Emelie, una joven de 17 años regresa de visitar a su familia durante las vacaciones para descubrir que su novio y su mejor amiga la han traicionado y jugado con ella. Pero las vueltas del destino le demostrarán que siempre hay que dejar algo atrás, para que algo mejor llegue a nuestras vidas, en su caso, podría ser Sebastian, el joven profesor que se ha mudado recientemente a la ciudad.
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La invitación
Había regresado de correr un poco y luego de realizar mis estiramientos, ingresé a la casa. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme allí con Emelie, quien se encontraba conversando alegremente con mi hermana, sobre el sofá.
Se veía realmente hermosa, ese vestido que llevaba puesto y el moño en su cabello la hacían ver muy dulce.
Después de saludarla, Marie me comentó que la había invitado a pasar la tarde y me sugirió unirme a ellas para ver una película. Algo que no acepté, diciendo la primera excusa que se me pasó por la mente. Quería mantenerme alejado que aquella chiquilla, pues, tenía miedo a que mi cuerpo me traicionara y acabara haciendo, en algún momento, algo de lo que me arrepentiría.
Les dije que disfrutaran de la película y me fui a mi cuarto, para poder darme una ducha.
Al salir, estaba tan absorto en mis pensamientos que choqué con algo o alguien y la hice caer al suelo. Era Emelie, quien ahora se encontraba tirada en el piso de mi habitación.
Luego de preguntarle si se encontraba bien, la ayudé a levantarse, mientras le cuestioné acerca de qué era lo que hacía en mi habitación. Ella me respondió que quería utilizar el baño, pero que Marie le había sugerido usar el de su habitación, ya que el de huéspedes estaba descompuesto. Lo cual era una mentira, se encontraba en perfectas condiciones.
Pensé que algo se traía entre manos mi hermana, cosa que comprobé al pasar por la sala para llevarle un poco de agua a Emelie y me encontré con Marie, quien tenía una gran sonrisa en el rostro. Le lancé una mirada de reproche y regresé al cuarto, donde me esperaba Emelie, sentada en mi cama.
Le dije que era una chica bastante despistada y su respuesta me hizo reír. Adoraba la forma de ser de aquella chica, sus ocurrencias y su sonrisa.
Tomé su barbilla con mis manos y le pregunté si ya se encontraba mejor, a lo que ella respondió que sí y que me dejaría para que pudiera vestirme adecuadamente, ya que hasta ese momento, solo llevaba la toalla envuelta en la cintura que me había puesto para salir del baño.No sin antes, observarme detenidamente de arriba a abajo.
Ese gesto me hizo enloquecer y solo le rogué a Dios que se fuera pronto de mi habitación, ya que mi fuerza de voluntad flaqueaba cuando estaba cerca de ella.
Después de vestirme y tomarme un momento para volver en mí, me propuse acabar aquel libro que aún tenía pendiente en mi mesa de noche, pero no me podía concentrar adecuadamente. Por lo que, lo cerré molesto y fui a mirar la película con mi hermana y su acompañante.
Al unirme a ellas, Marie no perdió el tiempo e invitó a su amiga a cenar. Emelie no quiso aceptar, pero mi hermana dijo algo que llamó mi atención. Habló sobre que debía ser aburrido cenar sola todas las noches.
¿Acaso sus padres se encontraban de viaje? Era algo que le consultaría a Marie cuando estuviéramos a solas.
Escuchando esta conversación, esta vez fui yo quien decidió invitarla. A lo que ella aceptó. Me gustaba la idea de que cenaramos juntos y compartieramos un poco más de tiempo.