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Un Amor Posesivo

Un Amor Posesivo

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mafia
Popularitas:722
Nilai: 5
nombre de autor: Kioko kento

un romance entre un mafioso y un femboy

NovelToon tiene autorización de Kioko kento para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ELEGIRTE SIN POSEERTE

Habían pasado varios meses desde que Dante cerró la puerta de la mansión tras de sí, sin mirar atrás. Ya no dirigía la organización, ni respondía a ningún apellido que llevara peso y poder. Simplemente era Dante. Y esa sencillez, que antes le habría parecido insoportable, ahora era lo que más valoraba.

No fue nada fácil al principio. Durante décadas había vivido rodeado de personas que anticipaban cada uno de sus deseos, que obedecían sin cuestionar, que resolvían problemas antes de que él siquiera terminara de pensar en ellos. De pronto se encontró en una cocina pequeña, con una libreta de recetas en una mano y una cuchara en la otra, sin nadie a quien ordenarle nada. Tenía que aprenderlo todo desde cero: hacer las compras, pagar las cuentas, cocinar sin que todo terminara humeante y negro.

Adrián no perdía oportunidad de observarlo con una sonrisa divertida.

—¿Otra vez quemaste la cena? —preguntó una tarde, entrando en la cocina y viendo cómo Dante intentaba disimular el humo que salía de la sartén.

Dante miró con fingida seriedad lo que había dentro.

—No está quemada. Solo… tiene un toque tostado.

—Está negra, Dante. Se levanta sola del plato.

—Es parte de la receta —insistió, aunque sus ojos delataban que sabía perfectamente que no era cierto.

Adrián estalló en risas, y pronto Dante se contagió. Apagó el fuego, dejó la cuchara y se acercó para abrazarlo por la espalda. Aquellas risas, tan sencillas y sin ninguna intención oculta, eran algo que nunca había creído posible para él. Nunca había imaginado que una vida tan pequeña, tan tranquila, tan común, pudiera llenarlo tanto por dentro.

Una tarde, decidieron salir. Caminaron hasta el centro, hasta aquel lugar donde todo había comenzado: la pequeña cafetería de siempre. Y como si el destino quisiera recordarles, el cielo se oscureció y comenzó a llover, suave pero constante, igual que aquella primera noche.

Se sentaron en la misma mesa, cerca del cristal, donde Dante había estado sentado solo, viendo entrar a Adrián sin saber que aquel momento cambiaría su vida para siempre.

Adrián miró las gotas resbalar por el vidrio.

—Parece que todo empezó con lluvia —dijo suavemente.

Dante sonrió, apoyando un codo sobre la mesa.

—Y casi termina con una guerra.

—Qué dramático eres —rio Adrián.

—Soy un hombre dramático. Tengo mucho pasado que superar.

Hubo un silencio cómodo, solo interrumpido por el sonido de la lluvia y el murmullo de otras personas en el local.

—¿Te arrepientes? —preguntó de pronto Adrián, girando la taza entre sus manos.

Dante negó lentamente.

—De muchas cosas. De las personas que lastimé. Del tiempo que perdí viviendo entre miedos y sombras. De todo lo que tardé en entender que no necesitaba controlar el mundo para no estar solo.

Hizo una pausa, lo miró directamente a los ojos y añadió con voz firme:

—Pero nunca de conocerte. Ni por un segundo.

Adrián sonrió, y esa sonrisa era lo más hermoso que Dante había visto jamás.

Tomó suavemente la mano de Adrián sobre la mesa.

—Antes pensaba que amar a alguien significaba encerrarlo donde nadie pudiera lastimarlo. Asegurarme de que no pudiera irse jamás. Creía que el amor era una posesión. Una fortaleza que yo construía para proteger lo que era mío.

Acarició sus dedos con el pulgar y continuó, mucho más tranquilo:

—Ahora sé que amar significa darle a alguien la libertad de irse… y confiar en que elegirá quedarse. No porque no tenga otra opción. Sino porque te elige a ti, cada día.

Adrián apretó suavemente su mano.

—Eso estuvo bastante bien —dijo con una sonrisa tierna.

—Estoy aprendiendo —respondió Dante, con una sinceridad que le salía del alma.

La lluvia golpeaba suavemente los cristales. Dante cerró los ojos un instante y vio al hombre que había sido: frío, distante, siempre alerta, convencido de que el poder era la única seguridad posible. Se vio a sí mismo mirando desde la ventana de su despacho, solo en medio de una mansión inmensa, creyendo que tenía todo cuando en realidad no tenía nada.

Luego abrió los ojos y miró a Adrián. Y comprendió que no necesitaba poseerlo, ni vigilarlo, ni decidir por él. Solo necesitaba confiar. Y lo estaba haciendo.

—¿En qué piensas tanto? —le preguntó Adrián, inclinándose un poco hacia él.

Dante sonrió.

—En aquella noche. En la primera vez que entraste aquí.

—¿Te acuerdas de lo que pensaste?

—Pensé que eras alguien que no debía acercarme. Que traerías problemas.

—¿Y qué habrías hecho si hubieras sabido todo lo que iba a pasar? Las amenazas, el peligro, todo…

Dante reflexionó unos segundos.

—Probablemente habría intentado alejarme de ti. Habría intentado protegerte desde el principio, manteniéndote lejos de mí.

Adrián soltó una carcajada.

—¿Y habría funcionado?

—No —respondió Dante con seguridad—. Porque incluso entonces, sin saberlo, ya te estaba buscando. Habría encontrado la forma de cruzarme en tu camino tarde o temprano. No tenía sentido luchar contra ello.

Adrián entrelazó sus dedos con los suyos.

—Entonces supongo que estamos donde tenemos que estar.

Dante miró hacia la calle, donde las luces de la ciudad se reflejaban en el asfalto mojado. Ya no era el hombre que gobernaba las sombras. Ya no tenía que mirar por encima del hombro ni desconfiar de cada sombra. Ahora era simplemente él, y estaba con la persona que más amaba. Adrián no era su debilidad ni su posesión. Era su compañero. Su hogar.

Pagaron y salieron juntos. La lluvia había amainado pero seguía cayendo suavemente. Caminaron bajo el mismo paraguas, hombro con hombro, sin prisa, sin destino urgente al cual llegar. Antes de alejarse, Dante miró hacia atrás una última vez, hacia la cafetería iluminada entre la lluvia. Aquel lugar había sido el inicio de todo: de los secretos, los celos, el miedo, la obsesión… pero también del amor que lo transformó por completo.

—¿Vamos? —preguntó Adrián.

Dante sonrió, apretando su mano.

—Vamos.

Y caminaron juntos bajo la lluvia, esta vez sin esconderse de nadie. Solo avanzando, paso a paso, hacia todo lo que aún les quedaba por vivir.

... 💋 FIN DE LA PRIMERA PARTE🔥...

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Brisa Romero
/Curse/
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