Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…
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Capitulo 9
A pesar de lo agradable que era que un hombre como Dan la colmara de atenciones y regalos, no los necesitaba para ser feliz. Lo que le gustaba de Dan no era su dinero, sino él. Y le parecía que utilizaba sus caros regalos como un escudo, una forma de mantenerla a distancia. Ella no era capaz de establecer con él una conexión significativa y genuina.
A las nueve menos cinco bajó las escaleras. Él la esperaba al pie de las mismas. Estaba muy guapo y parecía pensativo.
–¿Quieres ver el mar? La luna está llena. Tiene que ser una bonita vista.
–Me parece estupendo.
Ella se sintió incómoda al salir de la casa. Por un momento creyó que la agarraría del brazo o de la mano, lo que antes era normal. Ahora, no tanto.
Dan se apoyó en la barandilla de los escalones para bajar. Para alguien a quien hacía mes y medio que le habían puesto una prótesis de rodilla, se movía con una increíble elegancia. Sin embargo, ella sabía que un deportista de élite no aceptaba alegremente las limitaciones de su situación.
–Seguiremos un sendero por el bosque. Serpentea un poco, pero lo han despejado recientemente, por lo que se recorre con facilidad, incluso de noche.
–De acuerdo.
El sendero, cubierto de agujas de pino y de las última hojas del otoño, era lo suficientemente ancho para que dos personas anduvieran una la lado de la otra. Allí fuera, envuelta en la paz de una noche de verano, Helena sintió una enorme tristeza por todo lo que había perdido. No podía conseguir que Dan fuera el hombre que deseaba.
Durante unos segundos no supo qué echaba más de menos, si al amigo o al amante. ¿Sería posible recuperar la amistad y evitar la tentación de volver a meterse en su cama? No se lo parecía.
–Ten cuidado donde pisas –dijo él–. Estamos cerca del borde.
Delante de ellos, todo lo envolvía oscuridad, aunque había luna llena. Helena se estremeció. Tenía una relación de amor/odio con el agua. Tras haber estado a punto de ahogarse en la piscina de un vecino a los siete años, tenía dificultades para meterse en el agua.
Ahora, lejos de los árboles, oía las olas rompiendo en la playa, debajo de ellos. Aquella parte de la costa era muy alta. De todos modos, desde el promontorio donde Dan había construido la casa había una vista impresionante. La había vislumbrado a su llegada. Disfrutaría del mar todo el tiempo que estuviera allí.
Sin embargo, esa noche era distinto. Se abrazó la cintura tiritando. Tenía el estómago revuelto a causa de la excitación, el miedo o ambas cosas.
La contemplación de la vista en silencio no le resultó cómoda del todo. Las desavenencias entre ellos habían desaparecido, pero ella no las había olvidado. Dan seguía siendo un enigma y ella continuaba queriendo estar con un hombre que la amara eternamente.
Como era poco probable que él cambiara, tal vez aquella fuera la oportunidad para que ella echara el cierre emocional a su antigua relación y hallara otra forma de relacionarse con él.
Le rozó el brazo.
–¿Cómo fue el accidente?
Notó que él se tensaba a su lado. Le respondió en voz baja y áspera.
–No recuerdo gran cosa. Los médicos dicen que es posible que nunca llegue a recordar esos momentos. Lo que sé es que papá y yo habíamos venido aquí a ver a Fabio y volvíamos a Portland. Un vehículo que venía en dirección contraria cruzó la línea central y nos embistió de frente. Mi padre murió al instante, al salir disparado. No llevaba puesto el cinturón de seguridad. El lado donde yo estaba sentado se llevó la peor parte del choque. Me aplastó la pierna.
–Lo siento mucho, Dan.
Él se encogió de hombros.
–Me hicieron varias operaciones. Me pusieron agujas, me reconstruyeron la pierna… Ya sabes. Por último me dijeron que habían hecho todo lo que habían podido.
–¿Y?
–Me convencí de que tenía que volver a las pistas de esquí. Sé que fue una estupidez, pero estaba desesperado. Esquiar es mi vida.
–Pero te estrellaste.
Él rio sin alegría.
–Se podría decir que me estrellé y me quemé. Y no volví a la casilla de salida, sino mucho más atrás. La pierna estaba tan destrozada que una prótesis de rodilla era la única solución.
–¿Y el esquí?
Su perfil era hermoso y distante a la luz de la luna.
–Nadie lo sabe.
Ella no se imaginaba a Dan sin poder deslizarse por una pendiente nevada.
–Debe de haberte resultado aún más difícil llorar la pérdida de tu padre en medio de esa situación.
Él se removió inquieto.
–Recordarás, sin duda, la reputación de mi padre. No era un hombre fácil.
–Sé lo que se decía de él en el trabajo, pero con sus hijos… –se calló porque no sabía cómo expresar lo que quería decir. La señora Maxwell había muerto al dar a luz a Danel. El padre había criado a sus hijos de forma muy autoritaria.
Helena había tenido problemas con el severo padre de Danel, pero no era el momento de reabrir viejas heridas.
Dan se metió las manos en los bolsillos y dio un puntapié a una piedra.
–Quería a mi padre. No deseaba que muriera. Pero dirigir la empresa es mucho más sencillo, ahora que estamos los tres solos.
Helena era capaz de adivinar el pensamiento de los demás. Era uno de sus dones, que no siempre era agradable. En aquel momento sabía que Dan sufría física y mentalmente. Quería consolarlo, devolverle su sonrisa desenfadada y su despreocupada personalidad.
Pero cualquier intento por su parte de iniciar un contacto físico, por inocente que fuera, se intensificaría inmediatamente. Había una poderosa atracción entre los dos, incluso dos años después.
–Deberíamos volver –dijo ella, consciente de repente del peligro que representaba aquel paseo nocturno–. Me he levantado temprano y estoy agotada.
–Claro.
No hablaron durante el camino de vuelta. La emoción de volver a ver a Dan le había producido un doloroso nudo en el estómago.
Al llegar a la casa, Dan abrió la puerta y se apartó para que ella entrara. Helena pasó y se detuvo en el vestíbulo.
–Buenas noches, Dan .
Durante unos segundos, él bajó la guardia y ella vio el deseo reflejado en sus ojos y estuvo segura de que la iba a besar.
En lugar de eso, le acarició la mejilla. Notó sus fríos dedo sobre la cálida piel de su rostro.
–Me alegro de que hayas venido, Helena . Buenas noches.
Dicho lo cual, dio media vuelta y se fue...