Capítulo 6: Carne roja

La niña se quedó observando la ventana, podía escuchar el rugido del viento, luego un relámpago iluminó la habitación, la lluvia empezó a caer con fuerza y el aroma de la tierra húmeda empezó a inundar la habitación. Kait se quedó ahí, su cuerpo estaba entumecido y sus músculos temblaban de lo tensos que estaban.

Aquel sentimiento de miedo invadió su corazón, latía tan fuerte que el sonido de la lluvia se fue quedando en silencio cada segundo que pasaba. La niña apretó sus manos contra la fría madera e intentó colocarse de pie. Allí en el silencio de la habitación se escuchó un golpe, la niña no podía controlar el movimiento de sus piernas y había terminado en el suelo.

Su miedo empezó a calar entre sus huesos provocando temblores incontrolables, apretó los labios y sintió como dejaba de sentir sus piernas, su cuerpo estaba frío y podía ver el vaho que salía entre sus labios cada vez que hacía un esfuerzo por respirar, empezó a arrastrarse hacia la puerta. Abrió la boca con la intención de pedir ayuda, la habitación de sus padres quedaba cerca, estaba segura de que la iban a escuchar.

La puerta se abrió dejando un pequeño espacio donde podía observar un pequeño halo de luz, Kait estiró su mano para poder empujar la puerta y esta se abriera en su totalidad, pero lo que no esperaba es que sintiera como algo acariciaba sus tobillos. Sus dedos rozaron la puerta y el halo de luz se desvaneció para dar paso a una presencia desconocida tras la puerta, escuchó el fuerte sonido de un gruñido, un sonido bastante grotesco y aterrador, por la pequeña hendija observó un ojo amarillo con matices rojos, parecía brillar en la oscuridad, la cuenca blanca tenía varias venas rojas irritadas haciendo que aquel ojo tuviera un brillo antinatural.

—VEN, VEN, VEN —la voz tras la puerta se escuchaba desesperada, pegaba gritos iracundos, coléricos, casi ahogados.

Kait negó con su cabeza, era la primera vez que sentía tanto miedo, se empezó a arrastrar hacia atrás, luego se tapó sus oídos, la voz empezó a gritar con más fuerza desgarrando sus cuerdas vocales, podía escuchar el sonido de algo viscoso caer al suelo y una fuerte respiración sobre ella. De repente la voz se quedó en silencio y ella abrió los ojos.

Encima de ella podía ver los dientes de alguna criatura, la sangre y la saliva caía sobre su rostro, su pequeño cuerpo temblaba descontrolado, ella volvió a cerrar los ojos y cubrió su rostro con las manos, como si aquello fuera a detener lo que iba a pasar a continuación.

Antes de que la criatura con la mandíbula desgarrada cerrara su boca y se tragara a la niña, algo jaló a la niña con fuerza, ella sintió como la madera se partió y pequeñas esquirlas saltaron sobre su rostro.

Al abrir sus ojos, vio aquella criatura cubierta con un espeso líquido negro, esa cosa intentaba sacar sus dientes de la madera. El agarre en sus piernas lo podía sentir, cuando la criatura abrió sus ojos, ella tembló de miedo, ahora eran de un rojo brillante, parecía dos cuecas llenas de sangre.

—Ven, ven, ven —volvió a hablar, pero esta vez su voz estaba más apagada, era un susurro apaciguado.

La niña fue arrastrada hasta debajo de su cama y luego desapareció en la oscuridad.

...●●●...

El cantar de los pájaros despertó a la pareja, como de costumbre Benji fue a despertar a su hijos, la primera habitación era la de su pequeña hija, se sorprendió al ver la puerta abierta, al entrar encontró el cuarto totalmente organizado, hasta la cama estaba tendida. Pensó que sus otros hijos la habían levantado.

Pero al salir de la habitación de su hija menor, se encontró con las otras puertas cerradas, al abrir la siguiente puerta se encontró a Mike todavía durmiendo y luego con un paso más apresurado abrió la habitación de Lenay, su hija mayor también estaba durmiendo.

Bajó corriendo al primer piso, buscando alguna señal de su pequeña hija, pero allí tampoco había nada, Alex estaba bajando las escaleras, cuando vio a Benji con cara de preocupación.

—¿Dónde está, Kait? —dijo terminando de bajar los últimos escalones.

Benji se limitó a negar con la cabeza, ambos padres estaban pálidos, su pequeña hija acaba de desaparecer, luego escuchó una risa afuera de la casa y un pequeño grito. Alex salió corriendo y agarró las llaves para abrir la puerta, los nervios la engañaron y las llaves se le cayó de la mano, luego quedó petrificada, la puerta estaba abierta.

Al salir, observó a su hija sentada en el suelo, mientras sus pequeños brazos sujetaban el cuello del pastor alemán, atrás de ellos estaba el guardabosque. Alex se acercó corriendo y apartó el perro de su hija, la observó detenidamente, su pijama estaba sucia y su rostro tenía rastros de tierra y mugre.

—Deberían de cuidar mejor a su hija —La voz de Máximo hizo acto de presencia.

Alex lo miró con un profundo odio, abrazó a su hija entre sus brazos y la levantó del suelo, su piel estaba muy fría y olía a humedad.

—La niña estaba dentro del bosque —volvió a hablar Máximo sin apartar la mirada de Alex.

—Gracias por traer a nuestra hija de vuelta —dijo Benji agradeciendo con amabilidad.

La madre arrugó su nariz, no estaba dispuesta a agradecer a un desconocido, se levantó y escuchó como su esposo se quedó conversando con el guardabosques. La niña se quedó dormida entre los brazos de Alex.

En la tarde, después de todo lo ocurrido, Alex estaba afuera arrancando la maleza que crecía con bastante velocidad y cubría gran parte de la fachada de la casa, observó el bosque en silencio, no podía entender como su hija había salido sola a jugar en ese solitario lugar. Eso le había dicho Kait mientras su madre la bañaba, pero ella realmente no sabía cómo había llegado hasta ese lugar, su pequeña cabeza aún no comprendía lo que estaba pasando.

Alex soltó un pesado suspiro, no quería darle más vueltas a lo que estaba pensando, terminó lo que estaba haciendo y entró a la casa, allí sintió un peculiar olor, uno que le trajo muchos recuerdos. Caminó hasta la cocina y vio a Benji concentrado cortando un pedazo de carne.

—¡¿Qué estás diciendo?! —Gritó ella con la voz enfurecida.

Él se apartó abruptamente del mesón en silencio mientras el cuchillo se resbaló de sus manos, la punta del filoso cuchillo se clavó en el suelo, allí en esa solitaria habitación se sentía el olor a hierro oxidado, era tan fuerte que ella sintió ganas de vomitar.

—Son vísceras de ternera —murmuró él con la voz contenida.

Él no podía creer que ella aún desconfiara de su sentido común, prometió no volver a comer ese tipo de carnes, pero aun así no podía dejar de lado el sabor de la carne, la carne roja y jugosa que tanto deseaba. Alex apretó sus labios con fuerza, colocó su palma en la frente, se sintió culpable por pronunciar aquellas palabras.

—¿Qué sucede, mamá? —tras el umbral de la puerta apareció Lenay.

—Nada, tu padre casi se corta —mintió Alex mientras se acercaba a él y lo apartaba del mesón de la cocina.

Alex le dedicó una severa mirada a Benji, esto hizo que él se apartará de ella con rapidez y luego se escabulló hacia la sala. Alex se inclinó y desencajó el cuchillo del suelo de madera, lo lavó y siguió cortando la carne con repulsión.

—Vísceras de ternera —musitó con un claro fastidio.

Lenay observó todo en silencio y luego se acercó a su madre, observó la carne con una clara extrañeza en el rostro.

—Eso no es pollo —indicó ella tocando con su dedo índice la carne que estaba ya cortada.

Alex miró a su hija mientras le dedicaba una sonrisa forzada, agarró un pedazo de corazón de ternera y lo empezó a cortar.

—Hoy cenaremos algo diferente.

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