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Renaci Con Mi Peor Enemigo

Renaci Con Mi Peor Enemigo

Status: Terminada
Genre:Escuela / Reencarnación / Amor-odio / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Alma jamás había imaginado que algún día tendría que alimentar a Mino, ayudarlo a estudiar y animarlo para que no abandonara sus responsabilidades.

En su vida anterior, si alguien le hubiera dicho que terminaría cuidando de su peor enemigo, se habría reído en su cara.

Sin embargo, allí estaba.

Sentada junto a él, en una habitación llena de libros, con una bandeja de comida sobre la mesa y los apuntes de los exámenes imperiales esparcidos por todas partes.

—Esposo mío, deja de leer por un momento y come algo.

Xie Lang levantó la mirada del libro.

—¿Me trajiste comida?

—No, se la traje al fantasma que vive debajo de tu cama. ¡Claro que te la traje a ti!

Él sonrió.

—Mi esposa se preocupa por mí.

—Me preocupo por las tierras que conseguiré cuando apruebes.

—Ah, claro. Las tierras.

Mino tomó los palillos con una expresión decepcionada.

Alma lo observó de reojo.

¡Qué hombre tan dramático! Le llevo comida, paso horas ayudándolo a estudiar y todavía tengo que soportar sus caras de perro abandonado.

Aunque, a decir verdad, se estaba esforzando bastante.

Desde que había aceptado el trato, Mino estudiaba todas las mañanas y repasaba las lecciones por las tardes. Alma se encargaba de explicarle los temas que recordaba de sus lecturas, preparaba preguntas para comprobar cuánto había aprendido y lo obligaba a repetir cualquier respuesta incorrecta.

Al principio, él había intentado escapar de varias sesiones.

Pero Alma había descubierto que amenazarlo con retirar los besos prometidos resultaba sorprendentemente eficaz.

—A ver, esposo. Repíteme lo que acabamos de estudiar.

Mino terminó de comer y se acomodó frente a ella.

—La autoridad imperial se sostiene mediante...

—¿Sí?

—Mediante una combinación de legitimidad, administración y control político.

Alma abrió mucho los ojos.

—¡Correcto!

Mino sonrió orgullosamente.

—¿Me darás un beso?

—¡No!

—¿Por qué?

—¡Porque todavía no has aprobado los exámenes!

—Pero respondí correctamente.

—¡Una pregunta no equivale a un examen!

Él suspiró con dramatismo y volvió a mirar sus apuntes.

Alma soltó una risita.

A pesar de sus constantes peleas, no podía negar que se sentía satisfecha al verlo progresar.

Mino era inteligente. Siempre lo había sido. En la escuela, incluso cuando pasaba el tiempo molestándola, obtenía buenas calificaciones sin demasiado esfuerzo. El problema era que, en aquella vida, había perdido el interés por estudiar y se había vuelto obstinado.

Ahora, con un objetivo claro, estaba recuperando sus capacidades.

Y Alma estaba orgullosa de él.

—Estoy muy feliz. Lo estás haciendo muy bien —dijo ella, acariciándole el hombro.

Mino dejó de escribir.

Sus ojos se iluminaron.

—¿De verdad?

—Sí. Si continúas así, estoy segura de que podrás aprobar.

Él la contempló durante unos segundos.

Después, sin previo aviso, se inclinó hacia ella y apoyó la cabeza contra su pecho.

Alma se quedó rígida.

—¿Qué haces?

Mino cerró los ojos, disfrutando de aquel momento.

—Descansando.

—¡¿Y por qué apoyas la cabeza encima de mí?!

—Porque mi esposa acaba de decir que está orgullosa de mí. Necesito un poco de cariño para seguir estudiando.

Alma levantó la mano y le dio un golpe en la cabeza.

—¡Levántate!

—¡Ay!

Mino se apartó inmediatamente y se agarró la cabeza.

—¿Por qué me pegas?

—¡Porque no soy una almohada!

Él la miró con indignación.

—Somos aliados, ¿no? Debes ser más educada y amable conmigo.

Alma abrió la boca para replicar, pero se detuvo.

Maldita sea.

Tenía razón.

Aunque Mino fuera su peor enemigo, aunque se pasara el día provocándola y aunque ella todavía quisiera recuperar su libertad matrimonial, era la única persona en aquel mundo que conocía su verdadera identidad.

Era el único que sabía que, detrás del nombre de Juner, seguía existiendo Alma.

Los demás la veían como una noble de mala reputación, una mujer peligrosa que había cometido atrocidades en la novela original. Si algún día cometía un error, no podía estar segura de que alguien fuera a creer en ella.

Mino, en cambio, conocía sus defectos desde mucho antes de aquella reencarnación.

Y aun así seguía a su lado.

Alma bajó la mirada.

Es verdad. En este mundo extraño, él es la única persona en la que puedo apoyarme.

La idea le produjo una sensación extraña en el pecho.

No era exactamente cariño.

O al menos eso quiso decirse.

—Está bien —murmuró.

Mino dejó de quejarse.

—¿Qué?

—He dicho que está bien. Voy a ser más amable contigo.

Él la miró como si acabara de presenciar un milagro.

Alma respiró hondo y le acarició el cabello.

Lo hizo despacio, pasando los dedos por sus mechones oscuros, con la misma delicadeza con la que habría acariciado a una mascota.

Mino se quedó inmóvil.

Su rostro se tiñó de rojo.

Alma me está acariciando.

Alma está tocándome el cabello.

¿Será que hoy es mi cumpleaños y lo he olvidado?

Entonces ella le dio dos palmaditas en la cabeza.

—Muy bien, buen chico. Ahora vuelve a estudiar.

Mino abrió los ojos.

—¡Oye! ¡No soy un perro!

Alma retiró la mano y lo miró con fastidio.

—¡Ashhh! ¡Te quejas por todo! ¡Qué quisquilloso eres, esposo!

Mino la contempló durante unos segundos.

Después empezó a reírse.

—¿De qué te ríes ahora? —preguntó ella.

—De nada, esposa.

—¡Entonces deja de reírte!

—Sí, esposa.

Pero su sonrisa no desapareció.

Porque, aunque Alma acabara de compararlo con una mascota, él estaba convencido de que había sido uno de los mejores momentos de su vida.

Después de aquella pequeña interrupción, ambos regresaron a los estudios.

Mino leyó varios capítulos, respondió las preguntas que Alma había preparado y corrigió sus errores. Ella lo ayudó a repasar hasta que el sol comenzó a ocultarse y las sombras se extendieron por las paredes.

Cuando terminaron una lección particularmente larga, Mino dejó caer el libro sobre la mesa.

—No puedo más.

—¡Todavía quedan dos capítulos!

—¿Dos?

—Sí.

—Alma, quiero recordarte que soy un ser humano.

—Y yo quiero recordarte que prometiste estudiar.

—¿No puedes ser un poco más compasiva con tu querido esposo?

—No.

Mino suspiró y volvió a abrir el libro.

Entonces, mientras pasaba las páginas, recordó algo que había estado evitando pensar desde que descubrieron que estaban dentro de una novela.

La historia original.

La novela que Alma había leído antes de morir.

Él apenas conocía los detalles, pero sabía que su personaje tenía un papel importante en la tragedia que rodeaba a Juner. Y también recordaba que la protagonista femenina de aquella historia era una princesa desaparecida.

Una mujer que terminaría cautivando a varios personajes.

Incluido Xie Lang.

Mino frunció el ceño.

—Oye, Alma.

Ella estaba ordenando sus apuntes.

—¿Qué quieres?

—¿Puedes contarme algo sobre esta novela?

Alma se detuvo.

Luego lo miró con expresión pensativa.

—Ah, sí. Hay algo importante que deberías saber.

Mino cerró parcialmente el libro.

—¿Qué cosa?

Alma se sentó frente a él.

—En esta novela, tu personaje se enamora perdidamente de la princesa perdida.

Mino dejó de moverse.

—¿Qué?

—La princesa perdida. Cuando la conozcas, te enamorarás de ella hasta el punto de hacer cosas muy malas por ese amor.

Xie Lang bajó lentamente el libro.

Alma continuó hablando, ajena a la expresión cada vez más oscura de su esposo.

—De hecho, ese amor es una de las razones por las que tu personaje termina metiéndose en tantos problemas. Se obsesiona con ella, empieza a tomar decisiones estúpidas y acaba enfrentándose a personas peligrosas.

Mino la miró fijamente.

—¿Estás diciendo que voy a enamorarme de otra mujer?

—¡No es que yo lo diga! ¡Así sucede en la novela!

Él permaneció en silencio.

Alma se encogió de hombros.

—Es el argumento. Tú te enamoras de la princesa, el rey regente también la quiere y todos terminan haciendo un desastre por ella.

Mino bajó la cabeza.

Después levantó el libro.

Y le dio un golpe suave en la cabeza a Alma.

—¡Ay! ¿¡Por qué me pegas ahora!?

—¡No puedo creer que te gusten este tipo de novelas!

Alma se llevó ambas manos a la cabeza.

—¡¿Qué tienen de malo?!

—¡Todo! ¡Tenía que ser una novela de época antigua!

Xie Lang dejó caer la espalda contra el respaldo de la silla y levantó la mirada hacia el techo.

—No hay electricidad. No hay teléfonos. ¡No hay wifi! ¿Cómo se supone que voy a vivir así?

Alma lo observó con una expresión de profundo desprecio.

—Eres un exagerado.

—¡No puedo ni buscar información en internet!

—¡Porque estamos en otro mundo!

—¡Pues es un mundo horrible!

Alma hizo un puchero.

—Bueno, lo siento, pero los dramas asiáticos de época son muy adictivos. Tienen intrigas políticas, romances prohibidos, traiciones, venganzas, vestidos preciosos...

—Y protagonistas que se enamoran de la mujer equivocada.

—¡Eso también!

Mino la miró con incredulidad.

—¿Cómo puedes disfrutar de una historia en la que tu personaje termina sufriendo y yo me enamoro de otra mujer?

Alma se quedó callada.

Por un instante, la broma perdió su ligereza.

Porque, efectivamente, si la novela seguía su curso original, ambos estaban en peligro.

Ella podía terminar pagando por los crímenes de Juner.

Y él podía convertirse en un hombre capaz de traicionar a su esposa por una mujer que apenas conocía.

Alma apretó los labios.

No.

No permitiría que eso sucediera.

—Escúchame bien, Mino.

Él dejó de mirar el techo.

Alma lo observó con seriedad.

—No puedes enamorarte de esa mujer.

Mino parpadeó.

—¿Qué?

—He dicho que no puedes enamorarte de ella. Si la conoces, mantén la distancia. No te quedes a solas con ella, no te conviertas en su protector y, por favor, no hagas ninguna estupidez por amor.

—¿Por qué?

Alma lo miró como si acabara de preguntarle si el agua estaba mojada.

—¡Porque el rey regente está obsesionado con ella! ¡Es capaz de destruir a cualquiera que se interponga en su camino! Si te enamoras de la princesa y empiezas a competir con él, nos meterás en un problema gigantesco.

Mino se quedó pensativo.

Después miró a su esposa.

—No me voy a enamorar de esa mujer.

Alma lo observó con atención.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—¿De verdad?

—Alma, ni siquiera la conozco. ¿Por qué iba a enamorarme de ella?

Ella sonrió aliviada.

—Espero que sea así. Porque, si recuerdas nuestro objetivo, tenemos que sobrevivir. Y lo último que necesitamos es que te conviertas en el rival amoroso del rey regente.

Mino asintió.

—Entendido.

Alma recogió sus apuntes y se puso de pie.

—Bien. Por hoy hemos terminado. Estoy agotada y voy a dormir.

—¿Ya te vas?

—¡Sí! ¡Y tú deberías hacer lo mismo cuando termines de repasar!

Mino la vio marcharse hacia la cama.

Alma se acomodó bajo las mantas, le dio la espalda y cerró los ojos casi inmediatamente.

En pocos minutos, su respiración se volvió tranquila.

Xie Lang permaneció sentado frente a los libros.

No podía dejar de pensar en las palabras de su esposa.

No me voy a enamorar de esa mujer.

La promesa había salido de sus labios con absoluta facilidad.

Porque, para él, la respuesta era sencilla.

Ya estaba enamorado.

Llevaba años enamorado de Alma.

Había pasado tanto tiempo ocultando sus sentimientos detrás de bromas, provocaciones y discusiones que, en ocasiones, ella parecía convencida de que la odiaba.

Pero no era así.

Nunca lo había sido.

Y ahora que finalmente podía estar a su lado, compartir una habitación con ella y escucharla llamarlo esposo, no tenía intención de desperdiciar aquella oportunidad por una princesa desconocida.

Terminó de repasar la última lección y cerró el libro.

Luego apagó la lámpara y caminó hacia la cama.

Alma dormía profundamente, con una mano asomando por debajo de las mantas y el cabello desordenado sobre la almohada.

Mino se quedó mirándola.

Su expresión se suavizó.

—Qué hámster tan tonto —susurró con cariño.

Se acostó a su lado con cuidado de no despertarla.

Durante unos segundos, dudó.

Después se acercó un poco más y rodeó su cintura con los brazos, atrayéndola suavemente hacia su pecho.

Alma se movió entre sueños, pero no despertó.

En cambio, terminó acomodándose contra él.

Mino sintió que el corazón se le llenaba de una felicidad tan intensa que casi le dolía.

Cerró los ojos y apoyó la barbilla sobre su cabeza.

—No voy a enamorarme de nadie más, Alma —murmuró—. Ya tengo a la mujer que quiero.

Ella no respondió.

Estaba demasiado dormida para escucharlo.

Y Mino, abrazándola en silencio, terminó quedándose dormido a su lado.

Sin saber que, en algún lugar de aquel imperio, la princesa perdida estaba a punto de entrar en escena.

Y que el destino de la novela original ya había comenzado a cambiar.

Porque esta vez, el marqués no estaba esperando a su futura enamorada.

Estaba abrazando a su esposa.

1
Taurel
capítulos atrás dijeron que el emperador era su padre, y que la apreciaba mucho, ya aquí hay incoherencia
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Taurel
hasta el momento me cae fatal se me hace miro mucho para ella
Taurel
hay ya mejor porque no madura está vieja que actitud tan horrible
Bea Ro
hermosa novela
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Nena
muy interesante
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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