En los siguientes meses Helen intentó buscar otro trabajo, pero a cada lugar que iba la rechazaban sin razón alguna. Leonardo se había encargado de que así fuera. La quería ver suplicando, pidiendo y rogando ante su presencia que la disculpara por su insensatez, y antes de irse, movió sus contactos y ordenó que nadie la contratara.
Tenía 4 meses desempleada, el dinero que había ahorrado se le estaba acabando y la renta estaba por llegar. Comenzó a odiar a ese hombre, ahora gracias a él sus sueños de montar su propio negocio se decaían. Pero tenía algo en claro, no iba a doblegarse ante él, buscaría otras opciones para encontrar trabajo y lo consiguió.
Tuvo la genial idea de hacer apuestas. Sus instrumentos de trabajo eran tres vasos de plásticos de colores y una pelota pequeña. No era una estafa, sí había gente que ganaba, aunque la mayoría de las veces la ganadora era ella, pero no lo hacía por maldad, solo quería sobrevivir y luchar un día más en la ciudad de California.
- ¿Cómo estuvo el día? – preguntó Abraham, su cómplice de apuestas y hermano de la vida, a quien el destino lo puso en su camino cuando más lo necesitaba.
Él es un muchacho de 22 años, de un estatus económico bajo. Alto de piel blanca y delgado. De ojos rasgados color gris, cejas pobladas y rasgos finos. Al igual que Helen, lleva ropas muy viejas para cubrirse del fuerte frío de la ciudad de California, un gran abrigo, pantalón de algodón, guantes viejos y un gorro de lana sobre sus cabellos.
- Normal, creo que tenemos lo suficiente para sobrevivir otro mes más. – dijo Helen contando el dinero en sus manos.
- ¡Ya viste! – volvió a decir Abraham observando el periódico y leyéndolo a la vez. – Leonardo Hoffmann "gran empresario". - movió sus dedos.- regresa a la ciudad. Creí que ese tipo ya no volvería.
Helen no pudo evitar escuchar ese nombre, tomó el periódico de inmediato y lo vio con sus propios ojos. Una fotografía donde él estaba saliendo de su mansión era lo que necesitaba, guardó la dirección en su cerebro y sonrió.
- Debo de irme. – dijo devolviendo el periódico a Abraham.
- ¿A dónde irás? – preguntó curioso, si se iba a meter en problemas, tendría que ir con ella para cubrirla.
- Hacer una visita a alguien. – sonrió. - No te preocupes, no voy a hacer nada malo, quédate tranquilo que volveré pronto. - le dio una palmaditas y comenzó a caminar.
Abraham quiso seguirla, pero la dejó ir sola. Iba a respetar su decisión. Recogió los instrumentos de trabajo y los llevó hasta su departamento, donde la esperaría.
Helen al llegar a la dirección, observó el lugar, tenía de todo, pero a la vez no tenían nada, pues aquella mansión daba a entender que no era un lugar familiar, todo lo contrario, era triste y vacía. El jardín ocupaba pocas flores, la mayoría marchitas, todo el lugar era un mar de tempestad, lamentos y nostalgia, un lugar donde los sueños se habían rotos, donde las almas habían abandonado sus para después ser condenadas, esa era la guarida del demonio. Colocó su capuza sobre la cabeza y se acercó a uno de los coches que estaban estacionados a fuera. Un coche galardón de color blanco seria su víctima.
Sin más que pensarlo, agachó su pequeño cuerpo y sacó la navaja que tenía escondida en su bolsillo. La ocupaba solo en casos de emergencia, después de todo era una mujer en una ciudad llena de mucha maldad. Clavó la navaja en una de las llantas del carro y continuó así hasta que todas estuvieron ponchadas y completamente desinfladas. Luego con la ayuda de un aerosol que compró en el camino, hizo un sin números de jeroglíficos, rayando todo el carro.
Una vez echa su fechoría y satisfecha por ello, se marchó de aquel lugar. Mientras tomaba el autobús para ir a su destino, pensó en esa escena que le fue imposible no sonreír de manera boba, le había dejado una sorpresa al demonio, una sorpresa que nunca olvidaría. Imaginó la cara que pondría, se volvería loco buscando culpables. Estaba muy segura de que nadie la había atrapado, nadie podría culparla, ni mucho menos acusarla de su delito, no había testigos y el demonio no podría acusarla de algo que no vio.
Aquel hombre la había dejado sin trabajo, ella lo dejó sin carro. Aunque tenía muchos la satisfacción de haber dañado uno nadie se lo quitaba.
En cuanto llegó al departamento, se dio un baño y salió muy contenta a preparar la cena. Abraham supo enseguida que Helen había hecho algo malo, pues sus ojos la delataban y esa sonrisa era sospechosa, pero se veía feliz y decidió no preguntarle, lo que habría hecho se iba a enterar tarde o temprano y él estaría ahí para cubrirla.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 102 Episodes
Comments
Elvira Fretes
pobre, pero quizás no contó que esa mansión tiene cámara de vigilancia, si es así está perdida 🤦🏻♀️
2024-04-24
1
Magaly Lamboy
Pq ella no se defendió diciendo lo que él le hizo? Tan inteligente que la presentas pero allí actuó como retardada.
2023-08-13
3
alexa c.amadeus
Ay pequeña, los ricos se rodean de seguridad tanto humana como de camaras
2023-08-12
0