Dos personas muy distintas colisionan en una empresa, debido a sus diferentes formas de ver la vida, y en el proceso se encuentran a ellos mismos; gracias a una lista.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Steve
Despierto con la enana sobre mi pecho, quien se encuentra respirando suavemente. Quisiera abrazarla, pero no quiero despertarla, no aún. No cuando estoy disfrutando sentir su peso sobre mi cuerpo. Disfrutando que confíe en mí lo suficiente como para dormir conmigo, y que sepa sin lugar a dudas que nunca la lastimaré.
Por lo mismo sé que no puedo seguir mintiéndole. Entre más tiempo pase, peor será. En navidad le diré la verdad
sobre mi familia, la empresa, todo, y rogaré por lo mejor. Quizá consiga entenderme. Quizá entienda por qué tuve que infiltrarme en mi propia empresa… Quizá… Quizá me odie y no podré culparla. Pero sin importar lo que pase, no me arrepentiré de mi decisión porque gracias a ella la conocí. Conocí a una mujer y a una amiga increíble.
Ahora entiendo el cariño que mi abuelo le tenía. Él también pudo conocerla y aprendió a quererla tanto como yo.
Siento un cambio en la respiración de la enana y me quedo quieto, sin querer importunarla. Veo como abre sus hermosos ojos verdes y mira mi pecho, sonriendo. Muerde su labio inferior y comienza a trazar un dibujo sobre mi pecho.
Me quedo inmóvil disfrutando lo que hace, imaginando que es lo que pasa por su loca cabecita en este momento. ¿Será que se siente atraída a mí, como yo me siento atraído a ella? ¿Es eso posible? Mi corazón empieza a tronar esperanzado, deseando que de alguna manera eso sea verdad.
Cierro los ojos cuando la enana se mueve y me concentro en mantener una respiración tranquila y en calmar los latidos de mi corazón.
Ahogo un suspiro cuando siento sus dedos pasear por el contorno de mi rostro, tan ligeros, casi sin tocarme. Cuando toca mis labios mi corazón comienza a latir tan fuerte que creo que ella puede escucharlo.
Ahogo un gruñido cuando siento sus labios en mi mejilla. Vuelve a darme más besos, apenas tocándome, acercándose a mis labios. Cierro mis manos en puño, para evitar enredarlas en su cabello y besarla hasta
navidad.
Cuando siento sus labios al costado de los míos, muevo mis manos, dispuesto a tomarla y besarla como he soñado con hacerlo, pero me congelo al escuchar mi alarma.
Becky se aleja de mí de inmediato. Abro los ojos y veo lo sonrojada que está, supongo que yo estoy igual.
–Hola –saluda en un susurro–. Tu alarma está muy temprano.
–Hola, sí, lo siento. A esta hora salgo a correr.
–Eso suena como tú.
Acaricio su mejilla, sin poder evitar tocarla. Ya no tengo la fuerza para resistirme.
–¿Estás bien?
Sonríe con las mejillas encendidas. –Sí, muy bien de hecho.
Le devuelvo la sonrisa. –Me alegro, enana.
–Hablando de otra cosa –dice alejándose de mí, nerviosa. Sonrío ante eso–. Este sábado haremos los muffins. Ya le pedí a mi amigo y ayer me trajo la marihuana –dice con una sonrisa maliciosa.
–Vale, eso haremos. Aunque no lo creas estoy ansioso.
–Espero que no te arrepientas luego.
–No lo haré –respondo seguro. Si estoy con ella sé que no me arrepentiré de nada.
…..
–¡¿Tantos?! –pregunto sin poder evitar la nota de histeria en mi voz.
–Relájate, sólo nos comeremos uno cada uno, pero la receta es para 8 muffins. Se los regalaré a Ricky –dice y suspiro agradecido–. Bate esto, por favor –pide.
Lo hago mientras ella prueba la temperatura del horno.
–Gracias –dice y trae una bandeja con 8 agujeros circulares. Coloca una especie de vaso de papel en cada agujero–. Ahora tenemos que rellenar estos moldes.
–Huele mal –me quejo.
–Sí, a mí tampoco me gusta el olor, espero que el cacao y la esencia de vainilla que le puse puedan camuflarlo –dice arrugando su linda naricita.
–Yo también.
La observo ir pasando la mezcla del bol a los moldes, fascinado. Es tan buena en esto de cocinar. Supongo que tuvo que aprender a hacerlo para sobrevivir. Me tenso al recordar lo que me contó.
–¿Quieres poner la bandeja en el horno?
Asiento entusiasmado. Ella abre el horno y yo tomo la bandeja con sumo cuidado. No quiero arruinar esto.
–En la rejilla de al medio –me guía.
Lo hago y sonrío. Estoy cocinando.
–¿Cuánto tiempo tenemos que esperar? –pregunto ansioso y asustado a partes iguales.
–Unos 15 minutos. Nos daremos cuenta, la masa sube y luego comienza a dorarse.
Me quedo pegado mirando el horno. Las pequeñas luces que éste tiene ayudan bastante. Miro maravillado como la masa comienza a subir. Si no fuera por el fuerte olor que desprende, pegaría mi nariz al vidrio.
–¿Cuándo salgan los podemos comer?
Ríe. –Creo que sería mejor que esperemos a que se enfríen, ¿no crees?
–No lo sé.
Abraza mi espalda. –Paciencia, amigo.
¿Amigo? ¿Será que eso es todo lo que seremos? Amigos. No me quejo, pero quisiera ser más que eso. Sin embargo, no la presionaré. Creo que se puede sentir atraída a mí, pero no haré nada hasta tener la certeza absoluta. No quiero incomodarle y tampoco quiero arruinar esto.
–La tendré, amiga –respondo girándome para mirarla. Arruga su ceño, pero luego me sonríe triste.
–¿Pasa algo?
–No, no pasa nada. –Se apresura en responder–. Estaba pensando en mi viaje por el mundo…–Mira sus manos–. Me gustaría que pudieras venir conmigo. Por lo menos algunos tramos.
Sonrío. –Me encantaría, pero no puedo, tengo que trabajar. La empresa me necesita.
–Lo sé, lo entiendo. Espero que el nuevo dueño sepa apreciar tu trabajo.
–Claro que lo hará –respondo incómodo.
–¿Por qué estás tan seguro?
–Sólo… lo estoy, no fallaré.
Su ceño se frunce. –¿Tu familia conocía al señor Cooper?
Mierda.
–Sí –respondo. No puedo mentirle–. Éramos muy cercanos.
–Entiendo, supongo que entonces no tienes mucho de qué preocuparte, nuevo –molesta–. Todo irá bien.
Tomo su cintura y la subo a la isla para poder verla mejor.
–Gracias. Espero que la empresa mejore cada día –digo y acaricio su mejilla–. Te voy a extrañar tanto que me niego a pensar en que pronto llegará el día en el que te irás. ¿Cuándo piensas renunciar?
Su ceño se frunce y muerde su labio inferior, nerviosa.
–No lo sé. Creo que después de las fiestas tomaré la decisión.
–Ya veo –digo mirando hacia abajo, desanimado–. ¿Sabes que en la empresa hacen una fiesta de navidad cada año?
–Algo he escuchado.
–Podríamos ir juntos. ¿Qué dices?
Sonríe y asiente. –Me encantaría ir contigo. Será divertido.
–Claro que lo será. Una vez que veas el mundo, ¿pretendes volver?
Sus ojos se abren el doble de su tamaño. –Ahora no lo sé, Steve. Mi intención era no volver nunca a esta ciudad, pero tú estás aquí –dice acunando mi rostro en sus pequeñas manos–. No creo tener la fuerza necesaria para no verte más.
–No la tengas –le pido–. Te quiero mucho, Becky, quisiera que fueras parte de mi vida. Me has hecho ver el mundo desde otra perspectiva… A tu lado me siento tan feliz.
Sonríe con lágrimas en los ojos. –Yo también me siento feliz a tu lado.
Un ruido interrumpe nuestra conversación.
–Los muffins están listos –dice saltando de la isla.
Apaga el horno y saca los muffins que se ven muy lindos, aunque algo demasiado verdes para mi gusto.
–Supongo que debemos esperar –digo tocando los muffins con mi dedo índice.
Becky tiene razón, están calientes.
Botines camina entre nuestras piernas, apegando su cuerpo a nosotros.
–Ni lo sueñes, amigo –lo regaña Becky–. No comerás de estos muffins, te di recién atún, confórmate con eso.
Botines la ignora y continúa acariciando nuestras piernas.
–No creo que quiera comer, solamente es muy afectivo.
–¿De verdad piensas quedarte con él?
–Sí, me gusta su actitud. Tendré que llevarlo al veterinario pronto.
Becky se arrodilla en el suelo y comienza a acariciar a Botines hasta que este ronronea tan fuerte como el ruido de un motor.
–Gracias a Steve tendrás un hogar –le dice al gato, quien acaricia su mano con el costado de su hocico y luego comienza a lamerla–. Por cierto, gracias por arreglar el radiador, al fin podemos tener una temperatura agradable.
–No es nada –respondo y me arrodillo para acariciar a mi gato también–. Haría cualquier cosa por ti, enana.
Sonríe. –Lo sé –susurra.
Nuestras miradas se encuentran y juro que puedo sentir una fuerza empujándome a ella. Saboreo el momento, seguro de que a la enana le pasa lo mismo. Sin embargo, ninguno hace nada. Supongo que ambos tenemos miedo de probar qué pasaría si nos acercáramos un poco más.
Coloco mi mano sobre la de ella y acaricio sus nudillos con mi pulgar, suavemente. Miro su reacción fascinado, ahoga un jadeo y sus ojos se oscurecen poco a poco.
Aclara su garganta. –Creo que los muffins ya deben estar listos.
Asiento. No me duele su retirada, la entiendo, esto que tenemos es tan importante que si lo arruinamos, no creo que ninguno de los dos pueda perdonarse por ello. No quiero perderla, la necesito en mi vida y quizá ella siente lo mismo.
Me pongo de pie y recibo el muffin que me entrega, con miedo, no sé si esto es una buena idea. Observo como Becky le quita el papel y comienza a comérselo poco a poco.
–No está mal –dice.
Respiro profundamente antes de quitarle el papel y darle un mordisco. Abro los ojos, impresionado.
–Sabe muy bien de hecho. –Me lo como rápidamente–. Ahora deberé empezar a ver elefantes rosados y todo eso, ¿no?
Becky se ríe dejando caer la cabeza hacia atrás. Diablos, es tan hermosa.
–No es de efecto inmediato, guapo.
–¿De verdad crees que soy guapo? –le pregunto mientras caminamos al sofá.
–¿Es que acaso no tienes un espejo en tu casa?
Me siento y la miro fijamente. –Si tengo, pero no sé si soy atractivo.
–Por favor, todas las mujeres te comen con los ojos. Sobre todo, Elena. Te apuesto a que cuando vayamos a un bar gay los hombres se te pegarán como moscas.
–No quiero ir.
–¿Por qué?
–Sabes por qué, me harás hacer la número 13 –digo sacudiéndome al pensarlo.
–Oh, por favor, todos tenemos que hacerlo alguna vez.
–¿Has besado a una mujer?
–Claro que sí, ¿piensas que he vivido bajo una roca?
Siento calor al pensar en eso.
–¿Te gustó?
–La verdad es que no. Ambas estábamos usando brillo labial de ese que es pegajoso, fue incómodo.
–Diablos, me gustaría haber visto eso –digo sin pensar.
La enana ríe y golpea mi hombro. –¡Pervertido!
Ambos reímos.
–Está bien, iré al dichoso bar, sólo porque nos quedan pocas semanas para terminar con la lista.
–Sí, nos quedan pocos días para avanzar. Mañana es la inauguración de la feria de invierno.
–Me gustaría ir. No he ido a una feria desde que era un niño.
–Si mañana estamos bien, podemos ir.
–No me siento diferente, ¿y tú?
Niega con la cabeza.
Me hundo en el sillón, decepcionado, no sé qué esperaba exactamente, pero sentirme igual, no.
–¿Y si comemos otro?
Becky se levanta y vuelve con dos muffins más. Me entrega uno y me apresuro en comerlo.
Después de esperar otros cinco minutos a que algo ocurra, me levanto, tomo mi teléfono y abro la aplicación de música. Busco mi lista de rock y la dejo en aleatorio. No voy a estar toda la noche esperando que algo pase.
Cuando sale la canción de Bon Jovi, It's my life, ambos comenzamos a bailar por toda la sala, subiéndonos a la mesa de centro y saltando al sillón.
El ruido de una patrulla policial interrumpe nuestro animado baile. Corremos a la ventana y nos miramos asustados.
–Deben estar aquí por alguien más –dice Becky tranquilizándome–. Apaga la música.
Hago lo que me dice, pero el celular decide mandarse solo y en vez de apagarse sube el volumen.
–No sé qué le pasa.
–¡Están bajando del auto!
Corro a la ventana y veo a dos policías bajar y caminar hacia este edificio.
–Mierda. –Sigo intentando apagar el celular, pero no hay caso se rehúsa a obedecer. Corro hacia el lavaplatos, lleno un bol con agua y sumerjo el celular en él.
Eso le enseñará.
–Los muffins –grita Becky–. Los policías están subiendo.
La enana se acerca a la bandeja y comienza a comerlos. Yo cojo los dos que quedan y me los meto a la boca, eliminando la evidencia.
Salvados, por ahora.
Felicitaciones autora!!!!
Es tan tan hermosa que no encuentro las palabras justas y acordes a esta preciosa historia ... Original, romántica, entretenida y ,como si todo esto fuera poco, MUY BIEN ESCRITA.
No tengo ni encuentro las palabras justas para expresar cuánto me gustó por eso felicito y agradezco a la AUTORA por esa hermosura que nos ha regalado.
FELICITACIONES y muchas BENDICIONES por ese enorme talento que da vida a tan hermosos frutos.