Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Después de la ceremonia, se dio por finalizado el primer día de competencias.
Ema salió del baño y se dirigió hacia el exterior; los chicos la esperaban en la playa.
«No irás a buscarlo»
«Bell, sabes que quiero terminar esto, pero después iré a hablar con él. Además, ni siquiera sabemos si nos agrade… Es Rey, después de todo; no te emociones de más»
Caminaba por el sendero de pinos cuando sintió el aroma de Adrián detrás de ella.
–¡Carajo! —murmuró entre dientes, se dio vuelta y lo vio recostado en uno de los árboles, sumido en la oscuridad. Sus ojos color sol sí que eran llamativos.
–Gran actuación la de hoy, alfa… —dijo con su voz gruesa.
–Gracias… Rey —respondió seria.
Adrián sonrió y se acercó a ella; Ema no bajó la cabeza ante su imponente aura de poder.
–Qué intrigante… Mi presencia ni siquiera te afecta —sonrió, quedando frente a frente.
–¿Le molesta? —preguntó.
–Un poco… —caminó alrededor suya. Ema se tensó, poniéndose alerta—. ¿Crees que te haré algo?
–No sé… ¿Lo hará? —levantó una ceja, mirándolo a los ojos.
–Siempre respondes con otra pregunta —se acercó aún más. Ema sintió cómo su cuerpo se estremecía.
Ema sonrió ladina:
–¿Necesita algo, Rey? —inquirió.
–Sí… ¿Por qué rechazas el vínculo? Sabes lo que puede sucederte… —fijó su mirada en su rostro, estudiando cada detalle.
–Lo sé muy bien… Pero no vine para eso; vine a competir… Y está siendo un poco molesto su constante aumento de poder, Rey —apretó los dientes aguantando la fuerza del lazo, que era como un imán empujándola hacia él.
–Ya veo… Muchas mujeres darían cualquier cosa por estar en tu situación —comentó burlón.
Ema rió:
–Entonces no me equivoqué al evitarlo. Después de todo, debe tener a otras a su disposición —dijo filosa, volteando para marcharse.
Adrián la agarró del brazo:
–¿Entonces me rechazas? —susurró en su oído. Ema sintió que su piel se erizaba y lo miró fijamente.
–Créame… Sería un problema menos para mí… Pero mi loba está empecinada en conocer al suyo —sostuvo su mirada.
Era como si estuvieran peleando en silencio, una batalla llena de sentimientos encontrados.
Adrián inhaló su dulce aroma y solo sonrió:
–Nos entenderemos bien, alfa… Espero que la próxima vez respondas a mis preguntas —dijo soltando su agarre y desapareciendo entre las sombras.
Ema soltó el aire que retenía; su cuerpo estaba en una lucha constante entre hormonas y emociones contradictorias.
«Su lobo también nos acepta»
«Genial, esto nunca terminará»
Suspiró hondo y continuó su camino hasta llegar a la playa.
–Ema… ¿Cómo estás? —Megan se acercó preocupada.
–Ahora mejor… ¿Y mi padre?
–Está en el bar; se hizo muy amigo de las madres de los alfas —rió Megan.
–Espero que no hable de su obsesión por los osos —dijo burlona.
Los chicos la saludaron; una gran fogata iluminaba el lugar. Todos comieron y tomaron agua, ya que el alcohol solo se serviría al final del evento.
–Por Ema, nuestra alfa que nos dio la victoria —dijo Lucas levantando su vaso.
Ema reía mientras todos alzaban sus bebidas y gritaban «¡Salud!».
Samanta estaba en un rincón mordiéndose las uñas; no podía soportar ver cómo la adulaban. Se deslizó hasta la habitación de Ema y la abrió a la fuerza. Sacó unas tijeras y cortó su uniforme por completo, junto con el brazalete, arrojando la ropa a la basura de la cocina. Salió rápidamente antes de que alguien la viera.
«Veremos si puedes hacer algo sin tu traje, alfa»
Los trajes para los licántropos están confeccionados especialmente para resistir la transformación, y el brazalete es fundamental para mantenerlos fijados a la piel; sin él, el conjunto no sirve.
Ema se durmió junto a Megan esa noche. Cuando sonó la alarma, fue a su habitación y notó que la puerta estaba desbaratada.
–No… No… —murmuró revolviendo su equipaje.
Megan salió del baño al escucharla:
–¿Qué pasa?
–¡Mi traje y mi brazalete no están! —gruñó furiosa.
–¿Chicas, están listas?… ¿Qué ocurre? —preguntó Lucas, quien venía con Silvia.
–Alguien entró a mi habitación y se los llevó; la puerta estaba forzada —suspiró Ema.
Los demás chicos llegaron enseguida: la próxima competición estaba a punto de comenzar.
–Debes hablar con el Rey o con el departamento de control; ellos se encargan de los trajes —dijo Lucas.
–Me lleva la… —apretó los dientes, suspiró y se dirigió directamente a la oficina de control. Faltaban media hora para el inicio.
...
Lucas la acompañó; Patrick los atendió y se quedó boquiabierto al verla.
–Disculpe la molestia, pero necesito un traje nuevo y un brazalete —dijo Ema.
–¿Qué sucedió? —preguntó Patrick.
–Alguien irrumpió en mi habitación y se los llevó —explicó Lucas en tono serio—. Me gustaría saber si la seguridad hace su trabajo o solo viene a contemplar los eventos.
Patrick lo miró, frunciendo el ceño:
–Lamento lo ocurrido. Enseguida le traigo un reemplazo, alfa Ema. Si pueden esperarme un momento…
Lucas y Ema entraron:
–Tomen asiento; volveré rápido —ambos asintieron.
–Controlate, Lucas… Yo también estoy furiosa, pero no puedes enfrentarte a la seguridad del Rey —hizo una mueca.
–Lo sé… Pero ¿quién pudo hacer algo así? —decía enojado, y la imagen de Samanta vino a su mente— «Tendré que averiguar si fue ella».
Adrián salía de su despacho cuando sintió el aroma de Ema; la vio sentada, pero su expresión cambió al ver a Lucas junto a ella. Patrick cruzaba con el nuevo traje y Adrián lo detuvo.
–¿Qué haces aquí? —preguntó.
Patrick le contó lo sucedido y Adrián frunció el ceño.
–Dile que te muestre su habitación y busca algún rastro olfativo —ordenó.
Ema sintió la presencia de Adrián y no pudo evitar mirarlo. Lucas la siguió con la mirada y vio al Rey, quien le dirigió una mirada claramente celosa.
–Alfa, disculpe la demora… —le entregó el traje—. ¿Podría acompañarme? Quisiera ver si encuentro alguna pista… —sugirió Patrick.
–Claro que sí…
Patrick los siguió hasta la habitación de Ema y comenzó a olfatear el ambiente. Su olfato era extremadamente sensible y con solo una pista podía rastrear cualquier cosa; no por nada era el Gama del Rey, con un sentido del olfato muy desarrollado.
–Le prometo que encontraremos al responsable y le pediré disculpas por lo sucedido. Entiendo su enojo —dijo reverenciando antes de retirarse.
Camino lentamente siguiendo el rastro olfativo, bajó el pasillo y llegó hasta la cocina, donde encontró el traje de Ema cortado en mil pedazos y el brazalete roto. Los metió en una bolsa negra y continuó siguiendo el aroma que quedaba en la tela.
Samanta salía de su habitación cuando se topó con él.
«Ella es» —dijo su lobo en su mente, sintiendo el mismo aroma leve que había en la ropa.
–Disculpe… —dijo Samanta intentando pasar de largo. Patrick sonrió al verla irse.
«Parece que la alfa Ema tiene una enemiga muy poco astuta»
Patrick se dirigió a la oficina de control mientras revisaba la información de Samanta; algo le llamó la atención.
–La encontré —dijo mostrando la ropa rota y los datos de la culpable.
–¿La hija de Richar? —levantó la ceja Adrián.
–Sí… Y parece que su padre está relacionado con Luis; son muy amigos, por lo que se ve en las fotos —le mostró una imagen donde ambos aparecían juntos.
Adrián sonrió: habían encontrado lo que buscaban. Sin necesidad de hacer movimientos precipitados.
–Parece que tendré que hablar con la querida alfa después de todo —suspiró—. ¿Logró llegar a tiempo?
–Sí… Ahora solo usted debe presentarse —dijo señalando el reloj.
Adrián salió rápidamente con Patrick para dar inicio a la competición.
...
Ema se vistió y se dirigió directamente con los chicos; por suerte, aún no había comenzado.
–Ema… ¿No te parece que es un poco ajustado? —le señaló el cierre que no llegaba a cerrarse por completo en el pecho.
–Sí… Y si lo cierro, se abre solo —le mostró.
Optó por quitarse la campera y quedó con la remera interior, lo que hacía resaltar aún más su figura.
Samanta llegaba con una sonrisa de oreja a oreja cuando vio a Ema con otro traje.
–¿Qué? —dijo Lucas al ver cómo la miraba.
–Yo solo pasaba a ver qué hacían —dijo nerviosa. Lucas levantó la ceja, dudoso.
–Bueno… Eh, adiós —dijo sonriendo con esfuerzo.
–Eso fue extraño —comentó Lorenzo.
La próxima competición era pelea de espadas. Cada grupo lucharía contra el contrincante elegido mediante sorteo: Prado Dorado pelearía con los Gama; Sangre y Sombras, con los alfas de Prado Dorado; y el grupo de Ema, con la manada de Lucas.
En esta ocasión, quien perdiera sería eliminado de la siguiente ronda, sin importar si era del mismo grupo. Aquí no existían amistades: comenzaba la verdadera batalla. Las peleas se decidirían por los líderes de cada equipo.
Ema decidió pelear de última; quería estudiar bien los movimientos de los demás. Lucas era el mejor en este tipo de combate.
–Esto es emocionante, ¿no cree, alfa Lucas? —dijo Samanta, quien pertenecía a su grupo.
–Sí… Trata de ganar esta vez —respondió cortante, esperando el inicio.
Adrián dio la señal de arranque y se sentó a observar qué haría su querida alfa.
Sonó la trompeta y comenzó la lucha. Ema miraba atenta; seguro que le tocaría enfrentarse a Lucas.
Lucas la miró desde lejos con una sonrisa pícara. Ema sabía que se estaba haciendo el fanfarrón y rodó los ojos, pero sintió un escalofrío en la espalda.
«El está celoso»
Ema miró a Adrián, quien tenía una expresión seria como si fuera de piedra, pero la evitó rápidamente.
«Lo que me faltaba… Bell, sabes que no puedo desconcentrarme. Cuando luchemos, trata de bloquear el vínculo»
«Sí, Ema… Lo sé»
Ema sintió que Bell estaba un poco enojada, así que solo suspiró y volvió a fijarse en la pelea.
Samanta fue a buscar agua cuando escuchó a un miembro del grupo de Ema:
–Sí, ella irá de última. Seguro peleará con Lucas; será interesante.
Volvió a su puesto:
–Quisiera ir de última, alfa —dijo.
–¿Por qué este cambio de planes…? —dudó su líder.
–Quiero seguir observando y estar completamente lista —sonrió.
–Bien…
Samanta sonrió victoriosa. Después de unas horas, solo quedaban diez jóvenes de distintas manadas. Ema se preparó y vio que Samanta subía a la arena: Lucas notó que esta pelearía contra Paolo.
–Ema… Qué gusto que nos enfrentemos como antes —sonrió Samanta.
–Sí… Como en los viejos tiempos, Samanta.
–Espero que no creas que te dejaré ganar como antes…
–Me alegra escucharlo… Porque yo no pienso perder —la miró firme. Samanta se colocó en posición, esperando el inicio.
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