El tiempo pasó, aquellas experiencias quedaron como un recuerdo amargo para la niña, la familia ya llevaba semanas viviendo en la casa y sus hijos ya estaban yendo al colegio. Los tres hermanos estaban en diferentes cursos. Solamente había un pequeño problema, su pequeña hermana no podía hacer amigos, le costaba comunicarse.
Mike a lo lejos observó a su hermana sentada mirando hacia la nada, alrededor de ella estaban sus demás compañeros jugando sin prestarle la más mínima atención. Cuando se giró hacia sus amigos, escuchó el grito de uno de los niños, él volvió su rostro y vio a su hermana en el suelo. Se acercó corriendo y miró como los ojos grisáceos de su hermana se estaban empezando a llenar de lágrimas.
Observó su rostro, notó que de una de sus cejas estaba saliendo sangre, él estaba preocupado, abrazó a su hermana y la colocó de pie.
—¡¿Quién fue el imbécil?! —Gritó Lenay detrás de sus hermanos.
Mike que estaba intentando mantener la calma, levantó a su hermana y la cargó, pasó por el lado de su hermana.
—Cálmate, son niños —dijo él haciendo un gesto con su cara para que se retire de ahí.
—No me importa si son niños —respondió ella cruzándose de brazos.
Luego ella agarró a un niño y lo atrajo hacia ella, la fuerza con el que hizo aquel movimiento hizo que el niño se cayera contra el suelo.
—El que se vuelva a meter con mi hermana —amenazó con su dedo índice a todos lo niños que estaban allí y luego bajó la mirada al niño que estaba a punto de llorar—. Se las verá conmigo.
Ella miró hacia atrás y solo se encontró con la mirada de varios estudiantes, sin decir nada más, salió corriendo hacia la enfermería, allí estaba su hermano sentado en una silla plástica y su hermana estaba acostada en una camilla. Mike estaba hablando por teléfono, ella entró a la pequeña habitación y se acercó a su hermanita.
—¿Qué pasó? —Le dijo mientras acariciaba con delicadeza su mejilla.
Kait se quedó callada, ella no sabía que había pasado, estaba mirando un árbol y luego ella ya estaba en el piso, sintió que algo la golpeó, pero no había visto que fue. La niña se giró y le dio la espalda a ambos hermanos.
—Mamá y papá ya vienen —indicó Mike a su hermana mayor.
—¡¿Los llamaste?! —Gritó enojada Lenay, ella ya sabía qué iba a pasar, luego dijo con la voz más baja—. Ellos están trabajando...
—No importa si están trabajando —respondió Mike levantándose y saliendo de la enfermería.
Los padres de ambos tenían un trabajo un poco complicado, en algunas ocasiones llegaban muy tarde a su casa o incluso no llegaban, el único motivo por el cual vivían ahí, era porque quedaban varias reservas naturales cerca de ese pueblo. Alex era una zoóloga que está en búsqueda de un estudio de osos, aquel bosque donde vivían no había osos, pero en unas reservas un poco más alejadas si habían visto algunos, Benji era su fotógrafo, ambos habían empezado juntos y decidieron apoyarse entre ellos.
Pasó una hora cuando llegaron sus padres, ambos venían con su ropa de trabajo, Benji estaba pálido cuando ingreso a la enfermería en compañía del director. Alex tenía una mirada seria y sus labios estaban en una fina línea.
—Lo siento mucho señor y señora Sallow —dijo el señor intentando mostrar una sonrisa conciliadora.
—¿Qué pasó, mi vida? —Murmuró Alex al llegar al lado de su hija.
La niña solamente negó con su cabeza, ella no quería hablar, no quería culpar a nadie, porque no fue la culpa de nadie, algo la había golpeado, algo que no podía ver. Kait solo recordó que al caer el suelo, pudo observar como el pasto se aplastaba contra la tierra por la presión de una presencia no visible.
Cerró sus ojos, era mejor quedarse callada, era la decisión que veía más acertada, incluso si decía algo no le iban a creer. Escuchó a lo lejos al director hablar con sus padres, a ella realmente no le interesaba saber qué le estaba diciendo el señor. Miró sus pequeñas manitas y observó sus palmas, las volvió a cerrar y las colocó contra su pecho.
—Vamos a la casa —dijo Alex sujetando a su hija entre sus brazos.
La niña se recostó en el hombro de su madre y observó a la lejanía a sus compañeros al frente de salón, la estaban observando a ella, Kait observó como unos de los niños decía algo. La pequeña enterró su cabeza en el cuello de su madre, a pesar de la distancia sabía qué había dicho, últimamente sus compañeros la llamaban “Zanahoria”, una burla que iba directamente por el color de su cabello.
Los hermanos también salieron con sus padres, la familia caminó por el pueblo y Alex se detuvo para dejar a su pequeña hija para que empezara a caminar. Kait se acercó y sujetó la mano de su hermano, ambos siguieron caminando hacia la casa. La niña en ocasiones se soltaba de la mano de su hermano y salía corriendo detrás de una pequeña mariposa que eran muy comunes de ver, ella las perseguía y luego cuando desaparecía de su vista regresaba con su hermano.
Aquella noche ambos padres le dijeron a sus hijos que tenían que cuidar a su hermana menor y que no la podían dejar sola. Algo que era difícil para ellos, Mike ya tenía planes para el día siguiente y Lenay igual, aunque no lo dijeron, se vieron un poco molestos y sobre todo Lenay, no les gustaba la idea de tener la responsabilidad de su hermana.
Después de comer cada uno se fue a su habitación, Kait subió acompañada de su madre, al llegar a la habitación Alex se sentó sobre la cama y observó a su hija con una sonrisa.
—Sabes que puedes decirme cualquier cosa… —empezó a decir ella y luego se quedó callada.
Su hija se acercó y abrazó sus piernas, luego apoyó su cabeza sobre sus rodillas y la miró, su corazón se encogió al ver la pequeña herida que su hija tenía en la frente.
—Solo me caí —dijo Kait apretando su mejilla contra su madre.
Alex abrió su boca dispuesta a indagar más sobre el tema, ella presentía que había algo más. Pero Kait había decido guardar silencio, aquellas cosas por las que estaba pasando solamente las iba a ver ella, entonces no había necesidad de contarle a otra persona, probablemente no le creerían, en su cabeza la única responsable de todo era ella, aunque aún era una niña y todavía no entendía la mayoría de las cosas.
Su madre se inclinó y le dio un pequeño beso en su cabeza, luego de eso Alex se fue y Kait se quedó acostada bajos las cobijas con los ojos cerrados, su madre pensó que se había quedado dormida, pero no fue así, ella seguía despierta y con mucha energía. La niña se levantó de su cama y se acercó a la ventana.
Apartó las cortinas y observó al solitario bosque, lo único que podía ver con claridad era las copas de los árboles por los haces de luces que emitía la luna. Kait recostó su mejilla sobre el alféizar de la ventana, soltó un pequeño suspiro y luego acercó su mano al picaporte, se escuchó el clic y luego abrió la ventana de golpe, sintió como su cuerpo se inclinó sobre el borde de la ventana, su pequeña mano aún sujetaba el picaporte.
—Tírate —susurró aquella voz que no la dejaba dormir.
—Hazlo —la otra voz la acompañó en su pedido.
Los ojos de la niña temblaron al ver la lejanía del suelo, con su otra mano sujetó el bordillo inferior de la ventana.
—No tengas miedo —volvió a hablar aquella voz.
Ella intentó cerrar la ventana, pero sintió una presión en su espalda, su mano se resbaló y sintió como un vacío llenaba su estómago, luego de un golpe excesivamente fuerte volvió a caer dentro de la habitación. La ventana se cerró con fuerza y las cortinas se sacudieron como si hubiera pasado una ráfaga de aire, luego las cortinas volvieron a estar en su lugar.
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