Si ya estaba aterrada por el hecho de que me retirarían el castigo, estoy por morirme por tener que estar con toda la familia en el jardín solo para tomar el té. Bien, a pesar de convivir con la familia de mierda, solo diré…
¡Mente positiva!
—Einsher, Escuche que la señorita Lousia Jenwell te ha invitado a su cumpleaños.
—Sí, pero no creo poder asistir Madre.
—¿Por qué no?, es una dama educada, de buena apariencia e hija de un marqués.
—No creo que sea adecuado después de lo ocurrido con Marina.
Así que se llamaba Lousia Jenwell, la joven a la que Marina agredió.
En la novela, Lousia era la prometida de Einsher, pero termina odiando a Liliana por tomar toda la atención de su prometido. ¡Qué ridículo! Obviamente le dará más atención a su hermana desaparecida que a una prometida quisquillosa.
—¿Estás escuchando Marina? —me preguntaba Cecil.
—Lo siento, duquesa —me perdí en mis pensamientos— no pude escucharla.
—Dije que sería bueno que asistieras al cumpleaños de Lousia para disculparte con ella —no me estaba mirando— ya que no quiero problemas entre ella y Einsher.
—Pero su cumpleaños es en tres días, y yo…
—Por eso te quitaremos el castigo —dijo el duque—. Además de que es tu recompensa por tu buen comportamiento con el príncipe heredero.
—¿Buen comportamiento?
—Te dan un premio por haberlo humillado —dijo Roy— ¿Qué no entiendes?
—Pero… —no debo dejar que me retiren el castigo— todavía me faltan pagar otros errores y yo…
—Lo que ocasionaste en la fiesta —me interrumpió la duquesa— fue más que suficiente para pagar todos ellos.
—Sobre eso… —continuó el duque— ¿Hay algo que quieras como recompensa?
Todo esto salió mal. De haber sabido que esto pasaría me habría callado con Kalius, ¿a quién engaño? Hubiera terminado por hacer lo mismo. Pero me queda la recompensa del duque, pueda usarla a mi favor, nada está perdido.
—Pues… —no tengo que sonar tan desesperada— lo pensaré y luego se lo diré, duque.
—¿No sabes que quieres? —preguntó asombrado.
El resto de la familia me miraba de la misma manera que el duque. Supongo que Marina hubiera pedido joyas y vestidos.
—Me gustaría pensarlo bien.
—De acuerdo —dijo el duque— si eso es lo que quieres.
Gracias al cielo pude retirarme de esa reunión. Realmente me estaba ahogando con esa familia. Al llegar a mi habitación me sorprendió ver a Martha en la puerta.
—¿Qué haces aquí? —No importa cuánto lo piense, no puedo confiar en nadie, sobre todo en ella.
—Quería entregarle esto, Señorita —en sus manos había una botella mediana.
—¿Qué es esto? —Lo tomé con mis manos y, al abrirlo, vi que el contenido parecía ser una crema.
—Es un cicatrizante muy bueno… sobre todo para las quemaduras —deje caer el frasco en cuanto la oí decir eso, por suerte no se había roto—. ¿Señorita?
—¿Qué fue lo que dijiste? —Estaba molesta— ¿Quién te lo ordenó?... Responde.
—Nadie, señorita… —no lo soporto.
—Entonces ¿esto es por tu propia cuenta?, ¿vas a decirme que te pesa la conciencia?
—Señorita… yo…
—Tal vez quieras darme otra crema para mi cabello de tanto ser jalado —me molesta más que sea ella quien me de algo así— y también un relajante para mi mejilla por las cachetadas de la duquesa, tal vez otra crema para las cicatrices que tengo de tanto intentar escapar o de los tratos de los sirvientes.
—Señorita, en verdad yo… —no soporto este gesto amable de alguien que nunca movió un dedo.
—¿Hay algo más verdad? Dilo Martha —quiero gritarle— di la otra mierda de la fuiste testigo.
—¡Señorita! —Debió asustarse de mi grosería, pero ya juré no contenerme con esas palabras, soy libre de expresarme cuanto quiera. Pero nunca pensé que me enfadaría por Marina a tal extremo.
—¿Qué esperas? Si eres capaz de darme esta cosa —patee la botella— ¿no tendrás por ahí alguna medicina que ayude a mi estomago de tanta porquería que comí toda mi niñez?
—Yo… —algunas lágrimas querían salir de sus ojos, sus manos apretaban su falda con fuerza.
—No te atrevas a llorar Martha, ni siquiera a volver a hacer algo como esto —ni siquiera hay una disculpa, porque en el fondo todos creen que Marina se lo merecía—. Mis quemaduras, cicatrices y el familiar olor de comida apestosa son algo que no se pueden borrar con una crema. Y además… yo no quiero borrarlas, son mi recordatorio de la lección que aprendí esos días —la lección de no amar a esta familia— y lo que aprendí hoy —que Marina nunca recibió una disculpa y por ello todos apestan en esta mansión.
—Señorita, la verdad es que… —no quiero escucharla.
—La única verdad es que una pobre niña huérfana fue maltratada por nobles y sirvientes, y que todos creen que ella se lo merecía. No hay otra verdad.
Ignore a Martha y entre a mi cuarto azotando la puerta. Realmente estoy molesta. Marina tal vez hubiera aceptado esa crema muy ilusionada, pero no soy ella. Además, es lo correcto, si la villana no tiene la valentía de defender su orgullo, yo lo haré en su lugar a partir de ahora hasta el último día en que me quede.
Si…
Marina, tenías todo el derecho de ser una villana, pero por lo menos debiste ser una inteligente y no berrinchuda. Pero hasta eso es comprensible, eras una niña plebeya que nunca supo cómo defenderse y estabas completamente sola.
Prometí no llamar la atención, pero no puedo, la vida de Marina ahora es mía, es mi responsabilidad darle aunque sea un poco de justicia.
Vamos a sacarle la verdad a la duquesa, a poner en su lugar a esos bastardos y al duque vamos a enseñarle el asco de padre que es y, que tal vez por ello, nunca se mereció a su verdadera hija.
Cuando la mañana siguiente llegó ya había decidido con quien empezar.
—Señorita Marina —el mayordomo tocó mi puerta.
—¿Qué quieres? —lo deje pasar.
—El duque la invita a tomar el té en su oficina. Solo a usted.
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Comments
Marina Hinostroza
oh, hijo, vaya, vaya, un tesito, sólo los dos... que se traerá el duque con eso?
2024-07-24
4
juana cova
Ahora que quiere?
2022-09-21
2
juana cova
Zas va a hacer que la castiguen nuevamente
2022-09-21
1