“- Señor, ya he investigado y ella no es la señorita Valeria. – dijo Marcus en el despacho de Leonardo. Investigar así sea al animal más insignificante en la tierra era su trabajo.
- ¿Cómo explicas su parentesco? – preguntó él checando unos videos en su laptop. El parecido le pareció increíble, tiene que ver una explicación, pensaba.
- Es algo que no podre explicarlo, pues no tengo las respuestas todavía. Solo sé que la señorita del café viene de un orfanato, tiene 10 meses de haber salido y la diferencia de edad con la señorita Valeria son dos meses. Como verá la señorita del café es huérfana, no tiene a nadie.
Leonardo llevó su espalda hasta sentir el sillón en el, fijó su mirada en la laptop y ordenó.
- Tráemela.
Marcus no preguntó, sí esa era la orden que él mandaba se debía de obedecer. Salió de la oficina y mandó a investigar el paradero de Helen.
Leonardo observaba una y otra vez su laptop, repitiendo aquel video donde una pequeña delincuente hacia vandalismo de uno de sus autos favoritos.
- Te traeré a mí. – dijo congelando el video y observando el rostro de Helen, quien sonreía después de haber cometido su crimen”.
En todo el camino Helen no paraba de retorcerse, gritaba que la liberan o iban a pagar las consecuencias. Leonardo sólo la miraba, se preguntaba así mismo cómo era posible que aquella muchacha sea capaz de desobedecer su orden, eran tan imprudente y mal educada, cómo era posible que la confundió con Valeria, definitivamente fue un gran error.
Al llegar a la mansión, el chofer bajó para abrirle la puerta. Leonardo salió y caminó hasta llegar a su despacho, tras él fue uno de sus hombres llevando a Helen en su hombro.
Entraron hasta el despacho, pusieron a Helen aun atada de pies y manos sobre un sillón. Leonardo tomó asiento frente a ella. Helen estaba furiosa por obligarla a venir con él, que nunca disimulo su mirada de odio. Estaba atada de pies y manos como si fuera un animal ¿Cómo defenderse? Se preguntaba, su única alternativa era era la navaja, pero ahora no estaba en su poder, se la habían quitado.
- ¿Qué va a hacer conmigo? – preguntó ella con firmeza. – lo que acabas de hacer es un secuestro, no tiene derecho de traerme a la fuerza, ni mucho menos tratarme de esta manera.
Leonardo sonrió con algo de malicia, su rostro antes el de un ser humano, ahora tenía los rasgos de un demonio. Con una voz sacada de las profundidades del abismo le dijo.
- Te pedí que me ofrecieras una disculpa y no quisiste, que hiciste en su lugar, dañar uno de mis coches.
Helen hundió sus ojos al escuchar la palabra "coche" tragó saliva y fingiendo demencia le dijo.
- No sé dé que me está hablando.
- Claro que lo sabes, ¿Un Galardón blanco te dice algo? - dijo Leonardo ante la negación tan descarada de Helen.
Helen se dio cuenta ta que la habían atrapado, pero no la vio, abrió sus labios y le dijo.
- No tiene pruebas de eso. – respondió ella recordando que nadie la había visto, no hubo testigos en la escena del crimen.
Leonardo volvió a sonreír por la terquedad y valentía en que Helen se defendía, ahora su sonrisa era definitivamente la de un demonio. Prendió la laptop y la giró para que ella viera el video de seguridad.
- Esto dice otra cosa. – dijo con una voz desgarradora, cruzó sus brazos y volvió a decir. – dame una razón para no llamar a la policía.
Helen vio el video, era suficiente prueba para que la condenen. Ya había estado en un orfanato que básicamente era como una cárcel para ella. Era libre y no quería estar en un cuarto donde sólo unas cuatro paredes serian su compañía.
- Lo he hecho porque gracias a usted me he quedado sin trabajo. – dijo tratando de calmarse. – en parte es culpable de lo que hice, sino me hubiera tratado de esa forma, yo no hubiera actuado de esa forma.
Leonardo la miró, aquella chiquilla no se arrepentía de su crimen, y hasta fue capaz de acusarlo a él por haber cometido su atrocidad. No vio arrepentimiento en sus ojos, ni siquiera la culpa la consumía. Molesto por esa acción tomó el celular y empezó a marcar.
Helen observó sus intenciones y de forma rápida le dijo.
- Espere, lo siento. – mordió su lengua al decir esa última palabra, recordando aquella frase donde le decía que jamás se iba a disculpar. Pero ¿Qué podía hacer? Él amenazaba con mandarla a la cárcel y ella no quería volver a las cuatro paredes de una habitación.
Era la palabra que él quería escuchar, pero ya era tarde, ya no complacía a sus oídos. Terminó de marcar el número y dijo llevando el celular a su oreja.
- Capitán, tengo a la delincuente.
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Comments
Elvira Fretes
no hay caso cuando hay poder, hay arrogancia y manipulación, patán e idiota 😡
2024-04-24
1
Mary Leticia
MSiempre el poder que obliga a los que no tienen como defenderse
2024-04-18
0
Kate Roman
pobre Helen😟
2023-10-09
3