo mis caderas muy cerca de su cuerpo.
Noté las miradas de envidia y lujuria en los demás nobles que apreciaban el show.
Cerdos todos.
Me pegué a él y me tensé cuando mi trasero dió contra su entrepierna, sentí algo duro.
A pesar de eso no hizo ningún movimiento.
Volví a girarme y rodeé su cuello.
— Deberíamos ir a un sitio más privado — Susurré contra su oído, notando su respiración costosa.
— Lo siento, no busco servicio — Dijo contra mi oído, su aliento me provocó otro cosquilleo.
Se alejó y la música terminó.
Los hombres se iban a aproximar pero seguí al duque hacia la mesa donde estaba otro estirado mayor.
— Espere — Me atravesé — Le he gustado, no debería rechazarme así — Forcé una sonrisa y observó mis labios, estaba muy tenso.
Apretó la mandíbula y parpadeó.
— Tengo asuntos que atender, lo siento.
Se alejó hacia la mesa, saludando con una reverencia al otro hombre.
— Descuida, hermosa criatura, las atenciones que otros te niegan yo te las daré — Dijo otro sujeto, no estaba solo, había varios rondando.
Hablaban a la vez y peleaban entre sí.
Esquivé sus atenciones y me aproximé a la mesa, tomándome el atrevimiento de servir el vino.
El hombre plantó sus ojos plateados en mí.
— Con gusto les serviré a los caballeros.
— Cortesana, por favor, déjenos a solas, queremos tratar un asunto con privacidad — Gruñó el vejete, con expresión dura.
— Dama, no se preocupe, no es necesario que nos sirva, pero le agradezco mucho— Dijo el duque, tenía una postura firma sobre la silla ¿Estaba fingiendo amabilidad? ¿Qué duque se molestaba en ser amable con una cortesana?
No sabía nada de los nobles, pero las cortesanas solo eran objetos para aliviarse y no merecían tratos cordiales.
— Debería retirarse a servir a otro noble que si esté dispuesto — Gruñó el amargado — Deje de hostigar.
— ¿No le da vergüenza hablar así frente al duque? — Gruñí, harta del infeliz y se sobresaltó, completamente indignado.
El duque me evaluó con confusión.
Me retiré de la mesa.
Debía buscar otra forma de acercarme, aprovechando que los demás nobles estaban ocupados con las otras cortesanas.
La mayoría ya se habían retirado a las habitaciones.
Intenté salir del salón, pero uno de los sirvientes no me dejó.
— No puedes retirarte, debes servir.
— Nadie pidió mis servicios — Gruñí, harta de ese lugar ¿Cómo se le ocurría a mi hermano que de esta forma podría acercarme a un duque?
— Espera a que te soliciten.
Los hombres en la mesa discutían de forma seria, como si estuviesen lidiando con algo delicado, el anciano arrugaba el ceño mientras escuchaba al duque.
— ¿El duque va a tardar en su reunión? — Pregunté al sirviente.
— No lo sé, pero ese joven parece estar poniéndolo de mal humor — Dijo el sirviente y fruncí el ceño.
— ¿Joven? Pero si es un anciano.
— Debes estar loca, el duque Jones es el hombre mayor.
Casi me doy un golpe en el rostro.
Todo este tiempo había estado confundiendo al hombre del carruaje con el duque.
¿Ahora como iba aproximarme después de insultar?
Ver a ese anciano no me motivaba tanto como el joven.
El plan estaba yendo de porquería.
Al parecer mi destino era seguir siendo una ladrona de baratijas y piezas de cobre.
El Duque Jones se levantó de forma abrupta.
— ¡Damas y caballeros, quiero anunciarles el compromiso entre mi hija, Julle Jones y Lord Leandro Mercier! — Gritó, elevando su copa y los demás nobles aplaudieron, empezaron a brindar.
El tal lord Leandro no parecía contento, estaba indignado e intentó levantarse para hablar, el duque se le aproximó y le susurró algo al oído, después se marchó del club.
Ese hombre fue rodeado por los caballeros.
No podía perseguir al duque a las afueras del club.
¿Ahora qué iba a hacer?
Sopesé mis opciones.
El lord al fin pudo librarse de la multitud, parecía alterado, con la mandíbula muy apretada y el ceño fruncido.
Si ese hombre se iba a comprometer con la hija del duque, eso significaba que era parte de su círculo social.
El noble sería mi puente hacia el duque.
Debía alcanzarlo antes de que se marchara.
Caminé hacia él, bebió el vino de su copa de un trago.
— Mi lord, no debería beber con tal afán, podría embriagarse rápidamente — Dije y giró su rostro hacia mí.
— No es de su incumbencia — Cortó, dejando la copa sobre la mesa para marcharse.
Ya veía hasta donde llegaba su amabilidad, solo quería quedar bien con su suegro.
— ¡Se que no lo es, solo intentaba ser cordial, pero seguramente para usted una cortesana no merece un gramo de respeto!
Se pellizcó el puente de la nariz y me observó.
— Lo siento, no he tenido un buen día.
— Un compromiso matrimonial debería ser motivo de alegría.
Abrió su boca, luego la cerró, suspiró y empezó a alejarse.
Necesitaba encontrar una forma de volver a verlo.