En una escuela de un pueblo muy alejado de la ciudad. En el campo. Pasan cosas extrañas a los adolescentes del lugar. Algunos desaparecen y reaparecen luego de semanas o meses. Otros sencillamente entran en crisis nerviosa, y ya no quieren volver al lugar.
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Capitulo II. Aisha.
Aisha era una adolescente de 16 años que había tenido algunos problemas en la escuela y en la familia. Sus padres la querían mucho. Era su única hija. Y siempre quisieron darle la mejor educación. Sin embargo, había sido expulsada de varias escuelas, causando algunas dificultades directa e indirectamente a todos en su entorno.
Ahora estaba en su último año de bachillerato y la habían vuelto a expulsar de la escuela donde estaba estudiando.
Lamentablemente, hubo un incidente en donde ella estuvo involucrada indirectamente, y aún cuando no se le comprobó nada, como ya tenía otras amonestaciones, e incidencias en su expediente, el directivo decidió expulsarla.
A la adolescente no le importó mucho eso, ya estaba acostumbrada a cambiar de escuela al menos dos veces en el año. Pero sí le dio mucha tristeza como sus padres se dirigían a ella.
- Hija, ¿hasta cuándo van a suceder estas cosas extrañas a tu alrededor? - decía la mamá con algunas lágrimas en sus ojos, sentada en el asiento del copiloto del auto.
- Por favor, hija, tienes que colaborar con nosotros. Si pasan situaciones peligrosas o extrañas a tu alrededor, aléjate, para que no estés involucrada. Ya falta poco para que te gradúes de bachiller, y de ahí en adelante podrás hacer tu vida en la universidad de tu preferencia, pero mientras tanto, es necesario que te mantengas alejada de estas situaciones extrañas. A veces parece que tú creas estás situaciones. ...- dijo frustrado y furioso el padre, mientras iba conduciendo.
- No digas eso, Raúl. - dijo la señora madre - tu padre y yo hemos conversado, y hemos tomado una decisión para ayudarte en tus estudios. Nos vamos a mudar a su pueblo natal. Es un lugar pequeño con una escuela que tiene pocos estudiantes. Allí tú padre conoce a muchas personas que te pueden ayudar entre los docentes de la institución, y tal vez algunos médicos - dijo la señora refiriéndose a psicólogos - tan solo faltan algunos meses para graduarte, así que es un sacrificio necesario. En cuanto, obtengas tú título de bachiller, volveremos a la ciudad. Te lo prometemos, hija. - concluyó la mujer mayor dándole ánimo a su hija, mientras tomaba la mano de la joven por sobre los asientos del auto.
Luego se giró nuevamente, acomodando su cinturón de seguridad que estaba un poco flojo por el movimiento que había realizado.
La adolescente asintió mirando a su madre, sin protestar. En realidad, a la chica no le importó mucho, si se iban o no de la ciudad . Ellos lo hacían porque ya había asistido a la mitad de los colegios privados de la ciudad, y a la otra mitad ya no valía la pena llevarla porque habían escuchado hablar de ella y le negarían el cupo. Inclusive no valía la pena pedir la solicitud de ingreso en una escuela pública porque también sería lo mismo. Así que lo mejor era salir de la ciudad, y buscar una escuela nueva, donde nadie hubiera escuchado hablar de ella.
Y como no tenía amigos, no le importaba irse lejos por un tiempo. La única amiga que había tenido, se había marchado a otro país hace muchos años. Tal vez por eso, se rodeaba de tantas situaciones extrañas a su alrededor. La soledad era mala compañía en su caso.
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El último suceso que había ocurrido, la ponía en una situación inusual. Dos compañeros de clases se agarraron a puños en el patio de la escuela, sin ninguna explicación. Y ella estaba sentada mirándolos con una sonrisa.
- ¿Qué pasa aquí? - se acercó un profesor para separar a los jóvenes.
- No lo sabemos, Profe. De repente, ellos comenzaron a pelear. - dijo una chica, mientras otros dos compañeros intentaban separar a los jóvenes.
- Ya basta, muchachos. Detengánse. Vamos a la coordinación. - dijo el hombre pero los chicos no se detenían.
Y entonces vio a la joven cerca de ellos sentada en un banca. Los miraba fijamente. Era una mirada que daba escalofríos.
- Aisha - la llamó el profesor en voz alta. Tuvo que llamarla dos veces para que la joven le pusiera atención.
Cuando Aisha respondió al llamado del docente, los chicos dejaron de pelear. Y comenzaron a disculparse entre ellos, y con el profesor.
- Vamos a la oficina. - y viendo a Aisha - Usted también -
- Pero, ... ¿por qué yo? - preguntó, pero no se le veía asombro a lo que decía su profesor.
- Porque estoy seguro que tú tuviste que ver en esto, jovencita - dijo el hombre mientras se acercaba a la chica.
Sin poder escapar a eso. La joven se levantó y siguió a los dos chicos. El profesor iba al frente. Abrió la puerta de la oficina y todos pasaron.
- Sientense. ... ¿qué sucedió? -preguntó el docente con un suspiro.
Los muchachos no hallaban que decir. Ya que no recordaban como empezó la pelea.
- Profe, no sabemos porque peleamos. - dijo uno con voz baja.
El hombre los vio.
- Es cierto, profe. Solo estábamos hablando con Aisha, y al momento siguiente, estábamos peleando. - explico el otro compañero.
Entonces todos miraron a Aisha que estaba sentada en silencio, observando todo.
- ¿Qué tienes que decir, jovencita? - pregunto el hombre mayor.
- No hice nada. Ellos solo me molestaban, y yo estaba en silencio. Sin embargo, les aconsejo delante del profe, que no me vuelvan a molestar. Aprendan la lección - dijo en voz baja, y con una sonrisa.
Es ahí cuando el profesor entiende que la chica tiene algo que ver con lo que pasó. No sabe cómo, pero lo tiene.
- Todos están suspendidos por dos días para que reflexionen de sus acciones. Hablaré con el director, y citaré a sus padres para tomar una decisión sobre su estadía en la institución, basado en sus casos individuales. Esperen en la salita a qué sus padres vengan a buscarlos. La secretaria los llamará. - concluyó él hombre. Y los chicos salieron de la oficina y se sentaron en las sillas dispuestas en la salita.
La secretaria se acercó pidió sus nombres, para buscar sus expedientes y poder llamar a sus padres y así notificarles la situación.
- Tú nos hiciste algo, ¿verdad? - susurró uno de los chicos a Aisha.
La joven lo ignoró.
- Yo no te hice nada, porque me lo hiciste a mí también. - pregunto el otro que era más callado y pasivo que su compañero.
Por fin, Aisha le molestó tanta hipocresía.
- Ambos me molestaron. Pero me decepcionas tú, Albert. Sabiendo cómo te molestan a ti por tu timidez, te dejaste llevar por este tonto para molestarme a mí. ¿Por qué no me pueden dejar en paz? - preguntó la chica.
- Bajen la voz por favor. Sus padres ya vienen en camino - dijo la secretaria, volviendo a su trabajo.
- Rarita, tú nos hiciste algo. - volvió a decir el primero, que estaba bastante cerca de la chica sentado.
- Déjame en paz, Carlos. Sino quieres que algo peor suceda. Aprende la lección y quédate tranquilo - advirtió Aisha.
- Carlos, basta. Déjala tranquila - dijo Alberto con la mano en el brazo del compañero, viendo el peligro en los ojos de la muchacha.
- Tu, cállate, nerd. Quítame las manos de encima. Quién te dijo que soy tu amigo para que me trates así. Y tú, rarita. Está me las pagas. Ya lo verás. - dijo lleno de furia el chico. Siendo hijo de una familia rica, estaba acostumbrada a hacer y tener lo que quisiera. Así lo habían criado.
Aisha se lo quedó mirando. Albert al ver este gesto se apartó de Carlos y se sentó dos asientos más lejos. Y de repente, Carlos sintió comenzó a hacer gestos de que se ahogaba. Se llevó las manos al cuello y trato de hablar pero no podía articular palabra. La secretaria se dió cuenta de lo que sucedía, y reaccionó acercándose.
- ¿Qué sucede? - le preguntaba y Carlos no podía articular palabra por la asfixia.
El profesor salió, vio el alboroto, porque varios estudiantes que pasaban se quedaron en la puerta a observar como Carlos se ahogaba y la secretaria y su compañero se movían intentando ayudarlo. Y fue cuando se dió cuenta que Aisha miraba a Carlos fijamente.
Entonces reaccionó y le gritó.
- Aisha -
Y la joven respondió.
- Dígame, profesor. -
Y Carlos comenzó a respirar. y se movía buscando aire.
- Alejenme de esa rarita. - decía el chico con voz entrecortada - Saquenme de aquí. - pedía el chico llorando.
- Llama a una ambulancia. E informa a sus padres a cual hospital va. Cita a los padres de la joven ya mismo - dijo serio mirando a Aisha que sonreía y no bajaba la mirada, solo miraba a Carlos llorar y tratar de respirar normalmente.
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