De nuevo él

La puerta se abrió, el sonido de los pasos de una persona recorrer la casa se escuchaban desde la habitación, me levanté, quien más que él podía ingresar a la casa, me levanté con la ilusión de que en realidad llegara Alec.

Me levanté lentamente y revisé con curiosidad a través de la puerta, quería saber quién estaba en casa, la ansiedad me comía por dentro.

Quizá era una ilusión y no había nadie o simplemente era mi hermano o mis padres quienes eran los únicos que tenían llaves de la casa.

Cuando abrí la puerta con misterio y la ilusión de que fuera Alec quien volviera a casa, tenía miedo, no sabía cómo reaccionar si en realidad fuera él, si le reclamara o simplemente haría como si nada hubiera pasado.

Abrí la puerta de la habitación y me di cuenta de que si era él, estaba allí parado en frente de la puerta de la habitación, sus manos llevaban las maletas, estaba con una sonrisa que calmo toda la angustia que tenía en ese momento, me di cuenta de que no necesitaba decir nada para que yo me sintiera bien con él.

En cuanto me vio soltó todo lo que llevaba y abrió sus brazos un gesto de abrazo que expresó sin ni siquiera decir una sola palabra.

Corrí a él mi emoción era evidente, siempre lo había esperado, él permaneció quieto, no dio ni un solo paso, todo el tiempo estuvo ahí, parecía que el tiempo no había pasado, un abrazo que quería durará toda la vida.

Todo empezó a moverse alrededor y un sonido ensordecedor cubrió toda la casa, el teléfono sonaba y todo se derrumbó.

Todo lo que acaba de pasar solo había sido parte de un sueño, algo que nunca había pasado.

Desesperada me levanté y busqué en toda la casa, de nuevo todo se sentía solo, era como si nuevamente comenzará todo y de nuevo él se hubiera ido.

El dolor era intenso, no podía respirar en ese lugar, las paredes se cerraban y parecía que la casa estaba a momentos de comerme.

Todo temblaba y yo en un rincón sin poder moverme, las lágrimas no dejaban de salir y el miedo volvió.

Sonó el teléfono de nuevo era papá.

—Ann, bebé Júpiter, ya está aquí—- dijo él, al otro lado del teléfono.

Me emocioné claro, era el momento más especial, por primera vez iba a tener una parte de mi hermano en miniatura y sabía lo feliz que debía estar, a mí me hacía mucha ilusión, sabía que Ethan sería el mejor padre.

—Ann, estás bien— dijo mi padre luego de escucharme respirar tan aceleradamente.

—No, no puedo respirar, no me puedo mover— dije entre respiraciones entrecortadas y lágrimas.

No lo escuché más al otro lado del teléfono, pero a los minutos escuché un auto en frente de la casa, era él y Thiago mi hermano menor por unos años, estaban allí los dos.

Fueron en busca de mí, estaba en pedazos, papá solo se acercó a mí, me alzó y me llevo al auto, sabía que tenía que sacarme de ahí.

En casa de ellos estaba mamá; sin embargo, durante todo el viaje estaba allí mediante llamada, dando órdenes de que hacer y como tratar lo que estaba pasando, cómo enfrentar un ataque de ansiedad, apenas llegamos a su casa, ella estaba allí esperándonos, desesperada.

Al pasar la puerta se lanzó hacia nosotros, me reviso, analizó mis signos vitales y me pidió que descansará.

Como les decía que tenía miedo de dormir y soñar, que Alec volvía, luego despertar y ver que nunca volvió.

Era difícil hacerlo, pero luego de mucho tiempo logré conciliar el sueño de nuevo, esta vez no hubo sueños de por medio.

Al despertar y estar más tranquila me acordé de lo que estaba pasando, quería conocer a Júpiter mi sobrina, quien había nacido hacía unas horas.

Me bañé y arreglé, luego nos dirigimos a la clínica todos juntos a acompañar a Ethan.

La bebé era la más linda, tenía los ojos de Ethan y el color de cabello de Luana era lo mejor de ellos dos, en un solo ser, lleno de luz.

Cuando la alce para verla, me sonrió, sabía que nos llevaríamos bien desde que supe que venía y amaba hablarle cuando estaba en el vientre de Luana.

Era tan delicada y pequeña que causó en todos, una ola de felicidad y tranquilidad.

Estuve viéndola por horas dormir, estuve ahí a su lado, era el regalo que siempre le había pedido a Ethan y sabía que era lo que él siempre había querido.

Me ofrecí a ayudarles con la bebé por unos meses, tanto Luana como Ethan estuvieron de acuerdo con que esto pasará, me dejaron quedarme en su casa como una invitada.

Los primeros meses el estar ahí para ella me dio felicidad absoluta, cada risa, cada avance en su vida y verla crecer era especial.

No se volvió a hablar de lo que había pasado hasta unos meses después.

Estábamos todos reunidos en la mesa comiendo, cuando sacaron el tema.

—Hermanita, sabes que siempre quiero que seas la más feliz, sé que no querías que yo supiera lo que pasó la última vez que estuviste en tu casa, pero lo sé, soy tu hermano y no me lo puedes ocultar— paro y miro a Alan para que siguiera.

—Es algo difícil de afrontar y todos aquí creemos que no puedes parar tu vida y tener miedo a seguir— miro a Thiago para qué lo apoyará.

—Sé que no nos conocemos mucho Ann, pero pienso que lo que te vamos a proponer es la mejor opción para que continúes con tu vida, yo quiero que sigas que no te quedes en el miedo—continuó Eva.

—Hay un pequeño país costero muy lindo, muy parecida a Italia del planeta, sabemos que te va a gustar mucho— paro, miro a todos los de la mesa y continuo—allí hay un puesto de medicina que necesitamos cubrir—.

—Voy a ir yo, pero necesitamos una líder, tan buena como vos— dijo Thiago.

—Antes que digas algo vamos a ir a visitarte constantemente, ya que no queremos que Júpiter pierda a su tía— dijo Ethan anticipándose.

Lo dudé mucho, pero finalmente acepté, quería seguir y no podía hacerlo encerrándome a la vida, sabía que siempre iba a recordarlo, pero ya había pasado más de un año desde que Alec se fue y las esperanzas de que volviera eran nulas

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