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ENTRE PLUMAS Y DESEOS

ENTRE PLUMAS Y DESEOS

Status: En proceso
Genre:Comedia / Amor prohibido / Amor a primera vista / Oficina / Aventura Urbana / Jefe en problemas
Popularitas:993
Nilai: 5
nombre de autor: Cam D. Wilder

¿Qué pasa cuando tu oficina se convierte en un campo de batalla entre risas, deseo y emociones que no puedes ignorar?

Sofía Vidal nunca pensó que un simple trabajo en una revista cambiaría su vida. Pero entre reuniones caóticas, sabotajes inesperados y un jefe que parece sacado de sus fantasías más atrevidas, sus días pronto estarán llenos de sorpresas.

Martín Alcázar es un hombre de reglas. Siempre profesional, siempre en control... hasta que Sofía entra en su mundo con su torpeza encantadora y su mirada desafiante. ¿Qué sucede cuando una chispa se convierte en un incendio que nadie puede apagar?

"Entre Plumas y Deseos" es una comedia romántica llena de tensión sexual, momentos hilarantes y personajes inolvidables. Una historia donde las plumas vuelan, los corazones se tambalean y las pasiones estallan en los momentos menos esperados.

Atrévete a entrar a un mundo donde el humor y el erotismo se mezclan con los giros inesperados del amor.

NovelToon tiene autorización de Cam D. Wilder para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Encerrados en la Jaula

El reloj en la pared marcaba las tres y cuarto de la madrugada, pero el tiempo dentro de la vivienda de Sofía parecía haberse detenido en un limbo incómodo. Afuera, la tormenta arremetía contra la ciudad de Buenos Aires con una intensidad inusual; el agua golpeaba las ventanas como si quisiera unirse a la incomodidad que reinaba dentro.

Sofía, con una taza de café en la mano, se apoyó contra la mesada de la cocina y miró de reojo la escena en su sala de estar. Martín, sentado en el sillón con la camisa desabotonada y las mangas remangadas, parecía extrañamente cómodo con la situación. Sus piernas largas estaban estiradas frente a él, su brazo apoyado en el respaldo del sofá y una leve sonrisa jugueteaba en sus labios cada vez que miraba a Sofía.

Vanessa, en cambio, estaba sentada al borde de un sillón individual, como si temiera que el mueble pudiera devorarla. Su espalda recta, sus manos aferradas con fuerza al portafolio con los documentos que había traído y su expresión de disgusto apenas disimulada la delataban: deseaba estar en cualquier otro lugar que no fuera allí.

—Parece que la lluvia no tiene intenciones de darnos tregua —comentó Sofía, rompiendo el silencio que había empezado a adquirir un peso insoportable.

Vanessa suspiró con dramatismo, cruzando las piernas con impaciencia.

—Es ridículo. Justo hoy tenía que caer un diluvio bíblico.

—Sí, una pena que tu arca no esté estacionada cerca —soltó Sofía con una sonrisa inocente, fingiendo que revolvía su café.

Martín dejó escapar una carcajada baja, ocultándola con un sorbo de café. Sofía sintió el peso de su mirada sobre ella, como si estuvieran compartiendo un chiste privado. Vanessa, en cambio, apretó los labios con la misma elegancia que una reina ofendida.

—Supongo que no me queda otra que esperar aquí hasta que disminuya —dijo Vanessa, su voz cargada de resignación.

—Supongo que no —respondió Sofía con falsa dulzura, acomodándose en el otro extremo del sofá, asegurándose de mantener la distancia justa entre ella y Martín… aunque no demasiada.

El silencio volvió a instalarse, pero esta vez con un matiz diferente. Martín se reclinó un poco más en el sofá, su camisa abierta dejando al descubierto la piel aún tibia de la lluvia. Su mirada se paseó perezosamente entre las dos mujeres, como si la situación le divirtiera más de lo que debería.

Sofía, consciente de cada centímetro de proximidad con él, se aclaró la garganta y se levantó de golpe.

—Voy a preparar más café. ¿Alguien quiere?

Vanessa alzó la mano sin mirarla, aún aferrada a su portafolio como si fuera un salvavidas. Martín, en cambio, negó con la cabeza, su sonrisa ladeada todavía presente.

—No, gracias. Estoy disfrutando la vista.

Sofía sintió un escalofrío recorrerle la espalda, y no tenía nada que ver con la tormenta. Se giró rápidamente hacia la cocina, tratando de ignorar el calor que le subía a las mejillas. Desde el sofá, Martín la siguió con la mirada, disfrutando del juego silencioso que se había instalado entre ellos.

Vanessa Torres entrecerró los ojos y apretó los labios mientras observaba la escena ante ella. La incomodidad era una sombra creciente en su pecho, apretándole las costillas con cada segundo que pasaba en ese maldito departamento. Todo había sido una estrategia. Un plan perfectamente ejecutado para irrumpir en el momento justo, desviar la atención, apagar cualquier chispa antes de que se convirtiera en incendio. Y sin embargo, ahí estaba, atrapada en su propia jugada.

Su error había sido subestimar la tormenta. La real y la metafórica.

Horas antes, Vanessa había presenciado algo que le revolvía las entrañas. Martín y Sofía caminando juntos bajo la lluvia, sus cuerpos más cerca de lo que cualquier excusa podía justificar. El agua empapándolos, pegándoles la ropa al cuerpo, haciéndolos verse como una de esas escenas de película en las que todo lo que falta es un beso bajo un relámpago dramático. Martín, con la camisa empapada y abierta en los primeros botones, y Sofía, con mechones de cabello pegados al rostro, riendo, jugando con la incomodidad del aguacero como si no importara nada más en el mundo.

No podía permitirlo.

Había entrado en acción con la precisión de una experta en sabotaje emocional. Una llamada, un pretexto perfectamente construido: Trabajo urgente para mañana, Sofía. Necesito tu ayuda. Y como era de esperarse, ella había accedido. Sofía no pudo negarse. Era la excusa perfecta para interrumpir lo que estaba a punto de suceder en esta casa demasiado íntima. Pero ahora, mirando a Martín sentado en el sofá, relajado, con la camisa desabotonada y el whisky en la mano, entendía lo que realmente había hecho.

Se había encerrado con ellos en la jaula.

El silencio pesaba. Se sentía en el ambiente como una niebla espesa que la envolvía, que la hacía consciente de cada susurro de la lluvia contra los vidrios, de cada crujido del sillón cuando Martín se movía, de cada mirada cómplice que él y Sofía intercambiaban sin decir una sola palabra.

Maldita sea.

Apretó los dedos alrededor del portafolio con tanta fuerza que las puntas de sus uñas se clavaron en la tapa de cuero. Miró a Sofía, que servía café con la parsimonia de quien disfruta el momento. ¿Era consciente de lo que estaba pasando? ¿Sabía que Vanessa estaba ahí, sofocándose en su propia trampa, viendo cómo se le escapaba el control de la situación? Porque si lo sabía, estaba jugando demasiado bien su papel.

Que pare esta maldita lluvia.

Pero no paraba. Seguía cayendo con la furia de un castigo divino, negándole la posibilidad de escapar, obligándola a ser testigo de algo que no quería ver. Algo que ardía en la tensión entre Sofía y Martín, algo que estaba creciendo en cada mirada prolongada, en cada sonrisa disimulada. Algo que no podía controlar.

Vanessa tragó saliva y se cruzó de piernas, intentando encontrar una postura que no la hiciera sentir como una intrusa en su propio plan. Martín alzó su vaso en su dirección con una sonrisa que la desarmó por completo.

—Brindo por eso.

Ella solo pudo sostenerle la mirada por un segundo antes de apartarla. Su propia estrategia la estaba devorando viva.

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Ana Karen Gascon
Hola cómo están
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