El día en que pidió el divorcio, fue el día en que el hombre que juró amarla la humilló de la manera más vil. Con hilos de sangre recorriendo cada centímetro de su cuerpo, llegó al acantilado donde estaban quemando la puerta del infierno, con el objetivo de poner fin a su sufrimiento.
Lo anterior le daría una nueva oportunidad de vivir, ahora como miembro del ejército real. No obstante, Jamás pensó que su primera misión de búsqueda y rescate, la terminaría llevando al lado del ancestro de quien le salvó la vida.
Ahora como guardiana del príncipe Kenshi, primer duque de London, deberá protegerlo de las garras del infierno e incluso de una esposa que con tal de divorciarse de él será capaz hasta de ir en contra de la propia corona.
¿Podrá salvar a alguien que está en el mismo lugar que una vez ella estuvo?
¿Su frío corazón será suficiente para la tarea?
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CAPÍTULO 2
Su esposa, ocultando el hecho de que él era infértil, no solo cometió infidelidad para darle herederos, sino que también poco a poco iba robándole grandes sumas de dinero, cifras que desperdiciaba en basura literal. No fue hasta que su hijo mayor, un niño de tan solo cinco años, se enfermó de leucemia, que pidiendo ayuda a la torre mágica se dio cuenta de que este no era su hijo biológico.
—¡¿Dónde están mis hijos?!—le gritó a la que aun seguía siendo su esposa por ley.
La mujer, luego de que fuera descubierta, evitó a toda costa que su esposo pudiera llevar a cabo su divorcio; no obstante, al verse acorralada, había ofrecido la vida de sus dos hijos a un daimonio.
—En un lugar donde no los encontrarás—empezó a reírse mientras estaba esposada en la silla de una celda—te advierto que la única forma de salvarlos es que sigas casado conmigo, aun cuando me mantengan encerrada, si divorcias mi alma de la tuya, ellos morirán...
Enfurecido, le dio una cachetada que hizo que tosiera sangre. Él, hijo de un duque respetado, por primera vez le había levantado la mano a una mujer. Siendo alguien muy tranquilo, no podía aguantar el hecho de ser chantajeado por un monstruo en vez de madre.
—Si ellos mueren me aseguraré de llevarte al infierno aunque yo tenga que sacrificar mi alma—advirtió con severidad.
—¡Hijo!—regañó su padre.
—¡¿Va a defenderla?!—preguntó exhausto.
—¡No! Pero tampoco permitiré que se vaya mi único hijo—respondió antes de suspirar con pesadez—la última vez que vieron a mis nietos fue en la aldea a cuatro horas de London.
Aquella revelación sorprendió a los dos duques, a su hijo porque esa aldea estaba tomada por daimonios y a su esposa porque se suponía que nadie sabía sobre esa ubicación.
—Entonces, ¿Ya están...—quiso preguntar, pero su corazón adolorido no se lo permitió.
—No, aun no—respondió—si de verdad Anastasia hizo un trato con un daimonio, este aun no usará la vida de los niños hasta que ella obtenga lo que quiere. He enviado a uno de mis mejores soldados, en unos días debemos tener noticias.
A lo lejos, en un convoy militar, cuatro camionetas tipo "Thornycroft" conducían rumbo a una de las aldeas con mayor infestación de daimones en la zona metropolitana de la capital. En una de ella, iban tres soldados: dos hombres y una mujer.
—No puedo creer que hayan enviado a una novata para la misión—dijo el conductor en un murmullo—¡Menos que sea una mujer! ¡Apuesto que le llegará el periodo en mitad de la misión y por los cólicos no podrá continuar!
Su compañero, pálido al escucharlo, le dio un pequeño pellizco seguido de una señal para que se callara. SI bien concordaba con el de que ella era la "menos experimentada" si fue designada para la misión había sido por algo, por lo que no quería tener ningún problema con su capitán por meterse con el "ángel sin sentimientos".
La mujer, quien era la más joven soldado en todo el equipo, con apenas treinta años de edad, había conseguido que su primera misión fuera una rango 1, es decir: una de gran importancia. Aquello llenó de envidia, así como de perplejidad, a varios de sus compañeros.
Al escuchar las palabras de su compañero, decidió seguir haciéndose pasar por dormida. No porque le diera vergüenza su menosprecio, sino porque le daba igual y no quería gastar energías en situaciones innecesarias. Quería estar centrada solo en una cosa, aunque tuviera que pasar en sobre un campo lleno de sangre, y era el encontrar a los nietos del hombre que le había salvado la vida.