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Tu infidelidad, tu ruina

Tu infidelidad, tu ruina

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:97.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

Andrea Montalvo dedicó veinte años de su vida a construir un imperio empresarial junto a su esposo, Rodrigo Villareal. Renunció a su sueño de ser madre para sostener la empresa que los sacó de la nada y los convirtió en una de las parejas más poderosas del mundo de los negocios. Creía que su sacrificio era la prueba más grande de amor.

Hasta que una serie de fotos anónimas le reveló la verdad: Rodrigo llevaba cinco años manteniendo una relación con una mujer más joven, Sofía, con quien ya tenía un hijo y otro en camino.

Otra mujer habría llorado, suplicado o exigido el divorcio. Andrea, no. Andrea decidió destruir.

Con la frialdad de quien lleva dos décadas tomando decisiones multimillonarias, diseñó un plan implacable: si no podía quedarse con la empresa que ella misma levantó —porque la ley obligaba a repartir los bienes gananciales—, entonces se aseguraría de que no quedara nada que repartir. Provocó la quiebra total del Grupo RA, redujo a cenizas el patrimonio que Rodrigo planeaba disfrutar con su amante, y salió caminando sobre los escombros sin voltear atrás.

Pero la venganza fue solo el comienzo.

Mientras Rodrigo se hunde en una espiral de miseria, alcoholismo y violencia, Andrea descubre que su pasado esconde un secreto mucho más grande que cualquier traición conyugal: la verdad sobre sus orígenes, una familia biológica que la creyó muerta durante cuarenta y cinco años, y un hombre que la ha amado en silencio desde que eran niños.

Entre la justicia y la compasión, entre el rencor y la posibilidad de volver a amar, Andrea deberá decidir qué clase de mujer quiere ser cuando los escombros se asienten.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

27

Finalmente, la semana tan esperada llegó.

Hoy se decidía la licitación del megaproyecto de infraestructura de Don Purnama. Desde el amanecer, Rodrigo se había levantado con un ánimo arrollador. Su rostro, que durante las últimas semanas lucía pálido y demacrado, había recuperado la seguridad de antaño.

Hoy era el punto de inflexión. Después de tantas dificultades y presiones, por fin vislumbraba un rayo de esperanza.

Durante años, Don Purnama siempre le había adjudicado los proyectos grandes a él. Así que Rodrigo estaba convencido de que esta vez no sería diferente.

Con la inversión multimillonaria de Don Purnama, la empresa resucitaría más fuerte que nunca.

—¡Darío! ¡Prepara el auto! ¡Nos vamos ahora! —ordenó mientras se ajustaba el saco caro que llevaba puesto, asegurándose de que cada detalle estuviera impecable. Gallardo y con porte de ganador.

De pronto recordó algo. Se giró hacia Rosario, la asistente que era ferozmente leal a Andrea pero que ahora operaba bajo sus órdenes. Al menos eso creía él.

—¡Rosario! —la llamó con firmeza.

—Dígame, señor.

—Comunícate con Andrea. Dile que la invito a venir conmigo a la oficina de Don Purnama para presenciar la adjudicación de la licitación —ordenó con tono altanero.

Rosario vaciló un instante, pero luego asintió con obediencia.

—Sí, señor.

A su lado, Darío, que sostenía una carpeta de documentos, preguntó en voz baja:

—Disculpe, señor... hace bastante tiempo que la señora Andrea ni siquiera acepta venir a la empresa. ¿Cree que aceptará la invitación?

Rodrigo sonrió de lado, rebosante de soberbia. Las manos en los bolsillos, la barbilla en alto.

—Tiene que venir —sentenció con énfasis—. Quiero que esa mujer vea con sus propios ojos que, incluso sin su ayuda, seguimos de pie.

Espera nada más, Andrea. Hoy te vas a arrepentir de haberme abandonado. Vas a ver lo capaz que es tu marido cuando se trata de ganar un proyecto grande. Una risa silenciosa le burbujeó por dentro.

—¿La propuesta que vamos a presentar ya está lista? —verificó.

—Sí, señor.

*

En otro punto de la ciudad, Andrea se arreglaba frente al tocador. Tras decidir comprarse un departamento en lugar de seguir viviendo en el hotel, la mujer lucía elegante y con una confianza que nada tenía que ver con la Andrea agotada y oprimida de antes.

El celular rompió el silencio. En la pantalla apareció el nombre de Rosario.

Contestó con calma.

—Dime, Rosario.

—Buenas tardes, señora —la voz de Rosario llegó desde el otro lado—. Tal como usted lo anticipó, el señor Rodrigo me pidió que la contactara. Quiere que lo acompañe a la licitación en la empresa de Don Purnama.

Al oírlo, Andrea soltó una risita divertida. Hombre soberbio..., pensó. ¿De verdad cree que va a volver hoy a casa con un contrato millonario en la mano? Qué ingenuo eres, Rodrigo.

Si piensas que todos estos años Don Purnama le entregaba las licitaciones a nuestra empresa porque te admiraba a ti... veamos juntos lo que pasa hoy para que abras los ojos de una vez.

—Entendido, Rosario —respondió Andrea con tranquilidad—. Dile a Rodrigo que iré directo al lugar de la licitación.

—Sí, señora. Se lo comunico —dijo Rosario antes de colgar.

En cuanto cortó la llamada, Rosario fue a reportarle a Rodrigo, que seguía esperando en su oficina.

—¿Y? ¿Qué dijo? —preguntó, impaciente.

—Sí, señor. La señora Andrea accedió a ir. Pero... dice que irá directamente a la oficina de Don Purnama, sin pasar por aquí —informó Rosario con cautela.

La cara de Rodrigo se enrojeció de irritación. Chasqueó la lengua con fuerza.

—¡Vieja presumida! —escupió, furioso—. ¿Se cree la gran cosa? ¡Haciéndose la difícil! ¡Ya verá cuando me ruegue que la deje volver a casa: la voy a hacer arrodillarse primero!

Rosario levantó la cabeza de golpe al escucharlo. No va a ser ella la que se arrodille. Vas a ser tú, tarde o temprano, le dijo en silencio.

Rodrigo se puso de pie con los puños apretados y la mandíbula tensa. Salió de la oficina con la sangre hirviendo.

—¡Ya verá! —gruñó—. Cuando vuelva con un contrato millonario, se va a arrepentir de haberme tratado así. ¡Se va a arrepentir de haberme dejado y de haberme menospreciado!

Darío, que caminaba detrás de él, no se atrevió a decir una palabra. Ambos entraron al elevador en silencio.

*

En la sala de reuniones principal de la empresa de Don Purnama, el ambiente hervía de competencia. Más de veinte representantes de grandes compañías ocupaban los asientos, cada uno con su equipo y gruesos expedientes con propuestas de licitación.

Las miradas se cruzaban como espadas, la respiración contenida, a la espera de saber quién se llevaría el megaproyecto multimillonario.

En medio de aquella tensión, Rodrigo era el único que parecía relajado. Sentado con una pierna cruzada sobre la otra, los brazos sobre el pecho, el rostro demasiado sereno, rayando en la arrogancia.

De reojo miró a un lado, donde Andrea estaba sentada con expresión fría e impenetrable.

Espera y verás, pensó. Sin tu ayuda, le voy a demostrar al mundo que soy capaz de salvar la empresa y devolverle su gloria.

—¿Ves esto, Andrea? —le susurró con petulancia—. Desde siempre, fue Don Purnama el que nos buscaba primero para ofrecernos las licitaciones. Seguramente es porque me considera capaz. Y esta vez va a ser igual.

Sonrió con aires de victoria antes de que la competencia siquiera comenzara.

—¿Ah, sí? —le devolvió Andrea en un susurro al oído.

—Por supuesto —respondió Rodrigo, inflado de confianza.

Andrea acercó su silla hasta quedar pegada a él.

—Entonces, ¿para qué se tomaría Don Purnama la molestia de organizar todo este proceso de licitación? ¿No sería más fácil y más barato asignárnoslo directamente, como siempre?

Rodrigo soltó una risita al escuchar la pregunta y respondió con un tono displicente, cargado de autosuficiencia.

—Eso es pura formalidad, Andrea. Llevas diez años trabajando conmigo en la empresa. ¿Cómo es posible que todavía no entiendas cómo funciona el mundo de los negocios a este nivel? Es solo para aparentar ante la competencia y cumplir con el protocolo de imparcialidad —dijo, quitándole importancia con un ademán.

—Pero al final, la licitación siempre termina en mis manos. Nadie puede quitarme ese lugar.

—Vaya, vaya... —Andrea lo miró como si estuviera impresionada—. Está bien, esperemos a ver el resultado. Te prometo que seré la que más fuerte aplauda y la primera en felicitarte.

Sin que él lo supiera, por dentro Andrea se decía: Voy a aplaudir con todas mis fuerzas... cuando te vea desplomarte.

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Maria Dolly Arenas Arenas
hermosa historia de amor me encanta
Maria Dolly Arenas Arenas
nooooo
Maria Dolly Arenas Arenas
excelente me encanta
Maria Dolly Arenas Arenas
excelente
Gabriela Vargas
Me gusta mucho, pero hubo en algunos momentos se volvía un poco aburrido pero todo lo demás me gusto 💯💯
veritoo❤️
jajajajajaja..m volví loca revisando mi internet..apagando y prendiendo mi móvil y resulta q a todos les pasó lo mismo..un apagón simultáneo jajajajaj..q lastima iba muy bna
Fausta Sagre: deja que se cargue
total 1 replies
Dinorah Morales
excelente novela muchas gracias, tuvo de todo y sobre todo amor aunque nos faltó un poco de pasión ehhh pero quedé encantada, mil gracias 👏👏👏👏👏
maria fernanda ortega ruiz
ahora le toca hundir a la bruja dela suegra 🤣🤣🤣
maria fernanda ortega ruiz
que respeto por ser tu esposa si tú solo la has usado como cajero de banco
maria fernanda ortega ruiz
recoge lo que sembró.... lo tuvo todo y por ser un sinverguenza se quedó sin nada🤣🤣🤣
maria fernanda ortega ruiz
los malditos suegros esto se pone interesante 👏👏
maria fernanda ortega ruiz
que arda troya🤣🤣🤣
Claudia Kassar
No se si reír o llorar 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Claudia Kassar
Le salieron caros esos cuernos 🤣
Claudia Kassar
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Cequea
yo tampoco
Diana Carolina Moran Abad
cada ves me sorprende cada capitulo
Diana Carolina Moran Abad
asu quede asi
Diana Carolina Moran Abad
que fue todo eso
Diana Carolina Moran Abad
que fue todo eso
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