Linda Selleck es una niña que lo tiene todo en cuanto a lo material se trata, pero jamás ha conocido al amor de verdad pues nunca falta el que solo quiere beneficios.
Articus es un tritón que ha perdido a dos de sus hermanas en una masacre de la que fue víctima su pequeña colonia, sobreviviendo solamente él y su hermana menor, la pequeña Zei.
Dos mundos, dos corazones que se hallarán en una noche donde Linda casi pierde la vida a manos de su propia madre.
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Peligro en el mar
Narradora
Mientras en tierra las parejitas gozan de comienzos y contrariedades, en la inmensidad del océano se desata la furia de Poseidón, quien está que se lo lleva quien lo trajo porque sus amados hijos no han querido regresar al mar por andar enamorados de los humanos. Anfitrite trata de calmar sus ánimos pues el mar está siendo sacudido y está sucediendo un desequilibrio natural. Ya algunas embarcaciones han atracado debido a lo impetuoso del océano, otros no fueron tan afortunados como la embarcación del pobre capitán Kimura, quien se encuentra náufrago en alguna parte del Gran Océano como lo llaman los hijos del mar profundo.
El japonés arribó a una playa donde por fortuna habían palmas de cocotero, luego exploraría la isla. Él es un nato explorador quien fue salvo por las aguas porque siempre fue respetuoso de los mares, nunca mientras estaba en él, permitía que alguien lo contaminara, por eso los pececitos y demás hijos de Poseidón, lo cuidaron para que llegara a la isla de Edna, una de las hijas de Poseidón. Los hijos menores de su padre le dijeron del capitán Kimura, le contaron que el pobre marinero naufragó por la ira de su padre.
- Está bien, ayudaré al humano que ustedes tanto quieren, pero deberá irse de la isla cuando el pez de metal del hombre, pase por aquí - advirtió la diosa quien sonreía al escuchar a sus hermanitos parlotear.
Salió del agua por la madrugada cuando el humano dormía, lo admiró en toda su belleza, los rasgos rasgados del marinero eran atractivos en demasía. Ella a tenido varios marinos a lo largo de los milenios, pero este era un humano con esencia. Acarició su larga cabellera y retiró un mechón que no dejaba apreciar la belleza andrógina del hombre.
- Sí que eres hermoso, humano - susurró como la brisa del mar, y Kimura sonrió a través de sus sueños.
Edna hizo caer varios cocos para que por la mañana se encontrara con los frutos, ya lo estaría vigilando por la mañana. Volvió a las aguas y se sumergió, debía encontrar a sus hermanos que se hallan en tierra para ver qué es aquello que los retiene en el mundo humano y es lo que tiene a su padre tan enojado.
Al llegar al reino de su padre, lo vio con su mala cara de siempre, recordó cuando envolvió con engaños a aquel griego que se atrevió a desafiarlo. Su padre es un dios testarudo, como la mayoría.
- Padre - saludo haciendo una pequeña reverencia - ¿a qué se debe tu mal humor? - pregunta con tono irónico.
- ¿A qué has venido Edna? - pregunta malhumorado, como para variar.
- Padre, solo estoy preocupada, allí arriba - señaló con una mano a la superficie - hay un caos, hay humanos desaparecidos, tus hermanos no están muy contentos. Si mis hermanos gustan de estar entre los humanos, ellos ya son adultos, no puede formar caos por algo que puedes conversar con ellos - razonó.
- Es que esos hijos de Apolo mataron a varias de mis hijitas, y los traidores de Articus, Zei y ahora hasta Dédalo está allí, enamorado.
- Padre, el amor es maravilloso, yo jamás lo he conocido - a la memoria de la diosa vino la hermosa cara del marinero de su isla, eso la asustó, aunque no lo demostró.
- ¿Estás abogando por ellos? - su voz sonó como trueno, hasta el más diminuto camarón se ocultó.
- Estoy abogando por la razón y la calma, habla con ellos y mira a ver qué desean. Déjalos vivir el amor, algo que nosotros no conocemos muy bien.
- Está bien, hablaré con esos tres, si ellos logran que esos humanos los amen, los dejaré tranquilos estar entre los dos mundos - prometió - pero deberán ocultar su esencia.
- Estoy segura de que así será.
Edna regresó a su isla y de lejos pudo ver al humano pelarcon piedra y manos los cocos, a los cuales les bebía el agua como si fuese el licor más delicioso.
Esperaba por el bien de todos en el océano, que su padre calmara su ímpetu, pues ya se estaba convirtiendo en un magnánimo problema donde tendrían que intervenir sus tíos. Y eso sí que no era bueno.
La bruja la mato Arhicus, ni tiempo de llevarla a Poseidon como se lo pidio.
Todo lo demás me encanto, cada quien encontró lo suyo.
Felicidades autora.
Desde Guacari-Valle del Cauca-Colombia