Minutos más tarde, ya estaba entrando al edificio donde debe de trabajar todo el día. El guardia de seguridad mira su tarjeta de presentación y lo deja pasar, aún ni siquiera el mismo guardia que ha estado en la puerta tres años seguidos lo ha reconocido a él. Bueno, habían muchos trabajadores, pero el sujeto fornido y de gafas de sol lo conocía hace tres años y ni se acordaba que trabajaba allí cada vez que entraba, pero el hijo de puta se acordaba el nombre y apellido del resto que ni siquiera iban todos los días de la semana por tres años seguidos.
Los sonidos de las suelas de sus zapatos choca contra el piso y hace sonar un sonido particularmente fuerte entre todo el silencio. Mientras avanza más, el sonido de sus zapatos no son los únicos. La voz de personas atendiendo llamadas y gritando inundaron los pasillos, las pisadas de otros zapatos acompañaron los suyos, sus compañeros que ni se sabía el nombre pasaron junto a él y chocaron sus hombros. Los sujetos sólo siguen adelante, demasiado ocupados en su trabajo para sentir humanidad y disculparse por el choque.
Mira la puerta donde salía y entraba gente con rapidez. Los pasos de todos eran rápidos, y la mayoría tenía un teléfono en mano y papeles en su otra mano libre.
El trabajo allí era muy atareado, por lo que ni tenían pensamientos propios. Eran como máquinas en las horas de trabajo, y los pocos que sí tenían un tiempo en pensar en sus casas eran los que menos trabajaban.
Ni siquiera toca la puerta y ya es abierta por un molesto compañero de trabajo que lo intercepta antes de que se le ocurriera evadirlo. Este es Charlie Giordano, un hombre adulto de cabello castaño claro ondulado y brillante, parecía preocuparse mucho por él, ya que casi todos a su edad ni cabello tenían. La cosa más preciada en Charlie Giordano era su cabello, sin exagerar. Ya lo había escuchado hablar con amargura por el teléfono con su esposa, también escuchó el chisme de que tenía una amante, y lo último que escuchó en su conversación por teléfono fue que planeaba divorciarse, desde que escuchó eso decidió no meterse más.
—¡Hola, Richard! ¿Podrías mandar esto a fotocopiar? Tiene que ser a color porque al genio de Marti se le ocurrió escribirlo como si estuviera en primaria.— Dijo Charlie, levantando una hoja y dándosela en la mano.
—Bueno, tampoco para exagerar. Sólo tuve un momento de imaginación.— agrega un hombre de cabello negro corto que usaba tirantes, camisa blanca y pantalones negros, pasando por el pasillo con un teléfono en mano.
Richard piensa que exagera, pero al leer el texto se da cuenta de los colores que utilizó para escribir en su computadora. Parecía estar escrito por un niño que aprendió a usar Word. Cada frase era de un color llamativo, las imágenes eran muy grandes a comparación del texto y habían varias palabras mal escritas. No puede creer que un adulto haga eso, pero Marti era la reencarnación de "Madurar es de frutas"
—Guau.... ¿No quieres que vuelva a copiar todo, pero a mi estilo? No creo que quede tan bien que le entreguen esto al jefe.— recuerda que esos papeles eran para una reunión importante, si hubiera sido por otra cosa lo hubiera dejado pasar, pero como eran papeles importantes prefería hacerlo él de buena forma, como un adulto responsable y maduro, no como un adulto con mentalidad infantil.
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