..."No hay nada que favorezca más a un enfermo que el ser curado por un médico de su confianza"...
...—Seneca....
El viaje tomó un día como se había previsto, –comenta Edward mientras se baja de un carruaje–, siempre se encuentra a una gran distancia la ciudad donde vivimos de la capital del reino, pero al menos vengo en carruaje y no galopando, –se sonrió suavemente mientras ingresaba a una residencia–, pasaré la noche en este lugar, para asistir por la mañana donde su majestad.
Al día siguiente
Edward partió cerca de las 8:00 horas hacia el castillo, donde sería recibido por el rey, principalmente para qué le brindará reporte acerca de los tratamientos suministrados durante los últimos dos meses, además de revisar la salud del rey, junto a la de toda la corte real, ya que sería impensable que el rey enfermara, siendo sobre todo una persona de tan corta edad quien se encontraba en el cargo.
El actual Rey, había tomado poder el año anterior, debido al fallecimiento de su padre de manera repentina durante una celebración en la cual se le podía observar muy eufórico, dejándole de esta manera la carga de una nación a su hijo mayor, quién pese a todo pronóstico se ha mantenido firme aunque solo cuenta con escasos 18 años, los suficientes para considerarse mayor.
Se trataba de un joven castaño, de un metro setenta aproximadamente, con cierta inocencia e incredulidad en su mirada azul como el mar, pero manteniéndose firme siempre en sus decisiones, lo que le permitió ganar la confianza de la corte real; actualmente se encontraba algo débil, pálido y sin fuerzas de realizar nada en lo absoluto, motivo que Edward utilizo para tratarlo con magia.
Luego de haberse recompuesto un poco, el joven rey decidió disfrutar de un banquete en compañía de Edward, quién pese a negarse en múltiples ocasiones, se vio obligado a aceptar por tratarse de su majestad, para una vez terminado el tiempo de comer, comenzar de una vez por todas con el reporte de atenciones brindadas, el pago.de honorarios y las nuevas estrategias para combatir los problemas del pueblo.
—Edward, –menciono el rey mientras comían–, ¿tienes un hijo un poco menor que yo, verdad?
—Si su majestad.
—No seas tan formal conmigo, en cualquier caso, eres mi doctor, en quién más podría confiar sino en quien depósito mi vida, llámame Leo.
—Está bien, señorito Leo.
—Mucho mejor, –dijo el Rey mientras sonreía de la felicidad–, háblame de tu hijo, ¿ya va contigo a tratar los enfermos?
—Si señorito Leo, –responde Edward mientras recuerda la promesa que le había realizado a Alex–, es incluso mejor médico de lo que yo soy a su corta edad.
—¡Wow! ¿En serio?, quisiera conocerlo alguna vez.
La charla poco a poco se fue desviando hacia trivialidades, hasta que luego de unos 15 minutos terminaron de comer, marchándose directamente a la sala de reuniones, donde primero hablaría Edward con el señorito Leo en privado sobre los avances y tratamientos realizados, debido que esté último era un entusiasta de la medicina, para el día de mañana realizar lo mismo, pero en esta ocasión frente a toda la corte real.
Una vez dentro de la habitación, Edward comenzó informándole sobre los tratamientos realizados de manera individual por él, para proseguir a narrar las acciones que Alexander había cometido y como pese a ser algo desconocido había funcionado, acto que dejó impresionado inmediatamente al soberano del país, momento justo que Edward aprovecho para lanzar la bomba.
—En cuanto a mi hijo, –dice Edward convencido–, le tengo una solicitud señorito Leo.
—Coméntame, quizás esté bajo mi alcance. –responde burlonamente el rey, siendo consciente que es capaz de casi todo.
De esta forma Edward comenzó a narrarle sobre la idea de Alexander de crear una institución similar al gremio de comerciantes, pero en esta ocasión para los galenos, siendo un lugar en el cual se puedan reunir para realizar actualizaciones a sus conocimientos, además de tener un apoyo en cualquier circunstancia, palabras que dejaron al señorito Leo pensativo.
Era el momento perfecto para demostrar los inventos de Alexander que Edward había llevado consigo, sacando de un maletín el microscopio que Alex había enviado como un regalo para su majestad, además de mostrarle los recipientes con las bacterias, las placas tintadas por Alexander con anterioridad, el cómo utilizar dichos objetos, guardando para el final el uso del antibiótico, lo que por la cara del señorito Leo había terminado de convencerlo.
Luego de bromear un poco con Edward, se colocó serio, hablando como un soberano por primera vez en lo que había transcurrido del día, afirmando que la petición de Edward y su hijo era un deseo muy complicado, pero que se lo concedería a cambio de una condición, la cual era conocer en persona al inventor de tales maravillas, mientras firmaba un documento que autorizaba la creación del gremio.
...Dos días después...
El día siguiente transcurrió con normalidad, donde Edward le hablo sobre lo mismo a la corte real la cual también se asombró e incluso llegaron a manifestar su deseo de poseer aquellos bichitos en sus residencias, también apoyando de manera efectiva el deseo de Alexander, dejando anonadado a Edward quién pensó que absolutamente toda la corte se encontraría en contra.
Actualmente, Edward se dirige en el carruaje hacia su residencia, donde en la entrada del sitio, lo espera Alexander junto a Isabel, quienes se encontraban preocupados por su bienestar el tiempo que se mantuvo por fuera de la ciudad, pero llevándose una sorpresa, sobre todo Alexander quién no creyó posible el regreso de su padre con buenas noticias, debido a su negación inicial.
Una vez con el permiso, –piensa Alexander–, la cuestión más complicada para la creación del gremio había sido solucionada, solo era cuestión de encontrar un sitio adecuado en el cual establecer la sede principal y comenzar a atraer los asociados, pero para esa situación tenía a las dos personas perfectas, Lady Cynthia y la señorita Helena, quién mejor que ellas para distribuir la información.
Rápidamente, marché hacia sus residencias, donde en ambos casos me recibieron cordialmente, siendo de lo más gentiles, pero volviéndose muy felices al escuchar ingresos por parte del gremio, aceptando inmediatamente, mientras que enviaban mensajeros con los recados a conocidos; decidí regresar a la residencia Snow, donde para mi sorpresa se encontraba una mujer que nunca antes había conocido, ¿quién es ella?...
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Arlette Andrade Ruiz
quien será esta mujer misteriosa
2024-01-24
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