..."Las vacunas son los remolcadores de la salud preventiva."...
...—William Foege....
El tiempo fue pasando, –relata Alexander en su bitácora–, las ganancias de la farmacia se estabilizaron en un punto, no habíamos creado algún producto nuevo en varios meses, la culpa era mía, preferí centrarme en vigilar el crecimiento de Sofía, por lo que me mantuve algo distanciado, pero era momento de regresar, así que cerca de un año después del nacimiento de Sofía por fin volvía a la tienda.
Al llegar me llevé una sorpresa, no había celebrado mi cumpleaños número 15, pero todos en la farmacia lo habían recordado, habían preparado un pastel con mi nombre en el centro, decorado con ambientación médica, realmente me coloco feliz, hasta ese momento solo le había dado atención a Sofía, me había descuidado un poco, pero esto me hizo darme cuenta de que podía distribuir mi tiempo de otras maneras.
Aunque la felicidad de la celebración duro poco, un hombre entro gritando por la puerta principal, preguntando si ese lugar era la sede del gremio de médicos para desplomarse frente a los presentes, rápidamente corrí hacia él, sin protección alguna le tome signos vitales, por lo menos se encontraba vivo aún, simplemente había perdido la conciencia aunque algo no me gustó para nada.
Al retirarle la camisa para refrescarlo, pude observar lo que me temía, rápidamente cree un tapabocas para todos los presentes, ya que en el abdomen de aquel hombre en forma de un cinturón se hallaba una cantidad incontable de vesículas, las cuales son burbujas de líquido en la piel, pero por su forma, estábamos ante un cuadro de reinfección del virus del herpes zóster, mejor conocido como varicela.
Espere hasta que aquel hombre despertara, necesitaba conocer donde se había reinfectado, a fin de cuentas, está enfermedad en mi mundo había matado miles de personas, además de ser mucho más agresiva en adultos, pero mientras él recobraba la conciencia, fui directamente a hablar con mi padre en el segundo piso, para encontrarme con todo el gremio vuelto un desastre.
La infección por varicela no era un evento aislado, más de la mitad de los asociados habían enviado desde aves hasta humanos mensajeros para saber cómo lidiar con esta situación, era la primera vez en la historia de este mundo que se presentaba una epidemia a tal escala de este virus, no estaban listos para la situación, había que hacer algo y debería ser pronto.
Inmediatamente, me dirigí a la oficina que tenía en la farmacia, debía solucionar este problema rápidamente, así que gracias al sabio me puse a redactar la guía utilizada en mi mundo para casos de epidemia como este, pero no sería suficiente con hacer llegar esa información, necesitarían métodos de barrera, pero sería complicado la creación a tal escala de tapabocas y guantes en este momento, pero en ese momento recordé aquel principio.
Ninguna infección se propaga sin un huésped capacitado para su diseminación, había una solución más económica y rápida de producir para la farmacéutica, así que fui donde aquel hombre que aún se encontraba inconsciente y rompiendo cualquier principio ético de vulnerabilidad con el paciente tome una muestra sin su consentimiento, pero con esto podría salvar a cientos o miles.
Con el fluido que tome de la vesícula, me dirigí inmediatamente a la oficina, pero ahora necesitaría un medio para multiplicarlo, por lo que envié a comprar un cordero, aunque me parecía cruel con el pobre animal, me veía en la obligación por la situación, no tenía mente para buscar otra alternativa, además que este virus solo produce sintomatología en los primates, por lo que estaría segura.
Una vez trajeron el cordero, le inoculé con una inyección el virus, además de acelerar el proceso con magia para que el virus se multiplicará rápidamente, luego lo aislé, y gracias al sabio, supe con qué químico lograban atenuar el virus en mi mundo anterior, por lo que recree la circunstancia, probándolo directamente en mi, además de acelerar el proceso de la inmunidad para poder exponerme inmediatamente.
Para mi sorpresa, lo había logrado, había fabricado la primera vacuna de este nuevo mundo, que irónicamente no había sido tomada de una vaca en primer lugar como en mi mundo anterior por el descubrimiento del Bacilo de Calmette-Guérin, por lo que no se debería llamar vacuna sino caprina, pero así puedo honrar de alguna manera mi pasada vida, por lo que conservaré el nombre.
La cuestión ahora era distribuirlo, pero había una manera, mucho más eficiente que ninguna, por lo que fui inmediatamente donde mi padre, le mostré la vacuna, además de aplicarle la dosis de inmediato, pero antes de poder siquiera decirle lo que pensaba, ya se encontraba enviando un emisario al palacio avisando nuestra llegada al día siguiente, me había leído la mente.
Partimos por la mañana, con cerca de 100 dosis, lastimosamente no había logrado fabricar más durante la noche, pero algo era un inicio, por lo menos para los galenos en el frente de la epidemia, llegaríamos cerca del medio día al palacio, donde yacía un círculo mágico capaz de distribuir mercancía por todo el reino en cuestión de segundos, algo así como un teletransporte.
Pero al llegar, paso algo inesperado, quién se encontraba en la entrada del palacio era ni más ni menos que el rey, mi padre rápidamente se postró frente a él, siguiendo sus pasos también me arrodille, pero con palabras gentiles nos pidió que nos levantáramos del lugar y lo siguiéramos, afirmando ser consciente de la situación, además de haber hecho los preparativos para el envío de las vacunas.
—Con que tú eres Alexander. –dijo Leo mientras se dirigían al círculo mágico.
—Si su majestad, —respondió Alex mientras seguía a Leo de cerca–, soy Alexander Snow, el primer hijo de Edward.
—Aunque veo que ya sabes quién soy, me llamo Leonardo Rafael Dionisio Lidistri Avalon, sexto rey de la dinastía Lidistri, pero me puedes llamar Leo.
—Está bien, su majestad Leo. –respondió Alex dudoso de aquella petición.
—Leo a secas, estamos en confianza.
La conversación se cortó al ingresar a la habitación del círculo de teletransporte, se trataba de un cuarto grande, de unos 30 metros cuadrados, en forma de círculo con una entrada de luz la cual potenciaba el poder, con pequeños círculos mágicos dentro de uno masivo con el nombre de cada ciudad, por lo que distribuimos rápidamente las dosis y un brillo enceguecedor fue la señal de activación.
Lo habíamos hecho, pero aún era muy poco, necesitábamos producir la vacuna en mayor cantidad, lo suficiente para cubrir los cerca de 20 mil habitantes del reino que se encontraban en riesgo, pero nadie mejor para ayudarnos con esa hazaña que el mismísimo rey de la nación, era momento de negociar con la instancia más alta del estado, pero el se encontró abierto a la conversación, nos reuniríamos de inmediato...
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