Mi familia se enteró de mi embarazo de una forma no tan agradable, yo quería que fuese algo más significativo, o sea no niego que no se alegraron, mis padres fueron los más dichosos, por fin serian abuelos, pero a pesar de que yo estaba feliz con la noticia mi cara reflejaba tristeza y dolor, mis ojos estaban hinchados por haber llorado tanto. Y era de esperarse, si luego que Cristian salió del consultorio, solo lloré, recobre un poco la cordura y decidí irme a mi casa, porque quedarme allí, ni siquiera podía ver a alguien en esta situación, le informe a la Sra. Nancy que cancelará todo por ese día, salí sin dejar que viese mi rostro. Tome un taxi y no sabía a donde dirigirme, mis amigas estaban fuera del país, aquí solo estaba mi familia, le dije al taxista que tomara la ruta más larga, llore amargamente, solo coloque mis manos sobre mi vientre y le expresé: No quiero que sufras pequeño o pequeña, me esforzaré por ti, por ambos, te amo desde siempre.
Al llegar a mi destino, la casa de mis padres por ese instante creí que me había quedado sin lágrimas, pero al ver a mi madre quien se extrañó de verme llegar tan temprano, me deshice nuevamente en llanto, me sostuvo entre sus brazos, como cuando era niña, me consoló como cuando lo único que dolía era una rodilla raspada, enjugo cada una de las lágrimas, me llevó hasta mi habitación en silencio, como si supiese que no quería usar palabras para expresar ese dolor, me recostó sobre la cama, salió y regreso con un chocolate caliente.
- Toma cariño, debes recuperar algo de fuerza.- su voz era la más suave y tierna.
- Mamá, no, puedo.- Apenas dije entre sollozos.
- Está bien mi niña, ya pasará.- Solo acaricio mi cabello.
No supe en qué momento me había quedado dormida, unas grandes arcadas me hicieron correr al baño, sin duda me hizo volver a la realidad.
Mi padre conociendo parte de los detalles a través de mamá, entró a la habitación.
- Mi niña, tu madre me ha comentado que estás un tanto indispuesta. ¿Qué tienes pequeña?.- Mi padre intenta hacer que hable.
- Hablemos en la sala, quiero contarles algo a todos. - Logré decir con algo de dificultad.
Mi madre nos recibe, toma mi mano y vamos a la sala, mi hermano ya estaba molesto aún sin conocer mayores detalles, al verme reacciona y pregunta con enfado:
- Mamá me has dicho que no has dejado de llorar. ¿Es por ese imbécil, no es cierto?.- Está muy airado.
- Hijo cálmate, deja que al menos pueda hablar. - Le habla nuestra madre.
- Es que, agg...- Apenas se oye un gruñido, realmente estaba molesto.
- Sam, hermano toma asiento por favor. - Le digo mirándolo.
Todos toman asiento frente a mí, dándome tiempo a que lograra hablar.
- Bueno quiero contarles, aunque no lo parezca estoy feliz, es solo que, alguien más no recibió la noticia como esperé, estoy embarazada. - Intento una sonrisa que parecía más una mueca de dolor.
- Hija es maravilloso, seré abuela, abuelos.- Mi madre me abraza.
- ¿Dónde está Cristian? Porque no te ves nada alegre. - Pregunta mi hermano.
Y esa pregunta fue una punzada en mi pecho, intente contenerme, pero al levantar la mirada, mis ojos estaban inundados de lágrimas, traté de sacarlas o evitar siguieran saliendo, pero era imposible.
- ¿No quiere hacerse responsable no?, ni hables intentando defenderlo, voy a matarlo...- Samuel terminó de decir y sale echo una furia.
Mi padre intentó detenerlo, pero era casi imposible, este iba corriendo como un rayo, por poco se veían las chispas de la ira. Mi madre seguía consolándome y a la vez hablando animadamente:
- Es la mejor noticia hija, no sabes lo feliz que estoy, hace tiempo he querido ser abuela, todo estará bien, aquí estaremos nosotros para apoyarte. -
- Así es mi pequeña, cuentas con todo nuestro apoyo, te amamos y a nuestro nieto también. - Le sigue mi padre.
En cierta manera me alivió escucharlos, sabía que ellos me apoyarían, pero aun así mis lágrimas tenían control propio.
Los días pasaron, se convirtieron en semanas, a duras penas podía con mi alma, los síntomas del embarazo estaban presentes, las arcadas, las náuseas, los mareos, aun así, me mantuve ilusionada, me reincorporé al trabajo, entre el ajetreo del día a día iba pasando mi dolor. Pero el día que realmente tomé conciencia, fue el día que sentí sus pequeños movimientos, cuando escuché el latido de su corazón, a través de la ecografía, vi su pequeño cuerpecito que apenas lograba una forma simétrica, fue hermoso, sentí que el mi corazón volvió a latir con nuevas fuerzas, ahí fue que recordé que por más que lo intentase, no podía tener el control de todo o más bien, de nada. Sin embargo, debía mantenerme fuerte y no decaer.
Decidí culminar con mis proyectos, comencé a buscar una nueva asistente, terminé de remodelar mi nueva casa, con la idea de mudarme, al principio mis padres estaban en desacuerdo, querían que me quedara con ellos, pero entendieron que necesitaba mi espacio propio. Realmente para mí era un nuevo comienzo, a mi hermano y a mi padre les pedí ayuda para iniciar con otros de mis proyectos, iniciar mi propia clínica, al inicio sería pequeña, pero quería comenzar con algo.
Allí fue donde llegó Laura Ortega a mi vida, mi asistente, una chica bastante extrovertida, cariñosa, amable, enfocada en su carrera, había estudiado enfermería y algo de administración. Más que una empleada, se convirtió en una amiga, estaba dispuesta a oír y hacerme reír con sus locuras, me apoyó en cada movimiento que debía hacer, organizó mi agenda y mis horarios en el hospital a medida que el embarazo iba avanzando. El proyecto de la clínica iba mejor de lo esperado, progresando de maravilla, con algunos cálculos, en aproximadamente un año o tal vez menos podría llegar a funcionar, es que sinceramente tenía a la mejor contratista trabajando en eso.
Los meses pasaron sin darme cuenta, el señor Luiggi, muy considerado se ofreció en ayudar económicamente, aunque no era necesario, mi hermano lo tomó como una ofensa, luego entendió las razones de Don Luiggi, quería estar presente en la vida de su nieto, ya que con su hijo no pudo hacerlo, estaba avergonzado, se sentía responsable.
El gran día llegó todos estábamos realmente ansiosos, mi hermano parecía el padre, estaba nervioso, sudoroso, el debía llevarme al hospital y ni siquiera sabía que hacer, mi amiga y ginecóloga Adriana Correa estuvo a cargo de todo el embarazo, también estaría presente para el nacimiento de mi primogénito, los dolores nunca llegaron, así que se tuvo que planificar a última hora una cesárea de emergencia, estuve despierta, al pendiente de cada movimiento, fue único y especial ver su rostro tan pequeño, su cuerpecito tan débil, pero con un llanto estruendoso, lloré de alegría, de felicidad, sentí paz al tenerlo en mis brazos, se hizo realidad mi gran anhelo, ser madre, lo mejor que pude hacer, mi pequeño príncipe, mi amado ángel “Angello”, así decidí bautizarle. Estuve en recuperación durante la un par de días, aun con el dolor de la herida, me sentí fuerte, radiante, dichosa al tener a mi bebé, el momento de alimentarlo fue un enlacé único, su mirada tan inocente, sus pequeñas manos, me concentré en guardar ese recuerdo como el mejor de todos, era de atesorar.
Los abuelos estaban rebosantes de alegría, querían cargarlo, consentirlo, apenas escuchaban un pequeño llanto y las alarmas se enencendian, corrían a inspeccionar que todo estuviera bien. Mi hermano fue un tío espectacular, protector y amoroso, lo dormía en sus brazos, le cantaba, una ternura verlos juntos.
Sin embargo el tiempo no se detiene, cuando quieres pausarlo, se empeña en ir más de prisa. Pasaron tres años y medio en un cerrar de ojos, durante todo ese tiempo me enfoqué en dedicar mi atención a mi angel, asi mismo en hacer crecer mi trabajo, en ayudar a mis pacientes, era una experiencia diferente, ahora como mamá, dividir mi vida en dos, ambos son muy demandantes. Lo bueno siempre han estado a mi lado, mis padres, mi hermano y Laura.
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Comments
Panqueques24
No puedo esperar a leer la siguiente parte, necesito saber qué pasará con los personajes, gracias por compartir tu talento.
2023-07-19
5
Gato Piola
¡Qué pasión y emoción me transmitiste en tu novela, autor! 😍
2023-07-19
1