NovelToon NovelToon
DIAMANTES Y BERRINCHES

DIAMANTES Y BERRINCHES

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Amor de la infancia
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

9

¡Ay, Dios mío! Esto se suponía que era una noche "normal" de gala, joyas y champaña cara, ¡y terminó siendo todo menos normal! El palacio de los Marchesi se convirtió en el escenario de una tragedia romántica de proporciones bíblicas. Y miren que yo he visto de todo, pero el nivel de necedad de este hombre ya merece un estudio científico. Vámonos directo al estacionamiento , donde los motores de los autos de lujo rugen casi tanto como el ego herido de nuestro italiano favorito

Luciano caminaba a pasos agigantados por el concreto pulido del estacionamiento . Detrás de él, los pasos apresurados de Marcelo resonaban con eco.

—¿Qué haces? —le gritó Marcelo, alcanzándolo justo cuando Luciano ponía la mano sobre la manija de su auto.

—Vamos por un trago —respondió Luciano, con una voz tan fría y cortante que habría congelado el motor .

—Luciano, debes regresar allá arriba y...

—¡¿Y qué?! —estalló el heredero, girándose de golpe y clavándole una mirada llena de rabia a su amigo—. El consejo ya lo decidió. La van a casar. Van a armar una maldita subasta con su vida.

Marcelo suspiró, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón. Estaba cansado de rodear el elefante en la habitación. Ya era hora de hablar con la verdad, sin importar si terminaban a golpes en el suelo del estacionamiento.

—¿Por qué no eres sincero de una buena vez? —le espetó Marcelo, dando un paso al frente—. Regresa a ese despacho, plántate frente a esos viejos y diles a todos que Tessa te gusta. Así de simple.

Luciano se quedó estático un segundo. Y luego, soltó una carcajada. Una risa seca, irónica y completamente carente de gracia.

«¡Jajajaja! Huy, no... ya se nos volvió loco el guapo», desde mi rincón mental todo se ve mal . Bueno, algún defecto tenía que tener el infeliz, ¿o no? Si no es la cobardía, es la locura, porque reírse en una situación así es de plano haber perdido un tornillo.

—A mí Tessa no me gusta —soltó Luciano, recuperando la compostura con una seriedad insultante.

¡Y dale la burra al trigo! De verdad, yo ya no sé si este hombre es necio, es terco o es profundamente pendejo. ¡Que sí te gusta! Todos en este bendito continente lo sabemos, hasta las piedras de Sicilia lo saben. ¡Díselo, Marcelo! Por favor, acomódale las ideas porque a mí ya no me quedan fuerzas.

Marcelo rodó los ojos, perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

—Hermano, no te mientas a ti mismo —le reclamó Marcelo, señalándolo con el dedo—. La muñequita te gusta desde que la conociste cuando estaba en su cuna. Has estado enamorado de ella toda tu maldita vida.

—¡Claro que no! —replicó Luciano, elevando la voz, visiblemente alterado por la acusación—. Solo la protejo. Eso es todo. Es la hija de Donato, creció con nosotros. Es mi deber asegurarme de que nadie le haga daño.

—Ah, mira tú... Pues para ser simple "protección", como que se te ha pasado un poquito la mano, ¿no crees? —ironizó Marcelo, cruzándose de brazos—. A ver, dime, ¿cuántos desterrados llevas ya? ¿Cuántos idiotas han tenido que mudarse de país porque los amenazaste solo por respirar cerca de ella?

Luciano apretó los puños, la mandíbula tan rígida que parecía de mármol.

—Si vas a seguir diciendo idioteces, Marcelo, me voy solo —amenazó, abriendo la puerta del auto.

—¡Ah, no! A mí no me vas a aplicar la del loco —lo detuvo Marcelo, tomándolo del hombro con fuerza—. El único loco aquí eres tú. Sabes perfectamente de lo que te estoy hablando. Le quitaste de encima a todos los pretendientes que pudiste durante años. Te encargaste de que ningún hombre en Milán tuviera el valor de invitarla a salir. Pero esta vez dudo mucho que puedas hacerlo tan fácil. Esta vez, los hombres que van a enviar sus solicitudes llevarán títulos, apellido, poder y ejércitos detrás. No vas a poder asustarlos con una mirada.

Mírenlo. Qué joyita. No lo niega. Se quedó completamente callado porque sabe, muy en el fondo de su retorcido cerebro, Marcelo tiene toda la maldita razón del mundo. Yo solo quería gritarle: «¡Regresa! ¡Pelea por ella! Si no lo haces ahora, si dejas que su padre firme ese contrato con otro hombre, te vas a arrepentir el resto de tus miserables días».

Pero Luciano, fiel a su estilo de evadir lo que realmente le quema el pecho, simplemente desvió la mirada.

—Necesito un trago —repitió, con la voz apagada—. ¿Vienes o me voy solo?

—El alcohol no te va a aclarar las ideas que tienes en la cabeza, Luciano —le advirtió Marcelo, mirándolo con una mezcla de lástima y frustración—. Solo las va a dormir por unas horas. Y mañana vas a despertar con la misma realidad y una peor resaca.

—Marcelo... —gruñó Luciano, en tono de advertencia.

—No, Luciano, ¡por el amor de Dios, date cuenta ya! —estalló su escudero, tomándolo de las solapas del saco para obligarlo a mirarlo de frente—. Tu amor hacia ella no es el mismo que yo le tengo. Yo la veo como mi hermanita. Siempre la he visto así, con esa pureza y ganas de cuidarla de lejos. Pero tú... tú nunca la has visto de esa manera.

Y ahí estaba la verdad más grande de toda esta historia. Marcelo tenía toda la razón. Luciano siempre, absolutamente siempre, ha visto a Tessa como mujer. Y sí, como lo dijo su amigo, desde el primer segundo en que la conoció, cuando eran solo unos niños corriendo por los viñedos, él le entregó su alma y su corazón por completo sin saberlo. Perooooo... el genio cree que debe amarla como a una hermana porque crecieron bajo el mismo techo y bajo las mismas reglas de la mafia. ¡Vaya qué mierda de idea! Qué manera tan trágica de arruinarse la vida por culpa de una etiqueta estúpida.

Luciano se soltó del agarre de Marcelo con un movimiento brusco, entró al auto y encendió el motor, haciéndolo rugir en la oscuridad del estacionamiento. Marcelo lo miró fijamente a través del parabrisas, suspiró y, sin más remedio, rodeó el auto para subirse en el asiento del copiloto. No lo iba a dejar solo, no en esa noche donde el futuro del imperio se estaba decidiendo entre botellas de alcohol y un orgullo maldito.

1
Maria Garcia
me encanta su novela
Eliette Maldondo Velazquez: gracias
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play