La caravana llegó a lo que fué un imponente castillo, las murallas se veían dañadas por la guerra y aunque estaban siendo restauradas, se notaba la falta de un Rey. El pueblo era pequeño pero bien organizado, las calles perfectamente alineadas y las plazas con locales establecidos alrededor.
La carreta y los soldados se detuvieron un instante a las puertas y luego que un guardia reconociera las banderas y al Príncipe, estás se abrieron pesadamente. Todos entraron de forma silenciosa a un gran patio llenó de árboles frutales y miles de anturios adornando cada rincón.
Empleado 1- (Haciendo una reverencia) ¡Larga vida al Príncipe del Imperio Yexalen! ¡Prosperidad al Rey de Ehécatl!
Kabáh- (Serio) ¿Mi esposa?
Empleado 1- (Con mirada triste) ¡En su habitación mi señor!
Sin mirar al empleado, caminó hacia el castillo y entró con pasos firmes, todos los empleados al verlo se inclinaban y luego regresaban a sus labores. El castillo por dentro se notaba cuidado aunque algo viejo, las escaleras de mármol se mantenían fuertes y al pie de ellas se encontraba un retrato de él junto con su esposa Zyanya.
Cuando estuvo a las puertas de la habitación del Rey y la Reina, se detuvo, suspiró de forma pesada y tomó la manija de la puerta.
Kabáh- (Abriendo la puerta) Estoy en el castillo, voy a entrar
Zyanya- (Con una voz frágil) Pase mi Señor…
Cuando estuvo dentro de la habitación, se acercó a la cama y extendió su mano la cual fué sostenida por Zyanya. El agarre de la mano de ella era tan débil que parecía que con un ligero apretón se rompería el brazo completo.
Kabáh- (Cálido) ¿Cómo te has sentido?
Zyanya- (Con una voz gentil) Bien gracias, ultimamente he salido a caminar al jardín
Kabáh- ¿Ya sales a caminar?
Zyanya- Así es (sonriendo triste) aunque no por mucho tiempo, cuando me duelen mis rodillas regreso, el doctor me dice que mis piernas vuelven a tener fuerza.
Kabáh- (Besando el dorso de la mano de Zyanya) Me alegra querida…
Zyanya- ¿Algo que me cuentes de afuera?
Kabáh- (Recordando a Alitzel) Nada importante…
Zyanya- (Sonriendo gentil) Ya veo… ¿Cenaste?
Kabáh- No, vine directo a verte. Traje medicinas y algo de telas para que te hagan los vestidos más hermosos de todo el Reino
Zyanya- (Contenta) ¡Gracias! (estirando su brazo, toma una campanilla al lado de su cama) Les diré que traigan la comida
Ixtab- (Entrando) ¿Sí me señora?
Zyanya- Por favor traigan comida a su majestad y atiendan a los invitados…
Ixtab- ¡Si mi señora! (retirándose) ¡Larga vida al Príncipe del Imperio! ¡Prosperidad al Rey!
Kabáh- (Con cara de desagrado) ¿Todavía sigue aquí?
Zyanya- (Sonriendo gentil) Es mi amiga, ella siempre está a mi lado desde… (con cara triste) papá…
Kabáh- (Levantándose rápido) Vamos no me gusta que estés triste, mejor sal de esa cama y saluda a tu esposo como es debido.
Con cuidado Kabáh la ayudó a sentarse en la cama para darle un abrazo y un beso. La cargó hasta una pequeña mesa donde cenaron mientras platicaban del Reino y los avances que comenzaron a tener.
Mientras Zyanya le platicaba alegremente, Kabáh no dejaba de ver sus ojos, se preguntaba por qué eran igual al de esa campesina, además que iban y venían recuerdos de Alitzel sonriendo y platicando vivaz. Zyanya era linda, su estado físico no había podido vencer su calidez, pero sus ojos se veían tan opacos, como si en cualquier momento podrían cerrarse para siempre y su piel era tan blanca que parecía mármol.
Zyanya- ¿Kabáh? ¿estas escuchando?
Kabáh- (Reaccionando) Lo lamento me perdí en mis pensamientos
Zyanya- (Tomando una galleta) Sí, descuida…
Kabáh- Dime querida ¿Alguna vez conociste a alguien con el mismo tono de color de tus ojos?
Zyanya- Solo mi familia ¿por qué lo preguntas?
Kabáh- Apenas conocí una campesina con los mismos colores pero en diferente posición
Zyanya- (Interesada) ¡¿De verdad?! ¡Me gustaría conocerla! sería algo peculiar
Kabáh- En mi próxima visita la traeré
Zyanya- (Contenta) ¡Me parece extraordinario!
Ixtab- (Tocando la puerta) ¿Señora?
Zyanya- ¡Adelante!
Ixtab- (Entrando) ¿Su majestad se quedará en los aposentos de mi señora?
Kabáh- Sí, por favor prepara el baño
Ixtab- Enseguida mi señor…
Kabáh- (Viendo retirarse a Ixtab, se dirige a Zyanya) ¿Quieres que te bañe?
Zyanya- ¿No te molesta?
Kabáh- No, es el deber de un esposo (levantándose) le diré que traiga tus medicamentos
Zyanya- (Viéndolo salir del cuarto) ¿Deber?
Con mirada triste Zyanya tomó el bastón al lado de ella y caminó hacia su cama
Zyanya- (Intrigada) ¿Una mujer con ojos iguales a los míos?
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Comments
Aracelis León García
me parece que esa muner que segun es su amiga y sirvienta tine algo que ver con el mal estado de salud
2024-01-17
2
Barbarasl73 🇨🇱
mmmm me dio desconfianza.
2023-11-26
2
Raquel Cardenas
Serán familiares y porque no quiere a su amiga de Zyanya?
2023-07-15
2