Dos días después de lo sucedido, Helen se encontraba trabajando, atendiendo en cada mesa como de costumbre, hasta que Efraín fue a llamarla.
- Helen, el señor Sanders quiere verte. – dijo él con algo de preocupación, su rostro y tono de voz así lo hacían ver.
Ella notó eso, eso sólo significaba malas noticias. Tratando de respirar de forma tranquila dijo.
- De acuerdo, iré enseguida.
Efraín la llevó hasta la oficina del señor Sanders, estando ahí, le volvió a decir.
- Te deseo mucha suerte allí a dentro. – le dio unas pequeñas palmadas en el hombro como forma de apoyo y esperó a que ella entrara.
Helen medio sonrió, aceptando esas palabras. Alzó su mano y con sus nudillos tocó un par de veces aquella puerta que los dividían.
- Adelante. – dijo el señor Sanders, un hombre de unos 48 años, dueño de la cafetería donde ella trabaja.
Helen entró muy despacio en la oficina, pensó encontrarlo sentado en el sillón principal, pero él estaba sentado en una de las sillas de invitados. Quien ocupaba aquel lugar, era el mismo tipo que la había besado sin razón alguna y al que le había derramado el café encima. Se veía tan arrogante que su presencia provocaba en Helen escalofríos. Era todo en él, la mirada, su postura, cada parte de su cuerpo estaba rodeado de un aura oscura, peligrosa y misteriosa que obligaba en ella saber más de él. Helen supo enseguida de lo que se trataba y a lo que había ido, obligó a su cuerpo a calmarse y con una actitud seria caminó hasta el señor Sanders, su jefe y le dijo.
- Estoy aquí como me lo ha pedido señor.
- Toma asiento. – ordenó el señor Sanders, señalando una de las sillas vacías junto a él. Helen dudó un poco al sentarse, todavía sus ojos no se acostumbraban a ver a su jefe en la silla de invitados y se quedó de pie. – Vamos muchacha, es para hoy. – volvió a decir con algo de impaciencia, Helen entendió y se sentó a su lado de inmediato.
El señor Sanders estaba algo nervioso, la presencia de aquel joven lo ponía de esa forma, se podría decir que estaba hasta algo pálido. Sí él era el dueño de la cafetería ¿Por qué tendría que estar así? Se preguntó Helen en sus adentros.
El señor Sanders acomodó su corbata, respiró más calmado y le dijo a ella, tratando de hablar con mucha calma y procurando no sonar nervioso.
- Helen, él es el señor Leonardo Hoffmann y me ha comentado de lo sucedido hace dos días. – ella a sentó su mirada y vio fijamente aquel joven que tenía enfrente, quien no le quitaba sus ojos azules desde que ella entró, esos ojos azules que bien podrían ser los ojos del mismo demonio. – Quiere una disculpa de tu parte por haberle derramado el café encima y destruirle el traje que llevaba ese día.
Helen lo miró con mucha frustración. “Cómo iba a pedirle una disculpa si fue él quien por poco le manda el coche por encima. Además, se atrevió a besarla sin su consentimiento”.
Se levantó de su silla de golpe, no iba a permitir una difamación como esa. Estando consciente de que no hizo nada malo y sólo se defendió como lo haría cualquier persona dijo muy segura.
- No, no lo haré. – su postura se había puesto firme y a la defensiva.
- Muchacha, es eso o estarás despedida. – dijo el señor Sanders preocupado por la negación de Helen. – te ordeno a que te disculpes con él ahora mismo. – volvió a decir con un tono más alto y autoritario.
- Una disculpa de tu parte y todo estará perdonado. – dijo Leonardo con una voz profunda, en la que se podía sentir los lamentos de las almas que había poseído e irrumpido. Su postura en ese sillón lo hacía ver como si fuera el dueño del mundo y todos deberían darle reverencia. – el traje que dañaste era de mis favoritos. – volvió a decir señalando una bolsa de plástico color negra donde lo había puesto como evidencia para poder culparla.
Helen necesitaba dinero más que nadie en el mundo. Había concluido sus estudios primarios y secundarios dentro del orfanato y desde que salió, había trabajado muy duro para ahorrar y así montar su propio negocio, no era una ignorante, todo lo contrario, sabía lo básico y lo indispensable para emprender. Ahora su mayor sueño depende de una disculpa. Estuvo en silencio por unos segundos, hasta que al fin se atrevió a decir.
- Señor Hoffmann, está equivocado sí cree que me voy a disculpar. - llevó las manos a la espalda, quitó aquel delantal y dijo muy firme y con una voz desafiante. – renuncio.
El señor Sanders palideció un poco por las palabras de Helen, la presión estaba por bajar o subir, tratando de buscar calma en ese momento de tensión dijo.
- Señor Hoffmann, le pido una disculpa de mi parte y de toda la cafetería, es una chiquilla y no sabe lo que dice. Le prometo que será despedida en estos momentos y pagaremos el traje que a dañado para recompensar su error.
Leonardo no dijo nada, su rostro estaba duro que era imposible saber en lo que estaba pensando o planeado. Se puso de pie y con la misma aura oscura y pesada salió del lugar, marchitando todo a su paso, a la vez que obligaba a las personas que vieran a otros lugares menos a él. Sus hombres acostumbrados a la presencia extraña de su jefe, abrieron la puerta del coche y se marcharon en cuanto él entró.
- Recoge tus cosas, estás despedida. - habló el señor Sanders tomando asiento en el sillón mientras llevaba un pañuelo a su frente para limpiar pequeñas gotas de sudar que habían salido por lo nervioso que estaba.
- Señor, acabo de renunciar, no puede despedirme si lo hice primero. – dijo Helen, dejó su credencial y se fue de la oficina.
Al salir, tomó sus cosas, se despidió de Efraín en agradecimiento por tratarla bien y se marchó de la cafetería sin mirar atrás.
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Comments
Elvira Fretes
Arrogante el sr. Hoffmann.. El problema será que no conseguirá un trabajo en esa ciudad
2024-04-24
1
elizabhet santos sanchez
ha llamado mi atención
2024-04-01
0
Kate Roman
me encanta 😍
2023-10-09
3