Lucia tiene que vivir bajo el odio de su propia familia sin saber el porqué, toda su vida ha sido así. En la escuela conoce a Liam, un chico que parece interesarse en ella, pero para su sorpresa, Fernanda, la hermana de Lucia, está enamora de Liam, lo que causara mayores problemas para Lucia…
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Secretos, golpes y cicatrices
Narra Liam
—Sigue metiéndote y te mato, cabrón —soltó Liam muy molesto... o eso parecía, aunque todos sabían que lo suyo era más una broma con filo que una amenaza real.
Jeremy lo miró con incredulidad, entrecerrando los ojos.
—¿La misma Lucía que es mi amiga?
—Sí —respondió Liam, sin titubear.
—¿Qué te pasa con ella? Dímelo. No quiero que la lastimes —soltó Jeremy, con una mezcla de advertencia y preocupación genuina.
—No lo sé —dijo Liam, bajando la voz por primera vez—. Recién la conocí hoy. Tú sabes que yo no me enamoro ni entrego mi corazón. Eso es una mierda. Pero ella… ella es diferente. Siento que puedo ser yo mismo con ella. Además… mmm…
—¡Que hable rápido! —interrumpió Jeremy con urgencia.
—¡Que hable rápido! —repitieron Max y Alan al mismo tiempo, casi como si lo hubieran ensayado.
Liam tragó saliva, y con una sonrisa culpable confesó:
—La besé en el bosque… cuando se fue a cambiar.
—¡¿QUÉ?! —gritaron los tres a coro.
—Sí, es verdad —dijo Liam, llevando un dedo a sus labios recordando el momento—. Sus labios son tan adictivos… Quería más. Pero la condenada me mordió. Es una fiera tu amiga.
—¡Auch! —rió Max—. ¡Jajaja, eso sí dolió!
—Por eso te viniste, ¿no? —agregó Alan con una ceja alzada.
—Ahora todo tiene sentido —comentó Max mientras negaba con la cabeza.
Jeremy lo miró serio, endureciendo el rostro.
—Liam, no quiero que juegues con ella. Recuerda lo que dijo Fernanda… algo sobre matrimonio.
—Mierda —dijo Liam, pasándose la mano por la nuca—. Creo que eso solo se lo está inventando. Padre todavía no me ha dicho nada. Además, solo la persona que se gane mi corazón se casará conmigo. Se lo prometí a mamá.
—Yo no lo creo —replicó Jeremy con tono de advertencia—. Ten cuidado.
—No confíes en Fernanda —añadió Alan—. Es una víbora.
—Yo que tú, no me acerco a ella —cerró Max.
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Narra Lucía
Jeremy se ofreció a traerme a casa, ya que Abby estaba esperando que su madre la recoja. Aproveché el trayecto para entregarle mi número. No tenía celular, así que se lo anoté.
Cuando llegué, no había nadie. Entré directo a mi cuarto y cerré con seguro. No quería que nadie me molestara. A las dos de la tarde escuché llegar a mis padres. Mamá ya estaba discutiendo con papá. Algo en ella siempre me fue ajeno. Desde niña nunca sentí su cariño, como si yo no perteneciera a esta familia.
Media hora después, llegaron mis hermanos. Lo supe porque Fernanda entró gritando mi nombre. Ahora mismo estaba del otro lado de mi puerta, gritando como una posesa. Escuché pasos, voces… y luego, la voz que me heló la sangre: papá.
—¡Lucía, abre la puerta ahora mismo! ¡Quiero una explicación! —bramó Richard.
—¡Abre la puerta, maldita perra! —chilló Fernanda.
Mi corazón latía con fuerza. Justo cuando me acercaba a la puerta, entró una llamada de un número desconocido.
—Hola… eh… lo siento, estoy ocupada. Llame luego —respondí antes de lanzar el celular a la cama.
Abrí la puerta, ya resignada a lo que vendría.
—Lo siento mucho, padre… —alcancé a decir antes de que una bofetada me cruzara el rostro.
—¡Así es como tratas a tu hermana después de que te lleva! ¡Eres una sinvergüenza! —gritó Richard.
—¡Padre, ella me humilló en público! Coqueteó con Liam, ¡por su culpa el bastardo de Jeremy casi me mata! —gritó Fernanda, fingiendo el llanto de una víctima—. No quiero que estudie conmigo. Regálenle una moto, un carro, ¡lo que sea! Pero que no se me acerque. Es una basura.
—Por mí no le diera nada —dijo mi padre—, pero todo por el bien de Fer…
—Dale mil dólares para que se compre la moto —dijo mamá con desprecio—. Pero que no vuelva a acercarse a Fernanda.
Se fueron al estudio a preparar el cheque… y entonces llegó la verdadera pesadilla.
Fernanda y Alexander entraron a mi habitación y cerraron la puerta. Mi cuerpo ya temblaba.
—Por favor, hermanos… no me hagan nada. No he dicho nada. Nadie sabe que tú eres mi hermana, Fer… Alexander, ayúdame. ¡Por favor!
—Cállate —espetó Fernanda—. Alex, sujétala y tápale la boca. No queremos molestar a papá, ¿no es así, Lucía?
—Por favor… si quieres, no me junto más con Jeremy… ni con nadie… pero no me golpeen… —suplicaba entre sollozos.
—Muy tarde para eso —murmuró Alexander, colocándome una mordaza. Sentí sus manos frías mientras me inmovilizaban.
—¡No te quiero ver cerca de Liam ni de sus amigos! —gritó Fernanda mientras descargaba su ira en forma de golpes.
Me golpeó en el estómago, en la espalda, con fuerza, cuidando de no dejar marcas visibles. Sentí mi cuerpo rendirse, y cerré los ojos. momentos después Alexander me soltó las manos y me susurro un lo siento de verdad .Entre la bruma del dolor, escuché:
—Gracias, papi. Yo le doy esto a Lucía.
—Bueno, mi pequeña. Dile que quiero que vaya mañana. Tu auto ya está aquí, ve a mirarlo.
Oscuridad.
Horas después, desperté aún con luz. El reloj marcaba las 16:00. Mis músculos dolían y mi mente estaba hecha trizas. Sobre la cama encontré el cheque… y una nota:
“$1000. Mi papi dice que compres hoy la moto. Suerte, si te alcanza… bastarda.”