Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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PONIENDO DE CABEZA UNA EMPRESA
La empresa de Quian, una compañía que se había forjado desde cero, Wu Company, se había convertido en la número uno luego de cinco años de su fundación. En comparación con sus detractores, que intentaban copiarla o imitarla, la gente no veía únicamente los productos que ofrecían, sino también la calidad y la atención que brindaban a sus clientes.
Wu Company había comenzado su historia a través de la venta de alimentos empaquetados y listos para servir. Ese había sido el primer paso.
Luego de cinco años de crecimiento constante, comenzaron a expandirse hacia las televisoras y los medios de comunicación. Su fama fue aumentando poco a poco hasta convertirse en el enorme imperio empresarial que hoy podía contemplar Jinxiao.
En cuanto cruzaron la puerta principal, el omega quedó completamente asombrado.
La recepción estaba integrada por una elegante sala de espera para clientes sin cita previa. Varias pantallas colocadas en las paredes daban la bienvenida en distintos idiomas y, si llegaba algún extranjero, era atendido de inmediato por traductores especializados.
—Esto es increíble —dijo Jinxiao, observando todo a su alrededor.
—¿Te gusta? —preguntó Quian, sonriendo al ver su reacción.
—Me encanta. Jamás había visto algo así —respondió con entusiasmo.
Una de las recepcionistas se acercó rápidamente con una tableta en las manos.
—Señor Wu, el presidente de Ru Technologies lo está esperando en la sala contigua a su oficina. También necesito su firma aquí para una nueva solicitud...
Quian ni siquiera dejó que terminara la explicación.
Firmó los documentos de manera rápida y se los devolvió.
—Denle un pase de visitante. Después de firmar el contrato necesito que alguien lo lleve a Recursos Humanos para una entrevista rápida y le entreguen su identificación de empleado.
La recepcionista abrió los ojos.
—¿Empleado?
—Temporal —corrigió Quian sin apartar la vista de Jinxiao—. Pero tendrá acceso completo.
—Entendido, señor.
La joven se acercó y le entregó el pase a Jinxiao.
—Bienvenido.
—Gracias.
La chica se retiró con cierta curiosidad.
Todos sabían quién era aquel omega.
Después de todo, las noticias sobre la familia Wu y los recientes escándalos familiares habían estado circulando por todos lados.
—Parece que andan muy atareados —comentó Jinxiao colocándose el pase.
—Estamos atrasados con este contrato y, por si fuera poco, hay un problema con uno de nuestros anuncios. Para acabarla, uno de nuestros invitados en un programa de variedades se lesionó, así que tenemos demasiado trabajo acumulado —explicó Quian mientras ambos subían al ascensor.
—Y supongo que debido al accidente han tenido una baja en las acciones.
—Así es.
Quian suspiró.
Por primera vez en varios días parecía verdaderamente cansado.
—No tengo asistente y el grupo de secretaría no está muy organizado con las cosas que debo hacer.
Jinxiao lo observó unos segundos.
Por debajo de las ojeras y la actitud seria podía ver el agotamiento acumulado.
Por primera vez comprendió que aquel hombre no era únicamente un alfa dominante.
También era alguien que cargaba una empresa gigantesca sobre sus hombros.
—¿Qué te parece si voy directo a Secretaría mientras firmas el contrato? Veré qué puedo hacer y cuando termines me llamas.
Los ojos de Quian brillaron.
—Me parece una idea maravillosa.
Le tomó una mano.
—Te prometo que una vez entres a trabajar te pagaré lo suficiente por resolver esto. Me has librado de una enorme carga. Y si tienes alguna sugerencia para la cena, no dudes en decírsela a mamá He.
Jinxiao sonrió.
—Está bien. Te veo más tarde entonces.
Sin pensarlo demasiado, se puso de puntillas y le dio un pequeño beso en la mejilla.
El cerebro de Quian dejó de funcionar.
El ascensor se abrió.
Jinxiao salió caminando tranquilamente.
Quian seguía inmóvil.
—¿Señor Wu...? —preguntó un empleado.
—¿Eh?
—¿Se encuentra bien?
—Sí.
Mentira.
No estaba bien.
Su corazón acababa de recibir un ataque crítico.
Se aclaró la garganta.
—Pasa la voz en todas las oficinas.
—¿Señor?
—Mi omega estará visitando las áreas para revisar que todo vaya bien. Cualquiera que se atreva a faltarle al respeto o desobedecerlo será despedido inmediatamente.
El empleado tragó saliva.
—Sí, señor.
Quian sacó una fotografía.
—Y este es mi esposo.
El hombre observó la foto.
Ahora entendía por qué el presidente parecía tan orgulloso.
—Comprendido.
Cuando Jinxiao llegó al área de Secretaría, prácticamente toda la empresa ya sabía quién era.
—Hola, disculpen. ¿Aquí está Secretaría? —preguntó amablemente.
—Así es. Bienvenido.
—Vengo a revisar algunas cosas. Después me retiraré. No es necesario que sean tan formales conmigo.
Tomó una silla vacía y se sentó.
Los empleados siguieron trabajando.
Al principio intentaron ignorarlo.
Cinco minutos después todos estaban observándolo de reojo.
Diez minutos después ya estaban convencidos de que el presidente se había casado con una persona demasiado amable para existir.
De repente un joven se levantó desesperado.
—¡Voy a llorar!
—Tranquilo, Fei. ¿Qué pasó?
—Que si no convencemos a su actor con una compensación económica enorme, nos demandarán por millones.
El chico parecía a punto de desmayarse.
—Voy a llorar si vuelven a llamarme inútil.
Otro teléfono comenzó a sonar.
Y luego otro.
Y otro.
Jinxiao tomó uno de ellos.
—Buenos días, Wu Company. ¿En qué puedo ayudarle?
Los presentes se quedaron congelados.
La persona del otro lado comenzó a gritar.
Jinxiao escuchó tranquilamente.
—Entiendo.
Tomó algunas notas.
—Si su empresa continúa hostigando a nuestros empleados, nos veremos obligados a reportar la situación como acoso laboral.
Silencio.
—Sí, Wu Company cubrirá los gastos médicos correspondientes. Sin embargo, si se demuestra que el empleado se lesionó deliberadamente, la empresa tomará acciones legales.
Más silencio.
—Perfecto. Muchas gracias por su comprensión.
—Fue un placer atenderle. Que tenga un excelente día.
Colgó.
Toda la oficina lo observaba.
—¿Ya no llamarán por un rato? —preguntó alguien.
—No.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque acabo de resolver el problema principal.
Todos parpadearon.
Fei sintió ganas de llorar otra vez.
Pero esta vez de felicidad.
—¿Qué les parece si les ayudo? —preguntó Jinxiao levantándose.
Tomó un marcador.
Se dirigió a una enorme pizarra.
—Tomen asiento.
Comenzó a escribir.
Su letra era elegante y organizada.
—Estos son los problemas actuales de la empresa.
Dividió la pizarra en secciones.
Marketing.
Contratos.
Relaciones públicas.
Programación.
Eventos.
Atención al cliente.
—Cada equipo se concentrará en una sola tarea hasta resolverla. Una vez terminada, avanzará a la siguiente.
Los empleados se acercaron.
—¿Así de simple?
—Sí.
—¿Y si surgen más problemas?
—Los agregamos aquí.
Golpeó suavemente la pizarra.
—Una oficina organizada es una oficina eficiente.
Algunos comenzaron a asentir.
Otros tomaban notas.
Incluso los más veteranos parecían interesados.
—En cuanto a la agenda del presidente...
Escribió otro apartado.
—Eso me encargo yo.
Todos lo miraron sorprendidos.
—Si algún cliente les falta al respeto, recuerden que tienen derechos y obligaciones. Nadie puede obligarlos a soportar abusos.
Las palabras resonaron en la oficina.
Varios empleados bajaron la mirada.
Muchos de ellos habían soportado malos tratos durante años.
Nadie les había dicho algo así.
—Ahora bien.
Sonrió.
—Volvamos al trabajo.
Poco a poco la oficina comenzó a moverse con una energía completamente distinta.
Por primera vez en semanas.
Las llamadas disminuyeron.
Los pendientes comenzaron a resolverse.
Y los trabajadores recuperaron algo que habían perdido.
Motivación.
Mientras tanto, Quian acababa de cerrar el contrato más importante del trimestre.
Los representantes de Ru Technologies estaban satisfechos.
—Señor Wu, debo admitir que las modificaciones realizadas al documento son excelentes.
—Coincido.
—Son mucho más claras.
—Y protegen mejor a ambas empresas.
Quian sonrió.
Orgulloso.
Porque sabía exactamente quién había hecho aquellas correcciones.
Horas después, decidió ir a buscar a Jinxiao.
Pero al llegar a las oficinas de Marketing escuchó una voz desagradable.
—¡Malditos omegas! Siempre trayendo problemas a la empresa.
Un hombre golpeó a un joven empleado con un rollo de documentos.
—¡¿Por qué no esperaste a que todo se resolviera antes de embarazarte?!
El muchacho temblaba.
—Lo siento...
—¡Piensen antes de abrir las piernas! Primero el trabajo, después todo lo demás.
Otro golpe.
—¡Inútil!
El joven comenzó a llorar.
—Por favor... no me despida...
—Recoge tus cosas.
—¡No! Este trabajo me ha mantenido durante cinco años...
—¡Lárgate!
Una voz suave interrumpió la escena.
—Levántate, muchacho.
El empleado alzó la cabeza.
Jinxiao estaba allí.
—Nadie puede despedirte.
Todos guardaron silencio.
—¿Quién te crees que eres? —rugió el gerente.
—También soy un omega.
Jinxiao lo miró directamente.
—Y no veo nada de malo en que quiera tener una familia.
El gerente soltó una carcajada.
—Entonces tú también estás despedido.
Los empleados palidecieron.
—Ningún omega va a decirme cómo manejar mi departamento.
Jinxiao cruzó los brazos.
—¿Ah, sí?
—Así es.
—¿Y si no quiero irme?
—Yo mando aquí.
El hombre señaló la puerta.
—¿Qué puedes hacer contra mí?
Jinxiao sonrió lentamente.
—Yo nada.
Se hizo a un lado.
—Pero él sí.
Todos giraron la cabeza.
Quian estaba detrás.
Con una expresión aterradoramente tranquila.
—¿Verdad, esposo?
El gerente sintió que el alma abandonaba su cuerpo.
—P-Presidente...
—Recoge tus cosas.
La voz de Quian fue fría.
Glacial.
—Y desaparece de mi vista.
—¡Señor Wu, puedo explicarlo!
—No.
—Fue un malentendido...
—Escuché todo.
El hombre cayó de rodillas.
—Por favor...
—Seguridad.
Dos guardias aparecieron inmediatamente.
—Sáquenlo.
—¡No!
—Y asegúrense de que Recursos Humanos revise cada una de las denuncias contra él.
El gerente fue arrastrado fuera del lugar.
Los empleados permanecieron inmóviles.
Jinxiao dio una pequeña sonrisa.
—Aquellos que hayan sufrido alguna transgresión por parte de ese animal, pasen a Recursos Humanos para levantar una queja formal.
Varias personas levantaron lentamente la mano.
—Y no se preocupen.
Su voz fue cálida.
—A partir de hoy nadie volverá a llamarlos inútiles por querer formar una familia.
Por primera vez, algunos empleados rompieron en llanto.
Y mientras observaba aquella escena, Quian comprendió algo.
Jinxiao no solo estaba cambiando su vida.
También estaba cambiando toda su empresa.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲