Capítulo 9: Negro

La niña se levantó con ayuda del guardabosques, sin necesidad de mediar alguna otra palabra, Máximo la acompaño hasta su casa. La sorpresa que tenía Kait no la podía ocultar, él se sabía a la perfección el camino.

—¿Tus padres están en casa? —Dijo él apartando unas hojas del camino.

A lo lejos podía ver las luces de su casa encendida, la noche ya estaba llegando y el camino cada vez se veía más oscuro, la niña se mantuvo en silencio, no quería decir que ella se había escapado de su casa y que por obvias razones sus padres la estarían buscando. Al llegar al final del bosque observó a lo lejos como sus padres estaban caminando de un lado a otro y como sus hermanos tenían la cabeza inclinada.

Máximo carraspeó la garganta con fuerza, eso fue suficiente para que todos lo voltearan a mirar. Los ojos de Alex se abrieron con sorpresa y luego una expresión de horror cubrió su rostro, no esperaba encontrar a su hija al lado del guardabosques, una persona que no le inspiraba confianza. Lo que más le sorprendió fue ver como su pequeña hija se escondía detrás de aquel hombre.

—¿Por qué tienes a nuestra hija? —La voz de Benji se escuchó fuerte y seria.

Su rostro ya no tenía la pequeña sonrisa amable que solía mostrar, se acercó dando largos pasos, aquello hizo que Kait se escondiera aún más atrás de Máximo e hizo que Max soltara un gruñido de advertencia.

—¿Qué sucede, cariño? —Musitó Alex mientras se acercaba con lentitud.

Máximo, al ver la reacción de ambos padres, colocó una de sus manos sobre la cabeza de la niña y sacudió el cabello mojado.

—Encontré a su hija sola en el bosque de nuevo —explicó él no muy convencido.

El perro aún seguía en alerta, sus orejas se notaban tensas y su cola estaba rígida, era como si estuviera esperando una orden. La niña, al ver el rostro preocupado de su madre, se sintió mal y se acercó corriendo hacia los brazos extendidos de Alex. Ella notó que su pequeña hija estaba muy helada, y que su ropa estaba

mojada.

—De nuevo, muchas gracias —agradeció Benji volviendo a su sonrisa habitual.

Máximo solo hizo una pequeña inclinación con su cabeza, se dio la vuelta junto a su perro y se marchó entre la oscuridad del bosque. Alex levantó a su hija entre sus brazos mientras Benji le revisaba el rostro

—¿Te hizo algo? —Los ojos de Alex la miraron fijamente.

—No.

Su negación fue de inmediata, aquella respuesta alertó un poco a sus padres, ambos se adentraron hacia la casa en compañía de sus otros hijos. Aquella noche una advertencia quedó clara para los tres hijos de la familia Sallow, estaba totalmente prohibido salir de la casa sin presencia de los padres. Mike y Leila también guardaron silencio cuando su hermana no estaba en la casa, incluso buscaron en los alrededores y fue cuando sus padres llegaron que se enteraron de que la pequeña se había ido.

Aun así, después de ese pequeño incidente nadie le preguntó a Kait por qué se había ido de la casa, extrañamente esa noche durmió con tranquilidad, no hubo voces y tampoco la molestaron, fue como una noche cualquiera antes de llegar a ese lugar.

A la mañana siguiente se volvía a repetir la misma rutina, sus padres se iban a trabajar y los tres hermanos a estudiar. Así que nuevamente al llegar a casa, estaría más aburrida que de costumbre, sus hermanos se encerraron en sus habitaciones, claramente no iban a romper la nueva regla que le impusieron sus padres, pero Kait sí lo iba a hacer.

Bajó en silencio las escaleras y se acercó a la puerta, notó que estaba sin candado, obviamente era porque sus hermanos estaban dentro de la casa y ya no podían salir, Kait al salir cerró la puerta con suavidad y se fue corriendo al bosque, allí nuevamente se detuvo en las grandes raíces de un árbol y se sentó a esperar.

Pasaron unos largos minutos y se dio cuenta de que ellos no iban a venir, se sintió un poco triste y se levantó sacudiendo la tierra de su ropa.

—Es una mala idea —susurró lentamente aquella voz.

Ella se giró sobre su espalda, aquella voz no le estaba gritando y tampoco tenía ese tono grosero que siempre traía.

—Morir dentro del lago, es una mala idea —corrigió nuevamente lo que había dicho.

—¿Morir? —La niña repitió con confusión.

—Las almas se quedan dentro del lago —murmuró con un tono aterrador.

Kait se mantuvo en silencio, su cabeza trataba de procesar lo que estaba pasando, la voz le había respondido y luego todo volvió nuevamente a estar en silencio. Observó detrás de cada árbol y sin esperar que vinieran los otros niños, empezó a caminar nuevamente hacia su casa.

—Tu alma es débil —habló una voz sobre su hombro y un aliento frío flotó sobre su rostro.

Ella empezó a correr hacia su casa, aquella voz se sentía real, no eran imaginaciones de su cabeza, de repente se detuvo cuando vio una figura de pie a la salida del bosque, su cuerpo tenía bastantes similitudes a la de un humano. Su corazón empezó a latir desenfrenado cuando algo se apoyó sobre sus hombros.

La extraña figura movía su cabeza de un lado a otro, y luego cuando se giró se dio cuenta de que allí estaba la niña, su cuerpo negro lleno de un líquido extraño empezó avanzar hacia ella, abrió su boca y profirió un agudo grito, luego empezó a caminar más rápido hacia la niña.

—Sangre, sangre, sangre…

Gritaba cada vez más fuerte mientras su distancia cada vez era más corta, Kait negó con la cabeza, e intentó retroceder, pero no se podía mover, la precisión que sentía en sus hombros era claramente que algo la estaba sosteniendo. La niña intentó cerrar los ojos, pero su visión estaba fija en la criatura que se acercaba mientras cada paso que daba emitía alaridos de dolor. Cuando su rostro negro, sin ojos, ni nariz y con una gran apertura que parecía fingir ser una boca, estuvieron frente a la niña, ella pudo sentir un olor putrefacto, un olor tan agobiante que en ese mismo momento no deseaba tener olfato, un olor que la niña desconocía, era el olor de la muerte.

Las manos de aquel ser se acercaron a su rostro mientras su alargado cuerpo se curvaba para estar a la altura de Kait, notó como aquel líquido que lo cubría por completo empezó a caer sobre sus mejillas, sus ojos se llenaron de lágrimas y por primera vez abrió la boca para pedir auxilio. Un movimiento que no debió hacer, la criatura aprovecho el momento de inmediato y le metió los dedos en la boca, obligándola a mantenerla abierta.

Los ojos de la niña se mantuvieron abiertos, aquella criatura abrió su boca y empezó a dejar caer su saliva que era del mismo color del líquido que cubría su cuerpo. Ella sacudió su cabeza y empezó a intentar cerrar su mandíbula con toda la fuerza que tenía disponible, pero por más que intentar morder aquellos dedos que tenían un sabor desagradable, no la soltaban, al parecer no podía sentir dolor.

Las lágrimas empezaron a fluir con más fuerza cuando sintió el primer contacto del desconocido fluido con su lengua, aquella sustancia empezó a llenar su boca tanto que se empezó a asfixiar, el aire no estaba entrando con normalidad a sus pulmones, el olor y el sabor era apestoso. La bilis subió por su garganta con la intención de salir de su cuerpo, pero no podía hacer nada, sus ojos se cerraron lentamente, mientras sentía que la presión de sus hombros iba disminuyendo y luego perdía la fuerza en sus piernas.

Sentía como resbalaba el líquido sobre su cuello y ropa, antes de cerrar por completo sus ojos sintió como la boca de aquella criatura se cernía sobre su cabeza ocupando todo su campo de visión.

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