Me cuesta creer cómo todo terminó tan mal.
Lousia estaba llorando en el piso, no fue mi culpa, pero gracias a su escándalo logre escapar de lo que hice. Porque, momentos antes, en el piso, estaba tirado el príncipe heredero, riéndose mientras tocaba su mejilla, mientras mi mano ardía de la cachetada que le di.
Rebobinemos.
—Lo que dice su Alteza es irrespetuoso —mi paciencia estaba al límite—. No es necesario traer o ir por un espejo para saber que nos vemos mal e incompatibles.
—Me gustaría probar esa supuesta incompatibilidad en mi cama.
—Yo no deseo hacerlo —lo volví a pisar—. Creo que Su Alteza debería acercarse a la fuente del Marqués para refrescarse, si gusta lo acompañó —no me molestaría empujarlo de nuevo.
—Creo que podrías refrescarme de otra manera —acarició mi espalda baja—. Después de todo, si cierta desaparecida vuelve, tendrás que hacer cosas como esa y peores para sobrevivir.
—De hacerlo —apreté su mano con mis uñas— le aseguro que buscaré solo a un hombre.
—¿Y quién sería el desafortunado?
—El más anciano de entre los nobles —vamos a darle donde más le duele: su padre.
—No tienes idea de que lo harían hombres de ese tipo.
—Por supuesto, una plebeya como yo es consciente de lo que me harían. Consideró que el más decente podría ser Su Majestad el Emperador, de casualidad… ¿sabe si necesita una concubina?
Soy consciente de la pésima relación que tiene Kalius con su padre. Por lo que, no fue una sorpresa, que él apretara el agarre en mi cintura hasta lastimarme bastante como para perder el equilibrio. Eso y sus ojos negros, llenos furia, que deseaban poder matarme, me atemorizaron.
Pero estoy más enojada que asustada porque él empezó toda esta discusión.
—No me equivoque contigo —su sonrisa realmente espantaba—. Eres una sucia barata.
—No barata, Su Alteza, le aseguro que le cobraría bastante al Emperador.
—¿Y tú crees que te tomará en cuenta? Sucia plebeya.
—El único sucio aquí es usted —lo señalé—. No me sorprendería que al final acabe como el hombre más miserable del mundo.
—Si ese es mi destino —tomó mi barbilla bruscamente— te aseguro que haré del tuyo tan denigrante que te arrastraras tal cual perra que eres hacia mí.
—¿Por qué me arrastraría hacia el que podría ser el más miserable del mundo?
—Porque desde ahora haré de tu vida un infierno —me estaba lastimando mi cara—. La vida tan bella que llevaste se irá hacia abajo —ahora tomo mi cuello sutilmente—. Tu sueño de plebeya a princesa se acabará, haré como si esos días maravillosos que viviste nunca hubiera existido.
Quiero golpearlo hasta que me sangren los puños.
—Dime, Marina… ¿te sientes afortunada por tomar el lugar de alguien más?, ¿disfrutas que seas tratada cual princesa?, ¿qué todos te admiren y respeten?, ¿amas que los sirvientes te vistan con las más lujosas joyas y vestidos?
Soporte sus comentarios extremadamente groseros porque me fascinaba responderle de igual manera. Pero ¿Cómo puedo responder a lo que acaba de decirme? No era porque no podía, era porque me canse.
Él iba a arrastrarme a un infierno que ya conocía, y cuando se entere cómo vivía realmente, apuesto que me arrastrara hasta el más bajo y tenebroso infierno que se pueda imaginar.
¿Por qué tengo que soportar esto? Es mi segunda vida, una donde prometí ser feliz.
Haber escuchado su amenaza me hizo odiarlo como nunca, él es una amenaza a mi futuro. ¿Cómo este hombre machista, grosero, mujeriego, cruel y vanidoso pudo ser cambiado por la protagonista? ¿Por qué este hombre merece un final feliz y no yo?
Gracias al cielo que Marina nunca lo amó. Ella estaba más desesperada por el amor de la familia Vansher que por ver a un príncipe apuesto.
—No, Su Alteza —mi respuesta lo sorprendió—. Es un no a todas esas preguntas —luego tomé su mano y la coloque sutilmente en mi hombro, justo donde estaba el único tirante de mi vestido—maldito bastardo.
Luego lo empuje y sin que nadie se diera cuenta yo misma arranque mi tirante. Pero todo se veía como si Kalius lo hubiera arrancado. Termine fingiendo sorpresa y derramando lágrimas.
—¿Cómo pudo, Su Alteza? —Deje al descubierto mi cicatriz reciente—… ¿Por qué lo hizo? —solo le di una cachetada y puse mi pie detrás del suyo para que cayera.
—Dios mío —una señora mayor se acercó a mí y me cubrió con una bella manta—. Pobre de la Reina por tener que soportarlo. Tranquila jovencita —los susurros sobre mi accidente se callaron ante una risa demente.
—¿Cómo puede reírse después de lo que le hizo a una dama?
—Que descarado…
—Parece que todavía piensa que está en la guerra.
—¿En verdad él será el siguiente Emperador?
Kalius escuchaba esos comentarios, pero seguía riéndose. Einsher, quien se había alejado para hablar con algunos nobles, no tardó en venir por mí. Apenas se dio cuenta de la situación, su puño se dirigió a la cara del maldito Kalius. Inmediatamente los caballeros imperiales reaccionaron a ese puño que a mi cachetada. Pero, el loco del príncipe los detuvo.
—Me gustaría cortar las manos de ambos —volvió a mirarme con un odio intenso—. Lamentablemente, sin importar lo que diga, me han hecho el agresor.
Maldito hipócrita.
Desde el momento en que nos conocimos me di cuenta que él ya odiaba a Marina, no lo entiendo. No es hasta que llega Liliana que Kalius demuestra su disgusto por ella. Aunque, ahora que recuerdo, había dos escenas en la novela donde Marina y Liliana conversaron sin que la villana atacara. En la primera plática, Liliana se tropezó con una roca y en la segunda casi la golpea una maceta de un balcón. Pero ambos fueron accidentales, Marina no tuvo nada que ver, y aun así, Kalius la acusó a pesar de que Liliana insistía en que su “hermana” era inocente.
Es como si en la misma novela, el odio de Kalius hacia Marina fuera algo más.
—Esto no va a quedarse así, príncipe heredero —lo amenazó Einsher— vámonos Marina.
No discutí con Einsher, ya me canse de esta fiesta. Carajo todo salió mal, estoy muerta. Bueno, tal vez si me castigan pueda volver a mi plan original.
—¡Espere, joven Einsher! —Lousia corrió hacia nosotros al darse cuenta que ya nos íbamos— ¿Por qué se va? Creí que usted…
—Voy a aclarar este malentendido señorita Jenwell —sin dejar de agarrar mis hombros, le dijo—: Solo porque mi madre ha sido gentil con usted no significa que haya algo entre nosotros. Admito que es una dama respetable y de apariencia bella. Pero…me gustaría que dejara de esparcir rumores sobre un compromiso entre ambos. Nunca le pediría que fuera mi esposa.
Lousia cayó derribada al suelo y se puso a llorar. Luego, Einsher me empujó suavemente para irnos de la fiesta. Roy, quien había visto todo el espectáculo sin mover un dedo, me miraba burlonamente. Al final se quedó en la fiesta, y solo Einsher y yo nos fuimos en el carruaje.
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Comments
Vanessa Ibáñez Fernández
desde que la duquesa le dijo las últimas palabras sobre la plebeya que mandó a matar la emperatriz muerta, no puedo dejar de pensar que el emperador puede ser el posible padre de nuestra prota o x lo menos algo debió de pasar entre ellos x eso los príncipes la odian tanto
2024-10-07
8
Graciela Hernandez
los hombres la desean y quieren poseerla, pero como es plebeya la tratan de prostituta.
2022-12-13
10
FairyTessa
pienso lo mismo ella es hija del emperador ....
2022-12-07
1