En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 18: EL ECLIPSE VIVIENTE.
El sonido metálico de los martillos en Ertad Triber resonaba como un lamento de guerra. El eco de las forjas enanas se mezclaba con los susurros desesperados de los supervivientes. Mar, Elsa y Trok observaban el fuego de las fraguas desde una terraza de piedra; la llama parecía burlarse de ellos, recordándoles la derrota.
—No debimos dejarlo atrás… —murmuró Elsa, con la mirada perdida.
—No lo dejamos —gruñó Mar, golpeando el suelo con el talón—. ¡Lo perdimos! ¡Y lo recuperaré aunque tenga que congelar los infiernos!
Estu, apretando su lanza, respiró hondo.
—Yo iré por ayuda. Creta y Drop deben estar cerca de la Comunidad del Dragón. Si los traigo, tendremos una oportunidad.
Trok la miró con respeto, su barba temblando por el calor de las fraguas.
—Vete, niña. Es mejor que un corazón valiente sobreviva que todos muramos sin sentido.
Estu asintió, desapareciendo entre los túneles con paso rápido. En cuanto su figura se perdió, Mar cerró los ojos y dejó que el silencio reinara.
El rugido de su alma se elevó, un eco de antiguos dragones despertando en su interior.
La Ira del Dragón Blanco se desató.
Mar cayó de rodillas. Un frío intenso emanó de su cuerpo, cubriendo el suelo de escarcha. Elsa retrocedió sorprendida al ver cómo el aire mismo se congelaba y la piedra crujía bajo sus pies.
Escamas blancas le cubrieron en el brazo de Mar y en muchas partes de todo su cuerpo, colmillos, cuernos , alas, ardió con luz azulada. Su cabello continuó blanco como la nieve recién caída; sus ojos, dos glaciares centelleantes.
—Por los antiguos juramentos… —susurró—. ¡Por el reino de los Dragones!
Sus alas blancas como las nubes, como diamantes de hielo. Su cuerpo se cubrió de un aura de pura energía, su voz se volvió grave, con un eco sobrenatural. Mar se había convertido en la Emperatriz Dragón Blanco.
Elsa la miró con una mezcla de temor y admiración.
—Mar… tú… alcanzaste el rango Élite.
—No me importa el rango —respondió la dragona con una mirada encendida—. Solo me importa él.
Sin esperar respuesta, extendió sus alas y despegó con un rugido que hizo temblar los cimientos de Ertad Triber. Las fraguas se apagaron bajo la ventisca helada que dejó a su paso.
La Prisión del Demonio era casi inexpugnable para Reinders.
En las profundidades de las minas, Reinders yacía encadenado. El aire era denso, saturado de miasma demoníaco. Endevor lo observaba desde un trono improvisado hecho de piedra negra y huesos. Sus ojos carmesí brillaban con un orgullo cruel.
—Hijo de la oscuridad, portador de la espada legendaria … —dijo Endevor con voz gélida—. No sabes lo afortunado que eres. Serás el sacrificio que libere a mi padre.
Reinders alzó la cabeza, sangrando, pero aún desafiante.
—¿Valor…?
—El mismo. El que tu espada selló hace siglos.
—No fue mi espada —corrigió Reinders—. Fue Coleman.
Un murmullo resonó en su mente.
> «Y volveré a hacerlo si me das la oportunidad…»
Reinders sonrió débilmente.
—¿Listo, amigo?
> «Siempre.»
El demonio se giró irritado, justo cuando un estruendo rompió la calma. Una tormenta de hielo descendió por los túneles.
La Emperatriz Dragón Blanco había llegado.
La figura de Mar irrumpió entre la oscuridad como un relámpago blanco. Cada batir de sus alas levantaba una ventisca. Endevor apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando una lanza de hielo se clavó en su trono, partiéndolo en dos.
—¡Aléjate de él! —rugió Mar, su voz resonando como un trueno.
—¿Una dragona? —Endevor sonrió, mostrando colmillos negros—. Ah, el linaje de los antiguos reptiles… qué placer matarte.
– Perfecto – Gritó Reinders –Endevor ahora si vas a saber quien es quien – Reinders gritó con una especie de voz petulante – Mar sálvame, si lo haces sería capas de besarte.
– Sierra la boca– Gritó Mar mientras le lanzaba a Endevor una serie de estacas de hielo, pero se le veía como un tono rosado se le impregnaba en la piel
El demonio extendió su mano, liberando un torrente de fuego carmesí. Mar lo detuvo con un muro de hielo tan espeso que el aire crujió. Avanzó con ferocidad, lanzando zarpas y ráfagas de frío que convertían los demonios menores en estatuas congeladas.
Elsa, que había seguido el rastro, entró poco después, ayudando con lava de apoyo.
—¡Reinders! ¡Aguanta!
Elsa inmovilizó a Endevor un momento y Mar aprovecha y lanza un ataque que afloja las cadenas de él protagonistas.
Reinders aprovechó para terminar de romper sus cadenas, infundiendo energía rúnica en sus cuerpo tomandol la primera forma de El Oscuro. Coleman vibró al sentirlo libre. Reinders salva a Mar de un ataque de Endevor y tomándola por la cintura este la de un apasionante beso del cual Mar siente gran pena. Entonces resonó COLEMAN.
> «Hora de eclipsar el infierno, muchacho.»
Endevor rugió, lanzando su fuego infernal hacia Mar. La dragona resistió, pero su cuerpo temblaba por la intensidad. Reinders avanzó entre el fuego y el hielo, su cuerpo cubierto por energía rúnica.
—¡Coleman! ¡Dame todo lo que tengas!
La espada respondió con un estallido de luz y sombra. De la hoja brotaron dos energías opuestas: una oscura como un abismo estelar, otra pura como la aurora. Ambas chocaron y se fusionaron en una esfera giratoria que devoraba la luz del entorno.
—Eclipse Viviente —susurró Coleman desde dentro—. Vida y muerte, luz y oscuridad… el equilibrio perfecto.
Reinders levantó la espada, y la esfera se expandió como un sol negro.
Endevor rió, desafiante.
—¡Ese poder fue creado para contener a mi padre! ¡Si lo usas, lo liberarás!
—Entonces que despierte —respondió Reinders, con una mirada decidida—. Prefiero enfrentar al demonio que vivir temiendo su sombra.
El golpe descendió. Una explosión cegadora consumió la caverna. El suelo se fracturó, las montañas temblaron. Cuando el resplandor cesó, Endevor yacía destruido, su cuerpo reducido a cenizas.
Pero el precio fue terrible.
El Fin del Sello el nacimiento de la Devastación.
Una onda expansiva invisible viajó por el subsuelo.
En lo profundo de la tierra, las runas que contenían a Valor comenzaron a quebrarse. Elsa, que había sido enviada a inspeccionar la zona del sello por Mar después de liberar a Reinders, lo sintió antes que nadie. Las paredes temblaban, la energía oscura emanaba como un huracán.
—No… no puede ser… —balbuceó—. ¡El sello… se está rompiendo!
Reinders cayó de rodillas, exhausto. Mar lo sostuvo entre sus brazos, aún con las alas extendidas.
—Lo hiciste… Reinders, pero no hemos ganado...
—Sí —susurró él, mirando la espada que brillaba débilmente—. Algo… se ha roto…
El suelo se abrió. Una columna de fuego negro se elevó hacia el cielo. Elsa retrocedió horrorizada al ver emerger una figura colosal, envuelta en cadenas rotas y humo ígneo. Un par de ojos rojos como soles demoníacos se abrieron en la oscuridad.
—¿Tanto tiempo… he permanecido enserrado? —dijo una voz profunda que retumbó en todo el mundo.
El aire se detuvo. Hasta las montañas parecían inclinarse. El demonio extendió su mano, rompiendo los restos de su prisión.
—Mi nombre… es Valor, Señor de la Devastación.
Y hoy… el mundo volverá a recordar el miedo.
El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier rugido. La era del fuego… había vuelto a comenzar.