En su vida anterior, Elena fue ingenua, confió en las personas equivocadas y pagó el precio más alto. Engañada por su media hermana Beatriz y su prometido Mateo, vio cómo le arrebataban la empresa familiar antes de ser eliminada en un "accidente" orquestado. Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Al abrir los ojos, Elena descubre que ha regresado tres años en el tiempo, justo a la noche de su fiesta de compromiso y minutos antes de ceder sus valiosas acciones.
Con los recuerdos intactos y el conocimiento exacto del futuro, esta vez no habrá espacio para la compasión. Romperá el compromiso, tomará el control del imperio familiar y hará caer uno a uno a quienes la traicionaron. Y mientras su ex-prometido desespera por recuperarla, Elena encontrará en Sebastián la alianza perfecta y el amor sincero que siempre mereció...
"Regresé del infierno no para perdonar, sino para cobrar cada deuda."
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Capítulo 1: El abismo y el despertar
El helado sabor del metal y la sangre llenaba la boca de Elena.
Atrapada dentro del vehículo volcando en la orilla del barranco, sus piernas estaban aplastadas por el chasis destrozado. El olor a gasolina mezclado con la lluvia fría presagiaba el final.
A través del parabrisas roto, dos figuras la observaban bajo la protección de un paraguas negro.
—Asegúrate de que no salga con vida, Mateo —murmuró Beatriz con voz dulce y calculadora, acomodándose el abrigo de piel que Elena le había regalado en su cumpleaños—. Si sobrevive, los documentos de la transferencia de acciones que firmó hoy no servirán de nada.
Mateo, el hombre al que Elena había amado ciegamente durante cuatro años y con quien planeaba casarse en un mes, soltó una risa fría y despectiva.
—Tranquila, primita. El freno falló, como estaba planeado. Fue un trágico "accidente".
Elena intentó gritar, pero solo logró expulsar un hilo de sangre. Toda su vida había sido una mentira. Había entregado su confianza, la empresa de su difunto padre y su corazón a Mateo, mientras trataba a Beatriz como a una verdadera hermana. Al final, solo era una pieza en su juego de codicia.
De pronto, el sonido ensordecedor de un motor rompió la tormenta. Un deportivo negro frenó bruscamente a pocos metros. Un hombre bajó desesperado, ignorando la lluvia y el peligro.
Era Sebastián Rossi. El magnate reservado y frío al que Elena siempre había evitado, influenciada por las constantes advertencias manipuladoras de Mateo.
—¡Elena! —gritó Sebastián, lanzándose hacia los restos del auto ardiente sin dudarlo.
—¡Señor Rossi, apártese! ¡Ese auto va a explotar! —advirtió su asistente desde atrás.
Sebastián no escuchó. Rompió la ventanilla con sus propias manos, ensangrentándose las palmas mientras intentaba liberarla. En sus ojos, siempre distantes y austeros, Elena vio por primera vez un dolor puro y desgarrador.
—Resiste... por favor, Elena, resiste —suplicó él con la voz quebrada, aferrando la mano congelada de Elena.
¿Por qué?, pensó Elena, sintiendo cómo sus fuerzas se apagaban. ¿Por qué el hombre al que siempre rechacé está arriesgando su vida por mí, mientras que a quienes amé celebran mi muerte?
Una explosión ensordecedora iluminó la noche. Las llamas lo consumieron todo.
...
—¡Elena! ¡Elena, despierta!
El grito estridente de una mujer la sacó de la penumbra.
Elena abrió los ojos de golpe, jadeando violentamente. Se llevó las manos al pecho: no había sangre, no había dolor, no había olor a gasolina quemada.
Se encontraba frente a un tocador de cristal rodeado de luces cálidas. Vestía un elegante vestido de noche color marfil y un collar de diamantes resplandecía en su cuello.
—Por fin reaccionas —dijo Beatriz, ajustándole el peinado con una sonrisa falsa—. Estás a punto de salir al salón. Mateo y los abogados te están esperando para anunciar el compromiso y firmar la cesión del 30% de tus acciones de Silva Corp.
Elena miró el espejo, impactada. Reconoció el vestido, las joyas y el lugar.
Era la noche de su fiesta de compromiso de hace tres años. El día exacto en que entregó la primera parte de su imperio a Mateo Peralta.
El destino le había dado una segunda oportunidad.
Un brillo frío y calculators impregnó la mirada de Elena mientras una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.
—¿Las acciones? —murmuró Elena levantándose con una elegancia impecable.
—Sí, la carpeta está lista en la mesa principal —presionó Beatriz con avaricia disimulada—. Mateo dará el discurso de apertura en cinco minutos.
—Perfecto —dijo Elena, mirando a su media hermana a los ojos con tanta frialdad que Beatriz dio un paso atrás, estremecida—. Vamos al salón. No quiero hacer esperar a mi "querido" prometido.
Mateo, Beatriz... prepárense. Esta vez, el infierno lo caminarán ustedes.