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LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance de oficina / CEO / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Christine tiene 26 años, trabaja como contable en una importante corporación alimentaria y cree ser una hoja al viento tras haber crecido en un orfanato. Su vida transcurre en calma hasta que un inesperado ascenso la lleva al último piso de la empresa, directo al despacho de Rubén, el frío y estricto CEO. Él vive atrapado en una jaula de oro, obligado a cumplir una promesa familiar y casarse con Clarisa, la caprichosa y superficial hija del socio de su padre.
Entre balances financieros y reuniones compartidas, una atracción prohibida e inevitable surge entre la contable y el director ejecutivo. Sin embargo, un trágico accidente y una inesperada emergencia médica en el hospital lo cambiarán todo, sacando a la luz una anomalía biológica que desatará las sospechas del pasado.
Nadie es quien dice ser. En un mundo de lujos falsos y secretos de alcoba, ¿qué misterio se esconde detrás de la cuna de la verdadera heredera? El altar de la verdad está listo para que caigan las máscaras.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 7 CAFE Y CONFESIONES

Ver al gran jefe de la corporación arrodillado en la alfombra de mi despacho, ayudándome a recoger los balances desparramados, era una escena surrealista. Mi corazón seguía latiendo con fuerza, pero ya no era por el susto de la caída, sino por el recuerdo de sus brazos rodeando mi cintura. Todavía podía sentir el calor de su cuerpo pegado al mío y ese perfume masculino, amaderado y elegante, que parecía haberse quedado impregnado en el aire de mi oficina. Me temblaban las manos mientras apilaba las hojas sueltas, tratando por todos los medios de enfocar mi mente en el trabajo y no en la intensa mirada oscura que Rubén me había dedicado hacía unos instantes.

—Aquí tienes —dijo Rubén, extendiéndome el último fajo de folios con total caballerosidad. Se puso de pie con una agilidad impecable y se sacudió los pantalones del traje con una mano, recuperando en un segundo su postura de líder inquebrantable.

—Muchas gracias, señor Rubén. De verdad, qué vergüenza que me haya visto en esta situación tan ridícula —respondí, colocándome en pie y dejando los papeles recuperados sobre mi escritorio. Me acomodé la blusa y el flequillo, sintiendo que mis mejillas seguían ardiendo como dos trozos de carbón encendido—. Y bien... usted me dirá. Me preguntaba qué asunto requería su presencia física aquí abajo. Si es por algún error en el cierre del mes anterior, le aseguro que...

—No, no es ningún error, Christine, tranquila —me interrumpió él de inmediato, levantando una mano para apaciguar mis nervios. Noté un sutil carraspeo en su garganta, como si estuviera buscando las palabras exactas—. Verás, estaba revisando los históricos de auditoría en mi despacho y me topé con el informe de mermas de inventario de la sección de envasado al vacío del año pasado. He visto que hay una pequeña desviación del cero coma cinco por ciento. Sé que es una cifra menor, pero dado que eres la nueva jefa del departamento, quería asegurarme personalmente de que implementemos una política estricta de control de daños para el próximo trimestre. Quería saber tu perspectiva técnica al respecto.

Lo miré parpadeando un par de veces, asimilando su explicación. Como contable, conocía de memoria cada rincón de los libros financieros de la fábrica. Aquella desviación del cero coma cinco por ciento en el envasado al vacío era un margen técnico habitual que se producía por el desajuste natural de las máquinas de sellado; era algo tan irrelevante que el señor Martínez jamás lo incluía en las reuniones importantes. Me pareció sumamente extraño que un CEO tan ocupado, que manejaba contratos internacionales de millones de euros, hubiera bajado personalmente hasta la planta administrativa solo para discutir un detalle tan insignificante. ¿Acaso desconfiaba de mi capacidad por ser joven y quería ponerme a prueba? ¿O es que el señor Rubén era un perfeccionista obsesivo hasta límites insospechados?

Antes de que pudiera formular una respuesta técnica y estructurada para defender la gestión del inventario, Rubén miró el reloj de pulsera de alta gama que llevaba en su muñeca izquierda y luego regresó sus ojos hacia mí. Su expresión seria se suavizó notablemente, mostrando una faceta mucho más humana y comprensiva.

—Bueno... creo que los números del envasado pueden esperar una media hora —añadió con una sonrisa ligera que transformó por completo sus facciones duras—. Christine, estás pálida y todavía te tiemblan las manos por el susto de la escalera. El archivador casi te cae en la cabeza. ¿Qué te parece si dejamos los balances por un momento y bajamos a la cafetería de la empresa a tomar un café? Te vendrá bien para calmar los nervios y recuperar el color. Además, así podremos hablar de esa auditoría en un ambiente mucho más relajado.

Me quedé completamente descolocada por la invitación. ¿El director ejecutivo me estaba proponiendo salir de mi puesto en pleno horario laboral para tomar un café con él? Si alguien de la oficina nos veía cruzar el pasillo juntos hacia la cafetería central, los cotilleos se propagarían por toda la fábrica a la velocidad de la pólvora. En una gran empresa, cualquier cercanía inusual con el jefe máximo siempre se prestaba a malinterpretaciones, y yo me había esforzado demasiado en mantener un perfil bajo e impecable durante los dos años que llevaba trabajando allí.

—Señor Rubén, agradezco muchísimo su amabilidad, de verdad, pero no creo que sea una buena idea —respondí con prudencia, tratando de sonar educada pero firme—. Tengo bastante trabajo acumulado con la transición del puesto del señor Martínez y... bueno, no me gustaría que los demás empleados malinterpretaran las cosas si nos ven salir juntos. Preferiría que revisáramos el informe aquí mismo, si a usted no le importa.

Rubén soltó una pequeña carcajada, un sonido profundo y varonil que me causó un agradable escalofrío en la nuca. Dio un paso hacia adelante, acortando sutilmente la distancia que nos separaba, y me miró con una mezcla de diversión y autoridad legítima.

—Christine, soy el dueño y el CEO de esta corporación —afirmó con una seguridad arrolladora pero sin una pizca de arrogancia—. Si decido que la jefa de contabilidad necesita un descanso de quince minutos para no desmayarse en su oficina tras un accidente laboral, nadie en esta empresa tiene el derecho de cuestionar esa orden. Considera que es una instrucción directa de la dirección. Así que, por favor, toma tu bolso y acompáñame. Yo invito.

Ante un argumento de tal calibre, me di cuenta de que seguir negándome resultaría grosero y fuera de lugar. Además, para ser completamente sincera conmigo misma, una parte de mí deseaba fervientemente aceptar. Sentía una curiosidad tremenda por descubrir cómo era el verdadero Rubén cuando se despojaba de su armadura de jefe implacable.

—Está bien, usted gana, señor Rubén —cedí con una sonrisa tímida, guardando la pluma en el cajón y tomando mi pequeño bolso del perchero—. Pero que conste que acepto solo para no desobedecer una orden directa de mi superior.

—Me parece justo —respondió él, abriéndome la puerta del despacho para dejarme pasar primero con un gesto impecable de cortesía.

Caminamos por el pasillo central de la planta administrativa. Tal y como lo había temido, varias cabezas se giraron de inmediato al vernos pasar. Sentí el peso de las miradas curiosas de mis compañeros de oficina clavándose en mi espalda, pero Rubén caminaba a mi lado con tanta naturalidad y aplomo que me contagió un poco de su seguridad. Subimos al ascensor y descendimos hasta la planta baja, donde se encontraba la cafetería central de la fábrica, un espacio amplio, moderno y acristalado que daba hacia los jardines interiores de la empresa.

A esa hora de la mañana, el lugar estaba relativamente tranquilo, ocupado solo por un par de operarios de mantenimiento y algunos comerciales que revisaban folletos en las mesas del fondo. Nos acercamos a la barra y Rubén pidió dos cafés expresos con una amabilidad impecable hacia la camarera, un detalle que me confirmó lo que decían los pasillos: que era un hombre que respetaba profundamente a sus trabajadores sin importar el rango.

Tomamos nuestras tazas y nos dirigimos hacia una mesa apartada, ubicada junto al gran ventanal que miraba hacia los árboles del jardín. Me senté frente a él, removiendo el azúcar de mi taza con la cucharilla metálica, sintiendo que el ambiente se volvía extrañamente íntimo a pesar de encontrarnos en un lugar público de la empresa.

—Gracias por el café, señor Rubén —dije, rompiendo el hielo tras dar el primer sorbo a la bebida caliente—. El susto ya ha pasado por completo.

—Me alegra escuchar eso, Christine. Y por favor, ya no estamos en mi despacho formal... cuando estemos en un ambiente así, puedes llamarme simplemente Rubén —me pidió, sosteniéndome la mirada con una intensidad que me hizo contener el aliento—. Me gustaría que estemos cómodos trabajando juntos. Vamos a pasar muchas horas revisando las finanzas de la corporación y prefiero la honestidad de una conversación directa a las formalidades rígidas de la oficina.

Asentí con la cabeza, sorprendida por su accesibilidad. En ese momento, contemplando sus ojos oscuros bajo la luz de la mañana y viendo la tranquilidad con la que me hablaba, me di cuenta de que el temido y poderoso CEO era, en realidad, un hombre atrapado en un mundo de inmensas presiones, alguien que valoraba la autenticidad por encima de todo. Lo que yo no sabía en ese instante era que, para Rubén, este café representaba su única bocanada de aire fresco en medio de una vida asfixiada por los compromisos familiares y las apariencias.

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Monica Cobos
Una tierna y hermosa historia de vida y amor 💕💕💕🍀🙋🇦🇷🇦🇷
Mirna Lobo
espectacularmente buena 👏👏😊 felicidades escritora, espero que sus problemas se resuelvan con bien y gran abrazo 🤗 y bendiciones 😊😊😊
Mirna Lobo
que bonito y que gran corazón el de Cristine , todo lo que es , se lo debe a las enseñanzas de esa gran mujer 😊👏👏👏❤️❤️
Mirna Lobo
❤️❤️❤️la corriente vuelve a su cause 👏👏😊😊
Mirna Lobo
me pregunto de dónde sacó esa señora cincuenta mil dólares para pagarle al médico ❓❓❓
Mirna Lobo
resultó que la insufrible no es hija de ella 🫢 fueron cambiadas, espero que se le bajen los humos a la lagartona de la Clarisa😠😠
Mirna Lobo
no me digas que Cristine es hermana de la insufrible 🤔😠 eso sí es tener mala suerte en la vida 😤 o al menos que las hayan intercambiado 🤔
Mirna Lobo
que maravilla que tenga sentimientos tan bonitos para la persona que la cuidó en el orfanato 😊😊
Andrea Nardelli
extraordinaria exelelentemente escrita
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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