Damián y su hijo Elían vivían felices y humildes, hasta que Damián se casó con el poderoso Zorán y su mundo cambió.
NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
— El corazón que elige quedarse
Los días pasaron y Zorán ya no fingió dolor; la herida sanó de verdad, pero algo mucho más hermoso había tomado su lugar: la certeza de que no quería volver a estar sin ellos. Una tarde, llamó a Lía a su lado y le tomó las manitas entre las suyas.
—Tengo algo muy importante que pedirte —le dijo con voz suave—. Quiero que Damián sea parte de nosotros para siempre. Que viva aquí, que sea mi compañero, tu madre de verdad… y me gustaría pedirle que se case conmigo.
Lía soltó un grito bajito de alegría y lo abrazó con fuerza.
—¡Sí, sí, sí! ¡Eso es lo que más quiero en el mundo!
Juntos prepararon todo con esmero. El jardín principal, donde Damián solía sentarse a mirar las flores, se llenó de luces suaves, de pétalos de rosa y de la torta favorita de Damián, hecha con sus propias manos esa mañana. Cuando todo estuvo listo, Zorán fue a buscarlo.
Damián salió al jardín sorprendido, y al verlo allí, de pie, con la mano temblorosa y los ojos brillantes de emoción, se detuvo sin saber qué decir. Lía tomó la mano de Damián y la puso sobre la de su padre.
—Nosotros te queremos para siempre —dijo la niña con voz clara—. Queremos que seas nuestro.
Zorán se arrodilló un instante y lo miró a los ojos.
—Damián… desde el primer día que te vi, supe que tú eras lo que siempre me faltó. Tú me enseñaste lo que es el hogar, lo que es querer sin condiciones. ¿Quieres formar una familia conmigo? ¿Quieres casarte conmigo?
El corazón de Damián latió tan fuerte que creyó que se le saldría. Sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad, pero antes de responder miró alrededor.
—Es lo más hermoso que alguien me ha pedido —dijo con voz suave—. Pero antes de darte mi respuesta… necesito saber lo que piensa Elían. Él es mi mundo entero. Todo lo que soy lo soy por él.
Lo llamó. Elían llegó rápido, y al verlos así, sonrió con los ojos brillantes.
—¿Papá? —preguntó con ternura.
—Me piden que forme una familia con ellos, hijo —le explicó Damián, tomándole la mano—. Que viva aquí, con ellos. Pero nunca haré nada sin ti. Tú vienes primero, siempre.
Elían lo abrazó fuerte y le susurró al oído:
—Diles que sí, papá. De verdad. Tú mereces ser feliz. Mereces todo lo bueno que te puedan dar.
—¿Y tú? —preguntó Damián, buscando su mirada—. ¿Y nuestro hogar?
—Yo no dejaré nuestra casa —respondió Elían con firmeza pero dulzura—. Allí crecí, allí soy feliz. Pero eso no significa que te deje a ti. Seguiremos juntos, como siempre. Yo vendré, tú irás… no nos separaremos nunca. Pero tú mereces estar aquí, donde te quieren, te cuidan y te respetan. Mereces este lugar, papá.
Damián lo miró, y la alegría se le borró del rostro poco a poco. Negó suavemente con la cabeza.
—No —dijo con voz tranquila pero inquebrantable—. Si tú no vienes, yo no vengo. No voy a dejarte atrás. No voy a formar una familia nueva dejando a la persona por la que di todo atrás. Tú eres mi vida, Elían. Si no estás ahí, no me interesa.
—Papá, por favor… —suplicó Elían, apretándole la mano—. No tienes que elegir entre nosotros. Puedes tenernos a todos.
—No —repitió Damián, acariciándole la mejilla—. Mi decisión está tomada. Mi lugar está contigo. Siempre ha sido así y siempre lo será.
Zorán lo escuchaba todo, conmovido profundamente. Comprendió entonces que lo que más amaba de él era precisamente eso: su lealtad, su corazón, que no se dividía, que no cambiaba por ningún lujo.
—Damián —dijo suavemente—. No te pediría jamás que dejes a tu hijo. Nunca.
Damián lo miró con ojos llenos de amor y de tristeza a la vez.
—Lo siento, Zorán. Eres un hombre bueno. Me haces muy feliz. Pero no puedo. Elían va primero. Siempre.
Elían lo miró, con el corazón lleno de admiración y de un poquito de tristeza también. Su padre lo elegía, una vez más, por encima de todo.
—Papá… —susurró—. No tienes que renunciar a nada por mí.
—No renuncio a nada —respondió Damián, abrazándolo—. Ya tengo lo más valioso del mundo. Tú.
Zorán se acercó más, despacio, y los miró a ambos con una sonrisa tierna y decidida.
—Entonces —dijo con voz firme y cariñosa—, que los dos se queden con nosotros. Juntos. Como familia.
Damián lo miró sorprendido.
—¿Quieres que venga también?
—Quiero que vengan los dos —respondió Zorán—. No hay familia sin ti, Elían. Y no hay hogar sin los dos.
Lía aplaudió feliz.
—¡Sí! ¡Vivan los dos! ¡Víviremos todos juntos!
Damián miró a su hijo, y luego a Zorán, y sintió que el corazón se le llenaba de una luz cálida que no cabía en el pecho.
—¿De verdad? —preguntó bajito—. ¿Los dos?
—Los dos —confirmó Zorán, extendiendo la mano—. Sería perfecto.