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Reencarné Para Destruirte

Reencarné Para Destruirte

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Nancy Hurtado

Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.

NovelToon tiene autorización de Nancy Hurtado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mujer que no quiere perderme

Capítulo 19

La mujer que no quería perderme

Estábamos en la oficina de Patricia esperando a que llegara. Adrián sostenía mi mano con delicadeza y yo tenía la cabeza recostada en su hombro. Desde que había regresado, no había tenido muchas noches de descanso y eso ahora comenzaba a pasarme factura.

—¿Por qué no te vas de tu casa y comienzas a vivir sola?

Yo lo miré, extrañada. Él continuó:

—Siento que es peligroso que sigas compartiendo la casa con esas personas.

—Aún no me puedo ir. Tengo que hacer cosas y debo estar allí.

—Entonces ven a dormir a mi casa de vez en cuando. Necesitas descansar más.

—Está bien, lo tendré en cuenta.

En ese momento escuchamos pasos y nos separamos.

Era Patricia.

—Necesito hablar con ustedes.

—¿Qué ocurre?

—Encontré algo en los archivos de tu abuela.

Sacó una carpeta.

—Una grabación.

—¿De qué?

—De una reunión que tuvo lugar cinco años antes de su muerte.

Mi corazón se aceleró.

—¿Con quién?

—Tu padre.

Adrián miró a Patricia.

—¿Y qué decía?

—Todavía no lo sé.

—Entonces escuchémosla.

Patricia negó.

—No aquí.

Nos llevó a una sala privada y sacó un pequeño dispositivo. Presionó reproducir.

La voz de mi abuela llenó la habitación.

—No puedes seguir haciendo esto, Roberto.

Mi padre.

—No entiendes la situación.

—Entiendo perfectamente. Estás utilizando mis empresas.

—Son inversiones.

—Estás moviendo dinero sin autorización.

Silencio.

Luego, la voz de mi padre:

—Lo hago por Victoria.

Mi corazón se detuvo.

—¿Por mí?

La grabación continuó.

—Si quieres protegerla, tienes que confiar en mí.

Mi abuela respondió:

—Ya no confío en ti.

La grabación terminó.

Nadie habló.

Yo seguía mirando el dispositivo.

Había esperado encontrar una prueba contra mi padre, pero aquellas palabras habían abierto una pregunta mucho más peligrosa.

¿De quién intentaba protegerme?

—¿Qué significa? —pregunté.

Patricia respiró profundamente.

—Tu abuela estaba investigando movimientos de dinero.

—¿De quién?

—De tu padre.

Adrián preguntó:

—¿Y qué relación tiene eso con el testamento?

—Todavía no lo sabemos.

Me levanté.

—Quiero hablar con él.

Patricia me detuvo.

—No.

—¿Por qué?

—Porque ahora sabe que estás investigando.

—Que lo sepa.

—Victoria...

—Estoy cansada de tener miedo.

Adrián tomó mi mano.

—No tienes que hacerlo sola.

Lo miré.

—Lo sé.

Pero mientras salíamos de la oficina, comprendí que algo no encajaba.

Mi padre decía que quería protegerme, mi abuela decía que ya no confiaba en él y alguien había considerado necesario ocultar aquella conversación durante años.

No podía creer que todo se redujera a dinero.

Alguien estaba detrás de aquellos movimientos y mi padre parecía saber quién era.

Cuando regresé a casa, Lucía me estaba esperando.

—Necesitamos hablar.

—¿Sobre qué?

—Sobre Adrián.

—Otra vez.

—Él no te conviene.

—Eso dices porque tienes miedo.

Su expresión cambió.

—¿Miedo?

—Sí.

—¿De qué?

—De que descubra lo que hiciste.

Lucía se quedó inmóvil.

—No sabes nada.

—Entonces explícame.

—No puedo.

—¿Por qué?

Se acercó.

—Porque si sigues buscando, vas a destruir a nuestra familia.

—Quizá la familia ya estaba destruida.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No quiero perderte.

Aquellas palabras me desconcertaron. Por un instante vi a mi hermana, la niña que había crecido conmigo, la mujer que me había abrazado tantas veces.

Y recordé el incendio.

Ella también era la misma mujer que me dejó morir.

—Ya me perdiste una vez.

Lucía palideció.

—¿Qué dijiste? ¿Cuándo te perdí?

Había hablado como si ella debiera entenderme.

Retrocedí.

—Nada.

Ella se secó rápidamente una lágrima.

—Victoria, yo nunca quise que las cosas llegaran tan lejos.

La miré fijamente.

Aquella frase no sonaba como una negación.

Sonaba como una confesión incompleta.

—¿Qué significa eso?

Lucía negó con la cabeza.

—No puedo hablar.

—¿Porque tienes miedo de mi padre?

Su silencio fue suficiente.

—¿O porque tienes miedo de alguien más?

Lucía levantó la mirada.

Durante un segundo pensé que iba a responder.

Pero no lo hizo.

—Solo quiero que estés a salvo.

—Entonces dime la verdad.

—No puedo.

—¿Quién te está obligando?

Lucía retrocedió.

—No hagas más preguntas.

—Ya no puedes decirme qué hacer.

Su rostro se quebró.

—No entiendes lo que ocurrirá si descubres demasiado.

—Tal vez sea hora de que lo descubra.

Me marché.

Pero mientras caminaba, una idea no dejaba de perseguirme.

Lucía podía ser culpable.

Podía mentir.

Podía manipular.

Pero quizá también estaba siendo utilizada, y eso significaba que todavía no había encontrado al verdadero enemigo.

Antes de entrar en mi habitación, mi teléfono vibró.

Número desconocido.

"No busques a Roberto todavía".

Me quedé inmóvil.

Otro mensaje apareció.

"Él no es quien más debes temer".

Sentí la piel erizada.

La grabación.

Lucía.

Mi padre.

Y ahora aquellos mensajes.

Alguien estaba observando cada uno de mis movimientos y parecía conocer la verdad mucho mejor que yo.

Guardé el teléfono.

Si querían que dejara de buscar, había una sola razón para hacerlo.

Estaba acercándome demasiado.

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