Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 21
Isabela Moreno
Tras la explosión, la sala de operaciones quedó en un caos momentáneo. Los enfermeros y otros doctores corrieron hacia ellos para asegurarse de que estuvieran bien. Isa se levantó lentamente, aún un poco aturdida, y vio cómo todos se apresuraban a ayudar. Pero Owen se incorporó con brusquedad, apartándose de ella sin decir una palabra más.
"Es obvio que no dejarías que ninguna mujer se lastimara.", murmuró owen . Sin dar más explicaciones, Owen se alejó rápidamente, ignorando las preguntas de las enfermeras que se acercaron a Isa, preocupadas. "Estoy bien", les dijo, tratando de calmar la situación. "Toma el resto del día libre", añadió el jefe, quien le asintió sin hacer preguntas.
Isa salió de la sala, aún con la mente llena de lo sucedido. Decidió que necesitaba despejarse y pasar un tiempo con sus hijos, ya que hacía mucho que no salían juntos. Pensó que lo mejor sería llevarlos a un lugar tranquilo, así que se dirigió a la bahía del centro de la ciudad, un lugar que solía ser su refugio.
El sol comenzaba a ponerse cuando llegó, y el aire fresco del mar les dio la bienvenida. Isa sonrió al ver a sus hijos correr hacia la orilla, riendo y disfrutando del momento. Durante horas, se olvidaron de todo lo demás: de los problemas, de las tensiones, de los días largos en el hospital. Se sentaron en la arena, jugaron con las olas y compartieron historias, mientras el sonido del mar les envolvía en su calma.
Fue una tarde increíblemente tranquila. Isa sintió que, por un momento, todo estaba bien. Observó a sus hijos jugar, sonriendo mientras el sol se ponía en el horizonte. En ese instante, supo que había tomado la decisión correcta al tomarse ese tiempo para ellos. Todo lo demás podía esperar.
Leo Santamaría
Leo estaba al borde de la histeria cuando su tío le dio la noticia. La explosión en el hospital había sido más grave de lo que pensaba, y el caos que eso había causado lo tenía completamente alterado. Sin perder un segundo, mandó a llamar a los encargados de mantenimiento y, cuando estos llegaron, Leo no pudo contener su frustración.
"¡¿Cómo es posible que algo así haya pasado?! ¡¿Cómo pudieron dejar que esto ocurriera?!", gritó, con la voz temblando de rabia. Sus ojos brillaban con el pánico de un hombre preocupado por la seguridad de todos, pero también por la incertidumbre de lo que había sucedido.
Los encargados de mantenimiento se disculparon una y otra vez, explicando que no habían previsto el fallo en la máquina, pero Leo no estaba dispuesto a escuchar excusas. Los regañó sin piedad, exigiendo que investigaran a fondo qué había causado el accidente y que tomaran medidas inmediatas para evitar que algo similar volviera a ocurrir.
Cuando terminó con los encargados, Leo tomó aire para calmarse. Unos segundos de silencio le permitieron pensar en lo más importante: los heridos. Con la voz aún tensa, preguntó: "¿Hubo heridos?"
Su tío, que estaba cerca, le respondió rápidamente. "No, gracias a Dios. Nadie resultó gravemente herido. Pero dos médicos se salvaron de milagro. Justo salían de una cirugía cuando la máquina explotó."
Leo se quedó en silencio, aliviado por la noticia, pero también curioso. "¿Quiénes fueron esos médicos?", preguntó, sin saber por qué, pero sintiendo que necesitaba saberlo. Su tío mencionó los nombres de los dos: uno era un médico con mucha experiencia, pero cuando Leo escuchó el nombre de la segunda persona, se heló por completo.
"I... Isa", dijo su tío.
El nombre lo golpeó como una ola de frío. Leo se quedó allí, paralizado por un momento. El pensamiento de que algo tan peligroso le hubiera sucedido a ella hizo que su estómago se revolviera de una manera incómoda.
"¿Isa?", repitió, apenas susurrando, como si al decir su nombre en voz alta fuera a hacer que todo esto fuera más real.
Su tío asintió, notando la tensión en el rostro de Leo. "Sí, parece que fue un milagro. Ella y el otro médico estuvieron a salvo, pero pudo haber sido mucho peor."
Leo no dijo más. La preocupación por Isa se apoderó de él, y no pudo evitar preguntarse cómo estaba, si estaba bien o si había sufrido algún daño. Un sentimiento de urgencia comenzó a crecer en su pecho.
Estimada escritora, ojo con los cambios de nombres y apellidos.