La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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"Una canita al aire"
14 de febrero. Querido diario: Extraño mucho a Marco, he decidido ir a buscarlo, mañana mismo a esta hora escaparé de casa. Tal vez si Marco me ve embarazada quiera hacerse cargo de mí y de mis hijos. Dios mío, dame fuerzas mañana será el gran día.
15 de febrero. Querido diario: Yo no sé cómo mis padres se dieron cuenta, me cacharon justo antes de que pudiera saltar por la ventana. Es peligroso, lo sé, pero yo necesito ver a Marco. Decirle que va a ser papá. Este día mis padres me dieron de azotes, cuidando de no dañar a los bebés.
18 de febrero. Querido diario: Me duele todo el cuerpo por los azotes de mi padre. Pero siento un dolor que tengo desde hace tiempo. Mucho antes de que me embarazara, me siento tan mareada que pienso que tal vez no llegue a ver a mis hijos.
25 de febrero. Querido diario: No es que sea pájaro de mal agüero, no que va, solo digo lo que siento. Este dolor no es normal, pero mis padres no me escuchan. Están tan pendientes del qué dirán que no me dejan salir ni a la esquina.
¿Sabes?, falta poco para cumplir quince años, pero en vez de festejar con baile y regalos, festejaré dando a luz a dos bebés.
¿Sigues leyendo eso?, dijo Alex interrumpiendo la lectura de Santos.
Alex, no te oí llegar.
Obvio, estabas tan concentrado en la lectura. Voy a llevar al abuelo a la tumba de la abuela, ¿quieres venir?
No, prefiero seguir leyendo.
Como gustes.
Cuando Alex salió de su casa con el abuelo, el taxi ya los estaba esperando.
Al pasar frente al restaurante D'Marco, sintió cierto orgullo de trabajar ahí.
El abuelo poco a poco perdía la fuerza, batallaba para ver, y se le olvidaban con frecuencia las cosas.
¿Por qué me traes aquí?, dijo.
Es la tumba de la abuela, ¿ya se te olvidó?
¿Quién es la abuela?, en la cara del abuelo no había expresión alguna.
Alex ya no dijo nada, sonrió con tristeza, su abuelo iba de mal en peor.
.
.
Un mes después...
Una llamada rompió el silencio de la cocina.
Disculpe, ¿puedo hablar con Alex o Santos?, es urgente, por favor.
Gisela le pasó el teléfono a Santos, que era el que estaba más cerca.
¿Sí?, diga...
Hola, soy su vecina de al lado, creo que a su abuelo le ha pasado algo, le hemos tocado y no abre. Le traíamos algo de comida.
Gracias.
Más tarde, Alex y Santos llegaron en una ambulancia (la llamaron de paso), los para médicos, de inmediato entraron a la casa.
El abuelo estaba tirado en el piso. Los paramédicos lo checaron...
Lo siento, ya no hay nada qué hacer, está muerto.
Los preparativos para el funeral, y todo lo que conlleva fueron patrocinados por Marco.
Todos los vecinos de los gemelos estaban presentes. El abuelo era muy querido por todos, era obvio que nadie sabía cómo maltrataba a su hija.
Durante el funeral, todos mostraron respeto, así estuvieron hasta que se llegó el momento de partir hacia el cementerio.
Tiempo después...
Todo ha acabado, dijo Alex a Santos, solo nos tenemos el uno al otro.
¿Se te olvida que tenemos a nuestro padre y nuestros hermanos?
Marco no es mi padre. Al menos no lo considero así.
Por favor, Alex, dale una oportunidad, no sabes lo que he deseado tener un padre.
Pues adóptalo tú, jamás le voy a perdonar que nos haya abandonado.
En ese entonces, Marco tenía 15 años, ¿acaso no lo entiendes?
Sí pero nuestra madre tenía 13, ¿por qué no la respetó?, dijo Alex, las lágrimas a punto de brotar.
Ambos vivían en situación de calle, ¿no lo sabías?, dijo Santos al ver la cara de asombro de su hermano.
Esa parte no me la sabía. Ahora empiezo a entender muchas cosas. Tal vez Marco no quiso arrastrarla a su mundo y la dejó ir. ¿Por qué Juanita vivía en la calle?
Bueno, ella tenía problemas con los abuelos, prácticamente la tenían secuestrada, dijo Santos como explicación.
Alex permaneció callado. El regreso a casa fue en completo silencio, Marco los llevó en su auto.
Ya me voy, saben que cuentan conmigo para lo que sea.
Gracias, Marco, dijo Santos, mordiéndose los labios para no gritarle "papá".
Cuando iba de regreso a su casa, en el camino se topó a Zoé que le hacía señas para que se parara.
Él se detuvo a pocos pasos. Ella abrió la portezuela y se subió al coche.
Es mi auto se lo llevó la grúa, dijo Zoé, esta vez iba ataviada con vestido rojo ajustado al cuerpo, muy corto y escotado.
Él trataba de hacerse de la vista gorda, pero ella era sumamente atractiva.
Por un momento pensó aventar todo al carajo, y echarse "una canita al aire", total, ¿a quién le dan pan que llore? La mujer se le ofrecía en bandeja de plata. Al fin hombre, la llevó a un paraje baldío, pero cuando iba a descargar toda su pasión, tocaron al vidrio del auto.
Era la policía.
Marco suspiró y abrió la ventanilla. ¿Qué pasa, oficial?
Eso mismo pregunto yo, ¿qué está pasando aquí?, dijo el policía mirando al interior del coche.
No me diga que estaba a punto de tener sexo con esta mujer, ¿es su esposa?
Claro que no, oficial, solo la llevo a su casa, pero el auto no quiso arrancar y estaba esperando a que llegara un amigo.
Pues qué raro que no haya llegado, por poco y los pesco infraganti.
Nada que ver, oficial, el coche de ella se descompuso y se lo llevó la grúa, yo solo le daba un aventón.
¿Y no le parece bastante casualidad que se descompusieran los dos coches?
Santos tuvo una corazonada, tomó un taxi y salió de casa. Más adelante vio a su padre y a la policía discutiendo.
Ya llegué, ¿qué le pasa al auto?, buenas tardes, oficial, ¿pasa algo?
¿Viene a checar el auto?, dijo la policía.
Sí, Santos hizo como si checara el auto; préndelo.
Marco obedeció, el auto prendió al instante.
Gracias, Santos.
El policía los dejó ir, tengan cuidado para la otra.
Santos fulminó con la mirada a Zoé, espero que no te vuelvas a cruzar con Marco, tú solo le traes mala suerte.
Después de dejar a Zoé cerca de su casa, Marco fue a dejar a Santos.
De ahí se fue a su casa.
Gisela ya lo estaba esperando. Vaya, hasta que llegas, ¿ya viste la hora que es?
No me digas que me estás tomando el tiempo, ¿desde cuándo?
No es eso, amor, cada vez llegas más tarde, ya casi no me tocas, ¿qué te está pasando?
Déjame en paz, no me pasa nada.