Giovanna es obligada a casarse con un hombre que detesta. Ese hecho desencadena una serie de eventos qué la llevan a descubrir verdades qué habían permanecido enterradas.
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Capítulo 6
Giovanna despierta, los rayos de sol le pegan justo en el rostro. Giancarlo aún duerme aferrado a su cintura. No se arrepiente de nada, pero le duele saber que dentro de algunos días su vida dejará de ser normal.
Se mueve con cuidado para salir de la cama sin despertar a su acompañante. Camina hasta la ventana, admira el paisaje y suspira.
- Vuelve a la cama- susurra Giancarlo en su oído mientras la abraza por la espalda y besa su hombro desnudo.
- No quería despertarte.
- Imposible no hacerlo, deje de sentir tu calor.
La voz de ese hombre tiene algo que le provoca una sensación indescriptible. Se gira y lo besa, él intensifica el beso y la levanta en vilo.
Se van a la cama y se dejan llevar por la pasión. Ella toca el cielo en más de una ocasión. La última resulta tan intensa qué su cuerpo tiembla sin control.
Permanecen abrazados y en silencio por varios minutos, hasta que él le anuncia:
- Necesito ir a mi hotel para cambiarme de ropa, pero quiero pasar el resto del fin de semana contigo. ¿Qué dices?
- Que es una idea fantástica.
- Perfecto, paso por ti en dos horas.
Lo observa vestirse y antes de abandonar la habitación le lanza un beso. Sin darse cuenta está sonriendo como nunca antes, se cubre con la sábana y sus amigas entran corriendo
- Cuéntanos todo- pide Allesia.
- Con lujo de detalles- agrega Stella.
- ¡He pasado la mejor noche de mi vida!
- Wow, qué descripción. ¿Fue tan bueno?
- No es cómo que tenga con qué comparar, Stella- asegura Allesia.
- Efectivamente, no tengo con qué comparar, pero no creí que sería tan satisfactorio la primera vez y lo fue.
- Ok, creo que ya no necesito los detalles.
- ¿Les molestaría si paso el fin de semana con él?
- Para nada- responde Allesia- El objetivo principal de venir aquí era qué te olvidaras de todo y veo que funcionó. Así que tu tranquila, pásala bien.
- Pero no te olvides de cuidarte.
- Sí, no te preocupes, Stella. No volveré embarazada.
- Ok, te dejamos para que te arregles. Nosotras prepararemos el desayuno.
Toman el desayuno junto a la piscina, recuerdan diferentes momentos ocurridos en los muchos años de amistad que las unen.
Cuando Giancarlo llega, Giovanna se despide de sus amigas. Afuera de la casa se encuentra aparcada una motocicleta.
- No me digas que iremos en eso- dice señalando el vehículo.
- Eso es una motocicleta y sí, viajaremos en ella. Toma, primero la seguridad- le entrega un casco y le muestra como usarlo.
Giovanna sube temerosa y se aferra a la cintura del conductor. Él al principio conduce a baja velocidad, en cuanto la siente relajarse, acelera.
La adrenalina qué el aumento de velocidad produce en ella es algo totalmente nuevo y al final lo disfruta. Llegan a una hermosa playa. Eligen uno de los restaurantes qué se ubican a la orilla y les proporcionan un par de camastros y una sombrilla. Él ordena un par de cervezas qué les llevan enseguida.
- Y dime, ¿estudias o trabajas?- él conoce la respuesta: es modelo.
- Estudio, Contabilidad.
- ¿No trabajas?- insiste.
- No, prefiero dedicarme por completo al estudio. Cuéntame sobre ti.
- Soy arquitecto, viajo mucho.
- ¿Entonces no vives en Italia?
- No, hace años que no tengo una residencia fija. Prácticamente, desde que terminé la Universidad.
- ¿Qué edad tienes?
- Veintisiete, ¿tú?
- Veinte.
Giancarlo no deja de pensar en por qué la chica le ha mentido. Él sabe qué se dedica al modelaje, ¿qué será lo que oculta?
- Vamos a nadar- sugiere ella mientras se quita el vestido y deja al descubierto el bikini blanco qué lleva debajo.
La chica camina hacia el mar, él la observa. El contaste de su piel con el color blanco es espectacular. Sin perder más tiempo se quita la ropa y corre para reunirse con ella.
Ella nada hacia la parte más profunda y él le da alcance. Ahí se besan y después de un buen rato nadan de vuelta a la playa.
Giovanna está decidida a mantener su identidad a salvo y evita las conversaciones profundas con su compañero, después de todo no volverán a verse.
Regresan a la casa muy entrada la noche. Sin hacer ruido para no despertar a sus amigas, se dirigen a la habitación. En cuánto la puerta se cierra, la pasión se desborda.
Giovanna se enfoca únicamente en las sensaciones que ese hombre le provoca. Ha conseguido no pensar en su futuro las últimas horas.
Al despertar la realidad la golpea. Hoy regresan a Roma y comienza la cuenta regresiva.
- Francesca, quiero volver a verte.
- Sí, deseo lo mismo. Guarda tu número- le entrega su celular.
- Promete que vas a llamar.
- Lo prometo- miente.
Al mediodía se despiden, es un sentimiento amargo para ella. Sabe que no va a llamarle y mucho menos volverá a verlo.
En el auto el silencio es sepulcral. Ninguna se atreve a hablar. Giovanna observa el paisaje y se despide de su libertad.
Allesia frena repentinamente.
- ¿Qué pasa?- pregunta Stella asustada.
- No regreses, quédate aquí- le dice a su amiga- Escóndete.
- Teodoro me encontraría incluso en el fin del mundo.
- Me preocupas, no mereces esto.
- Estoy resignada. Intentaré sobrellevar la situación. Quizá en cuanto la empresa se recupere y mi padre pueda saldar la deuda Teodoro me deje libre.
- Lo que tu padre y ese hombre están haciendo contigo es una bajeza.
- Pienso igual que Stella.
- Vámonos, chicas. No hay más que hacer.
Allesia pone en marcha el vehículo y al caer la tarde llegan a Roma. Giovanna entra en su casa, su madre y hermanos la reciben. Por suerte, su padre salió y no tendrá que verlo hasta mañana.
En la privacidad de su habitación observa el número que Giancarlo guardó en su celular. Se debate entre enviarle o no un mensaje. Escribe y borra de inmediato la frase, se dice que no tiene sentido comunicarse con él y borra el número.
Al día siguiente su padre le informa que por la noche cenará a solas con su prometido. Debe vestirse de acuerdo a la ocasión. Para evitar malos entendidos, le entrega el atuendo qué debe usar.
Odia pensar en ese hombre, no le inspira nada. Más bien, solo le provoca emociones negativas. Una hora antes de su "cita" comienza a prepararse, tiene toda la intención de hacer esperar a Teodoro.
El vestido que su padre eligió es demasiado reveledor, preferiría usar cualquier otra cosa. Rojo, ajustado al cuerpo, hombros descubiertos. Zapatillas color negro. Decide dejar su cabello suelto con la única finalidad de que algo cubra sus hombros.
Un maquillaje discreto complementa su look. Muy a su pesar, está lista a tiempo, su madre llama a la puerta y le informa que Teodoro la espera.
Inconforme, baja las escaleras. El hombre la observa y la expresión en su rostro le disgusta.
- Giovannita, luces preciosa.
- Por favor, deje ese diminutivo. Suena ridículo.
- Tienes razón, después de todo ya no eres una niña y dentro de algunos días serás mi mujer.
La palabra mujer dicha por él suena horrible, es como si estuviera refiriéndose a una cosa. Ella evita responder.
- ¿Nos vamos?, reservé en uno de los mejores restaurantes de la ciudad.
Le ofrece su brazo y ella lo rechaza, camina junto a él para después adelantarse. En el auto, se sienta lo más lejos posible.
- No muerdo. Tanta distancia entre dos personas qué próximamente contraerán matrimonio, me parece absurda.
- Qué vayamos a casarnos no quiere decir que entre nosotros exista algo.
- ¿Cómo te explico que a pesar de que no tenemos una relación romántica deberás cumplir con tus deberes de esposa?
- No soy tonta, entiendo que tendremos un matrimonio en toda la extensión de la palabra, más ese hecho no me obliga a tener sentimientos por usted.
- Tampoco busco qué los tengas, solo que cumplas con tus obligaciones, así cómo yo cumpliré con las mías.
Acorta la distancia entre ellos, retira el cabello qué cubre su hombro derecho y ella gira su rostro al lado contrario. El reflejo de la ventanilla muestra al hombre besando su cuello, un nudo se forma en el estómago de Giovanna, la respiración le falta y no cree poder soportar más tiempo su cercanía.
El auto se detiene justo cuando Teodoro tomaba su barbilla y giraba su rostro con toda la intención de besarla.
- Hemos llegado, señor- anuncia el chófer.
- Seguiremos con esto más tarde- advierte.
Descienden del vehículo y efectivamente, es uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad. Resulta casi imposible conseguir una mesa. La hostess los guía hasta una zona muy apartada, ahí los espera una mesa románticamente decorada y ella no puede evitar pensar en Giancarlo. Qué diferente sería todo si en lugar de Teodoro estuviera él.
Los demás comensales observan con curiosidad a la pareja. La diferencia de edad es evidente y los murmullos no tardan en dejarse escuchar.