El alfa Christopher Woo no cree en debilidades ni dependencias, pero Dylan Park le provoca varias dudas. Este beta que en realidad es un omega, es la solución a su extraño tormento. Su acuerdo matrimonial debería ser puro interés hasta que el tiempo juntos encienden algo más profundo. Mientras su relación se enrede entre feromonas y secretos, una amenaza acecha en las sombras, buscando erradicar a los suyos. Juntos, deberán enfrentar el peligro o perecer.
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A TRAVÉS DE TI (parte 2)
A plena madrugada, el auto de Nadyra se detuvo frente a la mansión. La puerta se abrió con torpeza y, tras unos segundos de silencio, Christopher bajó lentamente. No era alguien que perdiera el control con facilidad, mucho menos por el alcohol, pero desde el primer trago, su semblante reflejaba un peso que no lograba soltar.
Bebió copa tras otra, como si intentara ahogar algo que lo atormentaba. Adam intentó detenerlo un par de veces, incluso tomándole del brazo para que dejara la copa, pero Christopher lo ignoró. Nadyra tampoco tuvo éxito al persuadirlo. Solo cuando Marlon el mayor entre ellos, le habló con seriedad, Christopher se detuvo.
Ahora, de regreso en la mansión, sus pasos pesados resonaban en los pasillos. Con un solo propósito en mente, llegó hasta mí. Se quedó de pie junto a la cama, observándome fijamente.
Por un instante, el caos que lo acompañaba toda la noche pareció disminuir. Extendió los dedos y tomó un mechón de mi cabello, jugando con él entre sus yemas, como si aquel simple contacto le diera un extraño consuelo.
Se inclinó un poco más, y en un impulso fugaz, depositó un beso sobre mi cabello. Mi aroma lo envolvió, despertando algo cálido en su interior. Sin pensarlo demasiado, y sin preocuparse por su estado, se deslizó bajo las sábanas y se recostó a mi lado. El sueño lo alcanzó casi de inmediato. Su cuerpo, agotado por el peso del día y la bebida, pareció haber estado esperando aquel momento para rendirse.
A la mañana siguiente, lo primero que noté fue el calor.
Reconfortante.
Rodeándome como una barrera contra el frío matutino. Abrí los ojos lentamente, aún atrapado en la neblina del sueño, y tardé unos segundos en procesar lo que veía.
Christopher estaba a mi lado.
Dormido profundamente, su respiración pausada y su expresión relajada.
Se veía diferente.
Sin la rigidez habitual en su postura, sin la tensión en su mandíbula. No pude evitar observarlo con curiosidad. No era la primera vez que compartíamos espacio, pero sí la primera en la que Christopher parecía… vulnerable.
Antes de que pudiera hacer algo más, la alarma sonó de golpe, rompiendo la tranquilidad de la habitación.
Christopher abrió los ojos de inmediato, su instinto activándose en un segundo. Por un momento, ambos nos quedamos en silencio, mirándonos fijamente. Entonces, como si le hubieran echado agua fría, se incorporó de golpe y se alejó de la cama.
—Mierda… —murmuró, pasándose una mano por el cabello, claramente alterado.
Se movió rápido hacia la puerta, con la intención de escapar de allí como si nada hubiera sucedido. Pero yo, aún sentado en la cama con el pijama ligeramente arrugado, le hablé antes de que pudiera salir.
—¿Vas a huir como si esto no hubiera pasado?
Christopher se detuvo en seco y apretó los puños.
—Nada pasó —dijo sin mirarme, con la voz firme. Pero su postura lo delataba.
Crucé los brazos y sonreí de lado, divertido por su reacción.
—Claro, claro, nada pasó —repetí con tono burlón—. Si no pasó nada, ¿por qué actúas como si hubieras cometido un crimen? ¿Y por qué escapas como una rata?
Él giró la cabeza y me fulminó con la mirada.
—Porque esto fue un error. Me equivoqué de habitación, eso es todo.
—Lo dices como si te arrepintieras de algo. ¿Error? Sí, claro…
Frunció el ceño aún más.
—Tú y yo tenemos un contrato —aseguró—. Lo que pasó anoche no debió suceder. Y lo de ahora… también olvídalo.
—Cierto, no debió pasar… —acepté, pensativo, recordando fugazmente lo ocurrido en su cama—. Pero sucedió. Admito que me dejé llevar, pero no volverá a suceder.
Christopher apretó más la mandíbula y su tono se volvió más cortante.
—Sí. No volverá a pasar.
—Por supuesto que no… —levanté las manos en un gesto de aparente acuerdo—. Nunca.
Hubo un breve silencio. Luego, con una sonrisa pícara, añadí:
—Digo, al menos no entre nosotros. Si alguna vez lo hago de nuevo, será con alguien a quien realmente quiera. Entre tú y yo… solo hay un contrato.
Christopher chasqueó la lengua y desvió la mirada.
—Exacto.
—Exacto —repetí, burlándome abiertamente de la situación.
La tensión entre ambos creció en segundos. Era la misma hostilidad de siempre, como si estuviéramos atrapados en un tira y afloja constante. Nos desafiábamos con palabras, con miradas, como un halcón y una serpiente en una eterna disputa.
Christopher resopló y puso la mano en la perilla de la puerta, listo para largarse de allí, pero en cuanto la abrió, Coral apareció al otro lado del umbral.
—¡Oppa!
Entró corriendo a la habitación, casi chocando con él.
—¡Estás en las noticias! ¡Todo el mundo está hablando de ti!
—¡¿Qué?!
Me levanté de un salto y salí corriendo hacia la sala de estar, aun en pijama. Christopher me siguió, aunque con más calma.
Y ahí estaba.
Mi rostro en la pantalla
Titulares llamativos y las redes sociales inundadas de comentarios. La identidad de la pareja del aclamado y guapísimo Christopher Woo finalmente había sido revelada.
En un abrir y cerrar de ojos, Christopher actuó.
Llamó a Nadyra y desplegó un equipo de seguridad personal, guardaespaldas que siguieron cada uno de mis movimientos y el de mis hermanas.
Pero su presencia era un problema aún mayor para mí.
No solo limitaban mi libertad, sino que hacían que mi verdadera misión fuera casi imposible de llevar a cabo. Tras varios intentos fallidos, el mensaje de Frost llegó una noche.
La agencia ya no estaba dispuesta a esperar. Las órdenes del director Kang habían cambiado. El cliente exigía resultados inmediatos. No había más escusas.
La presión me inundaba. Pasé una mano por mi cabello, intentando aliviar la tensión que se acumulaba en mi cuerpo. Desde el principio, supe que la misión no sería sencilla y subestimé el hecho de que vivir bajo su mismo techo haría las cosas fáciles.
La agencia no lo entendía, pero yo sí. Christopher no era exactamente lo que el mundo creía. Su imagen pública estaba construida con precisión: el empresario intocable, un alfa dominantes que regía autoridad absoluta.
Pero yo vi más allá
Sus pequeños gestos, sus miradas fugaces y momentos en los que su muro impenetrable tambaleaba y bajaba la guardia.
En eso, Christopher cruzó el umbral, como si la habitación le perteneciera. Su mirada me buscó de inmediato y, por un instante, sentí un leve vuelco en el pecho.
—La situación ya está bajo control —informó—. Nadyra se encargará de todo. Sigue con tu trabajo y no te preocupes.
Asentí sin decir nada, pero justo cuando creí que la conversación terminaría ahí, él se detuvo en la mitad de la habitación y su expresión cambió.
—Dime algo… —su tono no dejaba espacio para excusas—. ¿Por qué no me avisaste antes?
Fruncí el ceño, sin entender.
—Cuando te reconocieron en la calle —aclaró con un destello de irritación en la voz—. No dijiste nada. Si lo hubieras hecho, quizás la situación habría sido diferente.
Bajé la mirada.
—Lo siento —murmuré.
Porque tenía razón.
Hubo un silencio tenso. Luego, Christopher suspiró y giró la cabeza.
—Desde ahora, ten mucho más cuidado —advirtió—. Ahora que tu identidad es pública, mis enemigos estarán al acecho.
Alcé la vista ante sus palabras.
—No solo de ti —añadió—, sino también de tus hermanas.
Abrí la boca para responder, pero él continuó con la misma firmeza:
—No tienes que preocuparte. Me aseguraré de que ambas estén siempre a salvo.
Hizo una pausa.
—Al igual que tú.
Mi pecho se apretó.
—Yo te protegeré…
No tuve oportunidad de procesar sus palabras. Su atención se desvió a la pequeña mesa de noche junto a mi cama. Unos papeles desordenados captaron su interés, los tomó sin dudar y comenzó a leer.
—¿Ideas para una cafetería? —murmuró, alzando la vista.
—Sí… pensé en abrir un negocio —admití sin rodeos—. Pero con todo lo que está pasando creo que será mejor esperar…
Christopher revisó mis notas en silencio sentándose a mi lado mientras le explicaba mis ideas.
Y, mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, algo más se estaba formando.
Un laboratorio oculto.
El director Kang golpeó la mesa con furia. Sus ojos fríos recorrieron a los investigadores, que se mantenían en silencio, temerosos de su reacción.
—¡¿Otra vez?! —su voz cortante hizo eco en la sala.
Uno de los científicos tragó saliva antes de responder.
—El compuesto sigue siendo inestable. Sus cuerpos no lo resistieron.
A través del vidrio de seguridad, las jaulas seguían allí. Sus ocupantes, dominantes usados como sujetos de prueba, cayeron uno por uno. Algunos convulsionaron hasta la muerte y otros solo dejaron de respirar.
El director Kang exhaló con frustración.
—Inútiles… —susurró.
Se giró hacia el jefe de investigación.
—¡Encuentren la falla!
Su voz bajó, más amenazante.
—No me importa cuántos más tengan que usar…
Sus ojos brillaron con furia.
—Pero esta vez, denme resultados.
Golpeó la mesa con violencia.
—¡NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN TIEMPO!