Franco salía muy divertido del comportamiento de Juan cuando llegó a mitad del restaurante, se le fue toda la alegría, su cuerpo temblaba, sus piernas pesaban, sí, allí está su niña sentada, sonriendo muy animada con un grupo de chicos y chicas, Franco no se dio cuenta de que allí también estaba Daniel, quien al ver a Franco, abrió sus ojos como si hubiera mirado un fantasma de esto se dio cuenta Ivana, Franco como pudo regresó a la cocina.
Ivana: que te sucede Daniel, tienes la cara como si hubieses visto un fantasma.
Daniel: algo así espérenme un momento iré al servicio.
En la cocina, al ver así a Franco, flaco no pregunto más, tomo el mandil y salió a recibir la orden mientras Juan trataba de calmar a Franco.
Juan: que te sucedió, tú nunca fuiste así, siempre enfrentaste tus problemas, qué sucede ahora.
Franco: este no es un problema, es mi vida, y la vi hoy.
Juan: no te entiendo.
Daniel: (tocó la puerta)puedo pasar.
Juan: no, no puedes pasar, está prohibido para los clientes.
Daniel: quiero hablar con Franco.
Juan volteo, a ver a donde había dejado a Franco y ya no había nadie.
Juan: aquí no hay ningún Franco.
Daniel: por favor necesito hablar con él.
Flaco: (que ya estaba de regreso) disculpe joven, puede regresar a su mesa, en un momento le llevaremos su pedido
Daniel: disculpe, quisiera conversar con Franco.
Flaco: no, tenemos ningún Franco trabajando, para nosotros por favor, regrese a su mesa.
Daniel: está bien, disculpe.
Daniel se fue a su mesa, flaco ingresó a la cocina por los pedidos.
Flaco: y Franco, Juan, en dónde está Franco.
Juan: creo que se fue, no sé tal vez cuando impedía qué ese muchacho entrara, voltee a verlo y ya no estaba.
Flaco: al parecer, alguien lo puso mal, tal vez ese joven.
Juan: no creo dijo, no es un problema, es mi vida y la vi hoy.
Flaco: que habrá querido decir, se veía bien mal.
Mientras tanto, Daniel llegó a su mesa.
Ivana: te sientes bien, estabas pálido y con los ojos muy abiertos, te sientes bien.
Daniel: sí, si estoy bien.
Amigo: vamos Daniel, cambia de cara, apenas hoy, logramos convencer a Ivana para que nos acompañe, mírala se ve animada, no lo arruines.
Daniel: sí tienes razón.
Franco, había llegado en su moto a la playa, corrió como loco de un lado a otro aún con el mandil puesto, se echó en la arena, en su mente solo estaba Ivana sonriendo.
Franco: mi hermosa niña, hoy me di cuenta de que no puedo olvidarte, te vi con tu hermosa sonrisa, qué deseaba correr hacia ti, abrazarte, besarte y decirte cuanto te amo, qué no puedo olvidarte y nunca lo voy a hacer, te amo ¡te amo! ¡Te amo mi niña! ¡Te amo!
Nuevamente, sus lágrimas salían sin permiso, él sentía que no tenía control de su cuerpo, aún recuerda lo duro que tenía que ser para proteger a sus hermanos, pero de lo que fue alguna vez, desde que conoció a Ivana se convirtió en su debilidad.
Durante todo ese tiempo Ivana recibía clases virtuales, allí conoció amigos, qué también conocían a Daniel, uno de ellos, Víctor, había puesto total interés en Ivana, eso le molestaba a Daniel; sin embargo, no podía decir ni hacer nada, por que es decisión únicamente de Ivana. Desde que don Yuré, conoció a Nicolás le agarro una estimación, es por ello que le está apoyando para que estudie y siga una carrera, cuando Ivana se cruzaba con Nicolás, ya no le ponía mala cara, incluso, ya conversaban, pero Diana le dijo a Nicolás que estaba prohibido hablar de Franco con Ivana.
Cuando terminaron de comer, salieron del restaurante y se fueron a pasear, mientras Franco vio su reloj, ya faltaba 1 hora para la firma, así que fue a su casa, no encontró a nadie, entró se duchó, cambió y salió hacia el restaurante, tenía que devolver el mandil, al llegar al restaurante se encontró con flaco.
Flaco: Franco, te encuentras bien.
Franco: sí, disculpa, vine a devolver el mandil, qué me llevé.
Flaco: no era necesario, sabes que hay muchos mandiles.
Franco: lo sé, también vine a disculparme por haber salido así.
Flaco: pierde cuidado, Franco, fue por la chica, no es así.
Franco:...
Flaco: no tienes que decir nada, lo supuse, vi a la chica de hermosos ojos como tú siempre la describías, es ella verdad.
Franco: sí, (suspiró) si es ella, mi niña.
Flaco: no sabía, lo que pasaba hasta que la vi, realmente es muy hermosa.
Franco: lo es, es mi niña hermosa, pero que estoy diciendo, ella es mi prima, no debo, ni siquiera referirme de esa manera a ella.
Flaco: vamos Franco, conoce más personas, trata de vivir tu vida, mira, ella lo está haciendo.
Franco: no puedo, como le digo a mi corazón, que se olvide de su amor y sé enamore, de otra, no, no es fácil.
Flaco: sé que no es fácil, mírame aún sigo amando a mi primer amor.
Franco: si la vieras en la calle con un nuevo amor.
Flaco: pues, si la veo feliz, yo sería feliz de saber que mi amor es feliz, sabes Marina siempre fue una mujer muy hermosa, de hecho tiene los ojos igual a los ojos de tu amor.
Franco: espérate, dijiste Marina, Marina, cuál es su apellido.
Flaco: Marina Ortiz Moroz.
Franco: estás hablando de mi mamá.
Flaco: no puede ser entonces tú eres mi hijo.
Franco: no sé, cuál es el nombre de tu hijo.
Flaco: la verdad no sé que nombre le han puesto, yo me aleje de ellos cuando apenas nació, ni siquiera tuve el valor de verlo.
Franco: eso fue cruel.
Flaco: lo fue, me pasó por confiar más en mi madre y no en ella, pero ya de que vale llorar sobre la leche derramada. Solo quisiera recuperar el cariño de mi hijo claro si se pudiera.
Franco: fuiste inmaduro, qué joven no comete error en la vida.
Flaco: hace mucho que no sé nada de ella ni de mi hijo.
Franco: ella está bien, aunque perdió la vista, pero desarrolló sus sentidos, tuvo dos hijos más, a Nicolás y a nuestra hermana Nisa.
Flaco: entonces tú eres el mayor.
Franco: sí, por un año, soy mayor que Nicolás.
Flaco: entonces tú, tú eres mi hijo.
Franco: como es el destino, mi familia siempre estuvo cerca a mi y nosotros ni sabíamos.
Flaco: sí, puedo darte un abrazo hijo.
Franco: sí, a todo esto cual es tu verdadero nombre, porque no puedo andar diciendo que el flaco es mi papá.
Flaco: ja, ja, ja no verdad, mi nombre es Gonzalo Montalvo Villalba.
Franco: bien papá Gonzalo.
Flaco: gracias, gracias hijo por llamarme papá.
Juan: flaco ya, terminé, Franco estabas aquí, esperen porqué, se abrazaron, qué me perdí.
Franco: en dónde estabas.
Juan: limpiando la mesa, y como hay una linda chica, pues me puse a conversar con ella, y no me han dicho por qué se estaban abrazando, o es el día del abrazo, porque entonces yo también quiero uno.
Flaco: ja, ja, ja, entonces ven a mis brazos.
Juan: es en serio, ay, ay, no me abrases tan fuerte que no puedo respirar, Franco ayúdame.
Los tres empezaron a reír.
Franco: 💭 gracias Dios porque me das una familia así de grande y maravillosa, ahora encontré a mi papá y a mi mamá, solo permíteme encontrar a mi hermana Nisa.
Entonces el celular de franco empezó a sonar.
Franco: 📱aló.
Díaz : 📱señor Franco nos podemos encontrar en el restaurante” del sabor” digo será posible.
Franco: 📱si de hecho, me encuentro en el establecimiento en este preciso momento.
Díaz: 📱Oh, es perfecto, estoy cerca llego en 5 minutos.
Franco:📱 bien la espero.
Juan: esperar a quién.
Franco: voy a esperar un abrazo, quieres otro.
Juan: no, ustedes son malos, me quieren asfixiar.
Flaco: qué exagerado eres, si te abrazara realmente fuerte destrozaría todos tus huesitos.
Franco: ven yo te abrazo.
Juan: no, ya no quiero, pero si quisiera un abrazo de esa hermosa rubia.
Juan se encontraba viendo por la puerta.
Franco: ya estás viendo visiones, creo que lo abrasaste muy fuerte.
Juan: es en serió, es muy hermosa iré a atenderla.
Franco:sí ve, allí nos cuentas.
Juan salió y se acercó a la rubia.
Juan: hola hermosa en que te puedo servir.
Rubia: bueno, estoy esperando a una persona, cuando él llegue ordenaremos.
Juan: está bien estoy a sus servicios
El celular de Franco empezó a sonar.
Franco: 📱señorita, Díaz
Díaz: 📱 no es de caballeros hacer esperar a una dama.
Franco: disculpe, pero me dijo en 5 minutos, apenas son tres minutos.
Díaz: 📱ya me encuentro en el establecimiento y no lo veo.
Franco: 📱 sí, ya estoy allí.
Franco se cruzó con Juan que estaba todo embobado, al salir él vio que lo que decía Juan era cierto, allí había una hermosa rubia.
Franco: perdone, señorita Díaz.
Díaz: si hola señor Franco, llámeme Débora.
Franco: bien, señorita Débora ha traído el contrato para firmar.
Díaz: hay, así de seco, acaso no me va a invitar una taza de té
Franco: sí, si claro, permíteme traer una.
Díaz: una, acaso no me va a acompañar.
Franco: haber señorita Díaz, la verdad, no estoy para cumplir con caprichitos, quedamos encontrarnos para firmar un contrato, se va a firmar o no.
Díaz: huy, si le dijera que no, por su comportamiento, qué diría usted.
Franco: pues bien, entonces no pierda su tiempo y tampoco me la haga perder a mí, con permiso.
Díaz: señor Franco, pero en ningún momento yo le he dicho que no.
Franco ya se estaba yendo, se detuvo al escuchar decir eso, cerro los puños y volteo.
Franco: está bien dígame, entonces en dónde tengo que firmar.
Díaz: Oh, si vea aquí está el contrato, léala y vea sí, está de acuerdo.
Franco leyó con detenimiento, algo muy dentro le decía que era mala idea firmar ese contrato, pero igual lo hizo.
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