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Ya No Te Espero

Ya No Te Espero

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Amor de la infancia
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

EL MEJOR AMIGO DE MI HERMANO Si el cliché Ella lo amó toda su vida. Él tardó tres años en notar su ausencia. Desde niña, estuvo enamorada del mejor amigo de su hermano. Él siempre formó parte de su vida: conocía a su familia, tenía un lugar en su casa y sabía perfectamente que ella suspiraba por él. Y cuando le prometió que recibiría el mejor regalo de su vida al cumplir dieciocho años, ella creyó que, por fin, sus sentimientos serían correspondidos. Pero aquella noche, durante su propia fiesta de cumpleaños, descubrió que había esperado por el hombre equivocado. Él estaba con otra chica. Una chica que la había humillado durante años y que se aseguró de que ella los encontrara juntos. Esa noche, la niña que soñaba con ser elegida por él se marchó con el corazón destrozado. Tres años después, regresó. Ya no era la adolescente que se sonrojaba cada vez que él la miraba. Ahora era una joven atrevida, segura de sí misma y dispuesta a disfrutar de todo aquello a lo que había renunciado por amor. Seguía siendo dulce, pero había aprendido a no esperar nada de quien nunca supo valorarla. Para ella, él era parte del pasado. Para él, ella seguía siendo la hermanita de su mejor amigo… hasta que comenzó a notar las miradas que otros hombres le dedicaban, las sonrisas que ya no eran para él y la facilidad con la que ella podía marcharse sin siquiera despedirse. Y entonces apareció el problema. El mejor amigo de su hermano estaba empezando a desear a la única mujer que jamás había pensado que podría perder. Pero ¿qué sucede cuando el hombre que te rompió el corazón finalmente quiere conquistarte… y tú ya no estás segura de querer entregárselo otra vez?

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La última vez que lloré por ti

Isabella no bajó a despedir a los invitados.

Tampoco salió de su habitación cuando su madre fue a buscarla por segunda vez.

Seguía sentada sobre la cama, con el vestido azul arrugado y el maquillaje corrido por las lágrimas.

Su cumpleaños número dieciocho había terminado hacía apenas una hora.

Y ella sentía que algo dentro de sí había terminado mucho antes.

—Isa, cariño, déjame entrar.

La voz de su madre la hizo cerrar los ojos.

—Quiero dormir.

—No has comido nada desde la cena.

—No tengo hambre.

Hubo un silencio al otro lado de la puerta.

—¿Fue Nicolás?

Isabella se tapó la boca.

No quería llorar otra vez, pero escuchar su nombre fue suficiente para que las lágrimas volvieran a caer.

Su madre no necesitó más respuestas.

—Voy a entrar, mi vida.

Cuando abrió la puerta, encontró a su hija hecha un ovillo sobre la cama.

Se acercó y se sentó a su lado, acariciándole el cabello.

—¿Qué pasó?

Isabella intentó hablar varias veces antes de conseguirlo.

—Estaba con ella, mamá.

—¿Con quién?

—Con Valeria.

Su madre frunció el ceño. Conocía perfectamente a aquella muchacha y recordaba los comentarios desagradables que había hecho sobre Isabella durante su adolescencia.

—¿Dónde?

Isabella soltó una risa rota.

—En el cuarto de Mateo.

La mujer se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—En mi cumpleaños, mamá. En mi casa. —Se limpió las mejillas con las manos—. Me mandaron un mensaje para que subiera porque supuestamente tenía mi regalo.

Su madre la abrazó de inmediato.

—Ay, mi niña…

—Yo pensé que… —Isabella apretó los labios—. Pensé que por fin iba a pasar algo. Que quizá me besaría. Que tal vez…

No pudo continuar.

Su madre la estrechó contra su pecho.

—No tienes que explicarme nada.

—¡Pero fui una idiota!

—No digas eso.

—¡Esperé durante años! —sollozó—. ¡Durante años, mamá! Rechacé a chicos que me gustaban porque pensaba que algún día él… que algún día nosotros…

La mujer cerró los ojos, sintiendo una tristeza profunda.

Sabía que su hija estaba enamorada de Nicolás. Todos lo sabían.

Pero nunca había imaginado que Isabella hubiera construido tantas esperanzas alrededor de aquella promesa.

—Escúchame bien —dijo, sujetándole suavemente el rostro—. No has hecho nada malo por enamorarte. Tampoco por esperar. Pero no puedes castigarte por algo que él nunca te ofreció.

Isabella negó desesperadamente.

—Me prometió el mejor regalo de mi vida.

—Y fue irresponsable al alimentar tus ilusiones si no comprendía lo que significaban para ti.

—¿Y si sí lo comprendía?

Su madre no respondió enseguida.

Porque esa era la pregunta más dolorosa de todas.

Finalmente, besó su frente.

—Entonces tendrá que vivir con lo que hizo.

Mateo encontró a Nicolás en el jardín.

Los últimos invitados ya se habían marchado y varios familiares recogían las mesas. La música estaba apagada.

Nicolás permanecía junto a la piscina, con las manos en los bolsillos y una expresión que su amigo no supo interpretar.

—¿Dónde está mi hermana?

Nicolás levantó la cabeza.

—Arriba.

—¿Qué le hiciste?

—Mateo, escucha…

—¡Te he preguntado qué le hiciste!

Nicolás apretó la mandíbula.

—No sabía que Valeria le había enviado ese mensaje.

Mateo se quedó mirándolo.

—¿Qué mensaje?

Nicolás le explicó lo sucedido. No intentó ocultar que había estado con Valeria, pero insistió en que no había sido idea suya hacer subir a Isabella.

Cuando terminó, Mateo tenía los puños cerrados.

—¿Estabas acostándote con esa chica en mi habitación?

—Sí.

—¿Durante el cumpleaños de mi hermana?

—Sí, pero…

Mateo lo empujó.

Nicolás retrocedió, sorprendido.

—¡Eres un imbécil!

—¡No me empujes!

—¡Mi hermana estaba celebrando sus dieciocho años y tú estabas arriba con esa arpía!

—¡No sabía que iba a entrar!

—¡Ella te ama desde que era una niña, Nicolás!

El silencio que siguió fue incómodo.

Nicolás apartó la mirada.

—Lo sé.

Mateo soltó una carcajada amarga.

—¿Lo sabes? ¿Y aun así no se te ocurrió pensar que hacerle una promesa semejante podía significar algo para ella?

—Fue una broma.

—¡Para ti!

La voz de Mateo resonó en el jardín.

—Para ti era una maldita broma, pero ella llevaba meses esperando su cumpleaños. ¿Sabes cuántas veces me preguntó si creía que hoy le pedirías ser tu novia?

Nicolás no contestó.

—¿Sabes cuántas veces la escuché hablar de ti cuando creía que nadie la oía? ¿Cuántas veces tuvo que fingir que no le importaba verte con otras mujeres?

—Mateo…

—¡Y vas y haces eso en nuestra casa! ¡En mi habitación!

Nicolás se pasó ambas manos por el rostro.

—No pensé que le dolería tanto.

Mateo lo miró como si acabara de escuchar la estupidez más grande de su vida.

—Ese es precisamente el problema. Nunca piensas en nadie más que en ti.

Nicolás levantó la cabeza.

—No quería hacerle daño.

—Pero se lo hiciste.

Mateo dio un paso atrás.

—Y no quiero verte cerca de ella.

—No puedes pedirme eso. Soy tu mejor amigo.

—Pues hoy dejaste de comportarte como tal.

Nicolás se quedó inmóvil.

Mateo respiró hondo, intentando controlar la rabia.

—Te conozco desde que éramos niños. Has estado en mi casa toda tu vida. Mis padres te consideran parte de la familia. Mi hermana confiaba en ti porque nunca imaginó que pudieras hacerle algo así.

Su voz se quebró ligeramente.

—Y tú utilizaste esa confianza sin siquiera darte cuenta.

Nicolás quiso responder, pero Mateo ya se estaba marchando.

—No vuelvas a buscarla —sentenció—. Si algún día quiere hablar contigo, será decisión suya. Hasta entonces, mantente alejado.

Aquella noche, Nicolás regresó a su casa solo.

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía ganas de salir.

Los días siguientes fueron extraños.

Nicolás llamó a Mateo el lunes.

No obtuvo respuesta.

Volvió a intentarlo el miércoles.

Nada.

El viernes se presentó en su casa, pero el padre de Isabella abrió la puerta y le explicó, con una frialdad que nunca antes había utilizado con él, que no era un buen momento para visitarlos.

Nicolás se marchó sin discutir.

Se dijo que era comprensible que estuvieran enfadados.

Se dijo que Isabella necesitaba tiempo.

Y se convenció de que, tarde o temprano, las cosas volverían a la normalidad.

Siempre habían vuelto.

Cuando Mateo se enfadaba con él, terminaban reconciliándose. Cuando discutían, bastaba una llamada o una cerveza para arreglarlo.

Pero esta vez no ocurrió.

Pasaron dos semanas.

Después un mes.

Mateo dejó de contestar sus mensajes y empezó a salir con otros amigos. Los padres de Isabella tampoco lo invitaban a las reuniones familiares.

Y ella…

Ella no volvió a dirigirle la palabra.

Una tarde, Nicolás coincidió con la madre de Isabella en un supermercado.

—¿Cómo está Isa? —preguntó, intentando parecer casual.

La mujer lo observó durante unos segundos.

—Está mejor.

Nicolás sintió un alivio extraño.

—Me alegro.

—Ha decidido concentrarse en la universidad. Se irá dentro de poco.

Él frunció el ceño.

—¿Se va?

—Sí.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sé, Nicolás.

La madre de Isabella acomodó las bolsas en su carrito.

—Pero quizá sea bueno que esté lejos de ciertas cosas durante una temporada.

No necesitó explicar a qué se refería.

Nicolás bajó la mirada.

—Yo nunca quise…

—Lo sé. O al menos eso quiero creer.

La mujer suspiró.

—Pero querer a alguien no consiste únicamente en no tener intención de hacerle daño. También significa pensar en cómo tus actos pueden afectarla.

Y se marchó.

Nicolás permaneció junto a los estantes, mirando un punto fijo.

Por primera vez, empezó a comprender que no bastaba con decir que todo había sido un error.

Había una chica que había pasado años queriéndolo.

Y él había sido incapaz de tratar sus sentimientos con cuidado.

Isabella se marchó a la universidad tres meses después.

La mañana de su partida, su familia la acompañó hasta el automóvil.

Su madre lloró un poco.

Mateo cargó las maletas y prometió visitarla siempre que pudiera.

Isabella estaba nerviosa, emocionada y triste a la vez.

Pero había una decisión que tenía muy clara.

No volvería a vivir pendiente de Nicolás.

—¿Estás segura de que quieres estudiar tan lejos? —preguntó Mateo mientras guardaba la última maleta.

Ella asintió.

—Necesito empezar de nuevo.

Su hermano la miró con culpa.

—Lo siento, Isa.

—¿Por qué?

—Por no haberme dado cuenta de cuánto te estaba afectando todo esto.

Isabella le tomó la mano.

—No fue tu culpa.

—Era mi mejor amigo.

—Y yo era una niña enamorada de alguien que no sentía lo mismo. No podías obligarlo a quererme.

Mateo apretó los labios.

—Pero sí podía exigirle que te respetara.

Ella sonrió con tristeza.

—Lo hiciste.

Después lo abrazó.

Antes de subir al automóvil, Isabella miró una última vez la casa donde había crecido.

Allí había pasado sus cumpleaños, sus Navidades y tantas tardes esperando escuchar el automóvil de Nicolás.

Allí había aprendido a quererlo.

Y allí había descubierto que el amor, por sí solo, no era suficiente para hacer que alguien te eligiera.

Se secó una lágrima antes de que su madre pudiera verla.

No quería marcharse llorando.

Quería recordar aquel día como el comienzo de algo nuevo.

Mientras el automóvil se alejaba, Isabella sacó su teléfono y abrió la conversación que llevaba meses evitando.

El último mensaje de Nicolás seguía allí.

Isa, deberíamos hablar.

Lo había recibido dos días después de su cumpleaños.

Nunca había respondido.

Ahora, después de contemplarlo durante unos segundos, eliminó la conversación.

No porque hubiera dejado de amarlo.

Sino porque estaba cansada de que incluso su silencio siguiera girando alrededor de él.

Apagó el teléfono y apoyó la cabeza contra el asiento.

Tres años.

Se daría tres años para descubrir quién era sin Nicolás Varela.

Tres años para vivir, equivocarse, enamorarse si quería y dejar de guardar sus ilusiones para alguien que jamás se las había pedido.

No sabía que, cuando regresara, él todavía recordaría a la niña que había dejado llorando en su casa.

Ni que el hombre que entonces la esperaba encontraría a una mujer que ya no tenía intención de esperarlo a él.

Y esa sería la primera consecuencia que Nicolás nunca vio venir.

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Miriam Colín
Espero que pronto se armé de valor y le pida perdón a Isabella, para que los dos puedan cerrar ese capítulo y sigan adelante con sus vidas sin ninguna cuenta pendiente.
Miriam Colín
Por fin te diste cuenta de lo que perdiste Nicolás y eso era un amor sincero.
Miriam Colín
Hay Nicoĺás pensaste que Isabella siempre iba a estar enamorada de ti y que no importa lo que hicieras ella siempre iba a estar ahí.
Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Miriam Colín
Amo a Gabriel , es un gran chico y ama a Isabella sinceramento y no le pidé que deje de ser ella para que alguien la amé.
Miriam Colín
Nicolás por fin se dio cuenta de que Isabella ya lo superó y que ya no tiene ninguna oportunidad.
Miriam Colín
Así es Isa solo mira pa' delante y daté una oportunidad de ser feliz y amar a alguien que te eligé.
Miriam Colín
A mi me gustaría que se de una oportunidad con Gabriel y Nicolás se quedé chiflando en la loma.
Miriam Colín
Lastima Margarito porque Isa va concentrar su tiempo y amor en Gabriel.
Nerida Navas
Es muy interesante la historia, agradecida por ser una de las personas interesadas en este proyecto... aunque no me percaté que, es una novela en proceso... espero no olvidarme pues, tengo esa peculiaridad... já já já já...y, que la concluyan rápido 🙏💐🌹... felicitaciones de antemano, parece una excelente historia 🙏💐🌹
Miriam Colín
Nicolás ahora sabes lo que significa ser ignorado y pudrete maldito cucaracho.
Miriam Colín
Nicolás ahora te toca a ti ser el que esté detrás de ella como un perro faldero.
Miriam Colín
Ahora será Nicolas quién sentira lo que es que alguien te ignoré, sufre maldito cucaracho imbécil.
Miriam Colín
Es un maldito desgraciado, humillarla de esa manera en su casa y lo peor faltarle el respeto a la familia que lo recibio como un hijo.Es una basura de hombre😡.
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