Capítulo 3: Agua fría

La niña dio unos pasos atrás, apretó sus manos contra el pantalón, luego recordó lo que dijo la cocinera, el guardabosques no era peligroso. Su madre se acercó y la cargo, la niña tenía el rostro pálido.

—¿Qué pasó? —Habló mientras le tocaba un mechón de pelo rojizo.

—Tengo frío —respondió Kait mientras se acurrucaba en el cuello de su madre.

—La tina ya está llena —empezó a decir Alex mientras caminaba hacia el baño, al llegar cerró la llave y tocó el agua—, también está caliente.

Dejó a Kait en el suelo, mientras escogía algunas bombas de jabón, luego metió a su hija en la tina, el agua estaba caliente, por lo menos la casa tenía un pequeño sistema para calentar el agua. La niña se puso feliz y empezó a jugar con el agua, luego su madre le pasó una bomba de jabón, Kait la sujetó entres sus manos y cuando estaba a punto de soltarla, escuchó el grito de su hermana.

—¡Mamá! —Lenay se asomó por la puerta y se acercó a su madre siguió hablando en voz baja—. Papá te necesita, abajo hay un señor.

Aquellas palabras le disgustaron por completo a Alex, su esposo había dejado entrar un desconocido a su casa. Se levantó dejando sola a su hija en el baño y bajó las escaleras en compañía de su hija mayor. Se detuvo en la mitad de las escaleras al ver al guardabosques, sus manos temblaron levemente, el señor levantó su vista hacia ella y soltó una pequeña sonrisa, que en vez de ser amable fue todo lo contrario para Alex.

—Buenas noches —saludó él sin apartar su mirada.

—Buenas noches —respondió Alex fingiendo amabilidad.

Ella lo examinó de pies a cabeza, observó que no tenía la escopeta con él, eso la alivio un poco, terminó de bajar las escaleras y soltó un grito cuando sintió que algo toco su mano. Allí abajo en el suelo había un pastor alemán, estaba totalmente mojado.

—Lamento incomodarlos —empezó a hablar él acercándose a su perro e inclinándose un poco para tocarlo, al ver que Alex se alejaba de él la miró y siguió hablando—, como le dije a su esposo, si no estuviera lloviendo, podría llegar a mi casa, pero a Max no le gusta mucho la lluvia.

El señor seguía tocando a su perro, Alex se siguió apartando hasta que llegó al lado de su esposo, ella le dedicó una mirada molesta, luego observó detrás de él, donde estaba la mesa del comedor y allí vio la escopeta.

—Perdone ¿cómo se llama usted? —dijo Mike que se había acercado a tocar el perro.

—Me llamó Máximo —respondió el señor levantándose para que el muchacho tocara a su can.

Alex estaba realmente alerta, esa situación no le gustaba, todo lo malo que podía ocurrir cruzaba su cabeza. Lenay también se acercó y cuando fue a tocar al pastor, este le gruñó enojado.

—Tranquila, no es agresivo —dijo el guardabosques en medio de una sonrisa y luego le indicó a la chica—, mejor no lo toques.

La chica no quiso hacer caso a las palabras de Máximo y acercó su mano al perro, este no le advirtió como lo hizo la primera vez, sino que lanzó un mordisco al aire que resonó en aquella casa que aún seguía con cajas por todos lados.

—¡Lenay! —gritó su padre enojado.

La hija mayor ahora sí hizo caso y se apartó, el perro volvió nuevamente a acostarse y se dejó tocar de Mike, quién estaba impresionado por su pelaje.

—¿Hay mucho que cuidar? —preguntó Alex al guardabosques.

—El bosque es muy grande —dice él mientras se tocaba la barbilla—, la caza furtiva está prohibida, he encontrado algunos animales muertos.

—Eso es horrible —dijo Benji con un tono de desagrado.

La niña se había quedado sola en el baño, su madre no había vuelto a subir, ella dejó caer la bomba en el agua y empezó a jugar con la espuma que salía, estaba feliz y el agua caliente era muy agradable, luego de un tiempo empezó a hacer pequeñas burbujas con sus manos, acercó su mano llena de burbujas a su boca, ella tenía la intensión de soplar con fuerza para que salieran volando. Abrió su boca para tomar un gran bocanada de aire y lo que recibió fue agua entrando directamente a sus pulmones, algo la había jalado hasta el fondo de la bañera.

Ella estiró sus manitos para poder alcanzar los bordes de la tina y poder salir, pero sus piernas estaban inmóviles y al sacar sus manos del agua, sintió un viento extremadamente frío, ella podía ver las burbujas que iban saliendo de su boca, luego volvió a meter las manos en el agua y cubrió su boca para evitar que el poco aire que tenía sus pulmones se escapara.

De un solo golpe volvió a estar sentada en la tina, escupía agua de su boca y su nariz ardía, su cabello estaba cubriendo su rostro, una figura desgarbada estaba sobre el borde de la tina observándola.

—No la mates —susurró algo detrás de ella.

—No lo voy a hacer —respondió la otra figura delante ella.

Sintió una mano sobre su cabello que la tocaba lentamente, se sentía como un hielo y el agua también estaba extremadamente fría. Luego sintió como aquellas presencias se fueron, pudo escuchar con claridad garras arrastrándose por el suelo. La niña acercó sus manos a su cabello y lo retiró de su rostro, giró su rostro para ver qué era lo que estaba allí, pero todo estaba borroso, solo vio como una mancha se acercaba corriendo hacia ella.

Su primera reacción fue lanzarse hacia atrás nuevamente dentro del agua, sintió como unas manos agarraron sus axilas y la sacaron a la superficie. Después de parpadear una cuantas veces pudo reconocer el cabello rojizo de su madre y luego vio sus ojos verdes, su cara estaba marcada con una clara preocupación.

—¿Qué pasa? —dijo Alex sin soltar a su hija y luego con horror la sacó de agua—, ¡el agua está helada!

Alex la cubrió con una toalla, y puso otra encima de su cabeza, la niña apretaba con fuerza sus manitos, miró atrás de su madre y todo seguía vacío, no había nada. Su madre nuevamente la volvió a dejar sola, se fue en búsqueda de ropa limpia, cerró la puerta del baño. La niña giró su rostro hacia la tina y observó el agua que se veía tranquila, el color azul de la bomba ahora parecía casi negro, ella retrocedió unos cuantos pasos, a su izquierda la pequeña bolsa de bombas de jabón se cayó y una bomba rodó hasta dar con sus pies. El baño volvía nuevamente a estar frío, de la nada un golpe se escuchó fuera de la habitación, era como si hubieran cortado algo, un rebote, dos rebotes, a continuación escuchó algo pesado rodar hasta que dio contra la puerta.

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