Brando juró continuar el legado de su padre, hasta que Lorena irrumpió en su vida y se convirtió en su debilidad.
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Capítulo 23
Lorena y Alma permanecieron junto a ella, acariciándole los brazos y recordándole con pequeños gestos que no estaba sola.
—Las amo muchísimo —susurró Dalia después de un rato, secándose las lágrimas—. No sé qué haría sin ustedes.
—Probablemente seguirías siendo igual de mandona —bromeó Alma, intentando arrancarle una sonrisa.
Dalia soltó una risa entre lágrimas y le dio un pequeño golpe en el brazo.
—¡Descarada!
—Pero te amo.
—Yo también te amo, tonta.
Poco a poco, la tristeza de Dalia comenzó a ceder. No había desaparecido, pero el cariño de su familia le recordó que todavía tenía motivos para seguir adelante y que no debía enfrentar sus temores en soledad.
Después de unos minutos, respiró profundamente y se enderezó en el sofá.
—Muy bien. Basta de tristeza por hoy.
Amanda la miró con una mezcla de ternura y preocupación.
—¿Estás segura de que te encuentras bien?
—Sí, mamá. Necesito distraerme un poco. De hecho, tengo una propuesta para estas dos señoritas.
Lorena entrecerró los ojos.
—No me gusta cómo suena eso.
—Este fin de semana vamos a salir a celebrar el cumpleaños número veinticinco del hermano de Adrián. Hará una fiesta en un club nocturno y quiero que me acompañen.
Alma abrió los ojos con entusiasmo.
—¡¿En serio?! ¡Claro que voy!
—¡Lo sabía! —exclamó Dalia, divertida—. Sabía que contigo no tendría que insistir.
—¿Y cómo se llama el cumpleañero? —preguntó Alma.
—Gabriel. Es el hermano menor de Adrián y está organizando una celebración con sus amigos. Adrián me contó que será una fiesta bastante animada.
Las tres miradas se dirigieron entonces hacia Lorena, que ya estaba negando con la cabeza.
—No me miren así. Ya saben que no me gustan esos lugares.
—Vamos, Lorena —insistió Dalia—. Es el cumpleaños de mi cuñado, y me gustaría que me acompañaran.
—Además, será una oportunidad para divertirnos juntas —añadió Alma—. Hace tiempo que no salimos las tres.
—La última vez que salimos a un club terminamos en medio de un tiroteo —replicó Lorena.
La expresión de Amanda se ensombreció al escucharla.
—Precisamente eso es lo que me preocupa. Pueden salir y divertirse, pero, por favor, cuídense. No quiero que vuelva a pasar algo semejante.
Dalia se acercó a su madre y le tomó una mano.
—Tranquila, mamá. Esta vez será diferente. Le pregunté a mi cuñado por el lugar y, según me dijo, no suelen armarse esos caos allí. Además, estaremos juntas y pendientes unas de otras.
—Eso espero —respondió Amanda—. Solo prométanme que tendrán cuidado y que me llamarán si sucede cualquier cosa.
—Te lo prometemos —aseguraron Dalia y Alma.
Lorena, sin embargo, continuaba sin parecer convencida.
—De todas formas, no pienso ir.
—¡Ay, Lorena! —protestó Alma—. ¡No puedes pasar el resto de tu vida encerrada en casa!
—No estoy encerrada. Tengo trabajo, responsabilidades y cosas mucho más interesantes que hacer que pasar una noche en un club.
—¿Como pensar en cierto hombre que te saca de quicio? —preguntó Alma con una sonrisa traviesa.
—¡Alma!
Dalia soltó una carcajada.
—¡Ahora entiendo por qué no quieres salir! Quizá necesitas despejar la cabeza.
—No necesito despejar nada. Y mucho menos por culpa de esa bestia.
Amanda observó a sus hijas con una sonrisa discreta, aunque decidió no intervenir en sus bromas.
—Lorena, cariño, ve con tus hermanas. Les vendrá bien pasar una noche juntas. No tienes que quedarte hasta tarde si no quieres.
—Eso mismo dijo Alma la última vez que salimos —murmuró Lorena.
—Y esta vez lo cumpliremos —prometió Dalia—. Además, Adrián estará con nosotras. No tendrás que preocuparte por nada.
Alma se llevó una mano al pecho, fingiendo una profunda tristeza.
—¿Y qué se supone que haré yo si Lorena decide quedarse en casa? Dalia estará con mi cuñado y yo terminaré siendo un mal tercio.
—¡Alma, por Dios! —exclamó Dalia, avergonzada.
—¿Qué? ¡Es la verdad! No pienso pasarme toda la noche viendo cómo ustedes dos se hacen ojitos mientras yo estoy sola. Necesito a mi hermana para que me haga compañía.
Lorena no pudo evitar reírse.
—Eres una dramática.
—Pero soy tu hermana menor favorita.
—Eres mi única hermana menor.
—¡Eso no niega mi argumento!
Dalia volvió a reírse y abrazó a Lorena por los hombros.
—Vamos, Lore. Acompáñanos. Te prometo que nos divertiremos.
Lorena miró a sus dos hermanas, que la observaban con expresiones esperanzadas. Finalmente, dejó escapar un suspiro de resignación.
—Está bien. Iré, pero con una condición: si el lugar no me gusta o me siento incómoda, nos vamos.
—¡Trato hecho! —exclamó Dalia, abrazándola.
Alma se unió al abrazo, celebrando su victoria.
—¡Perfecto! ¡Será una noche inolvidable!
—Eso espero, pero por las razones correctas —advirtió Amanda—. Y nada de separarse sin avisar. ¿Entendido?
—Entendido, mamá —respondieron las tres.
Dalia sonrió, satisfecha.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Brando se encontraba en la oficina del club, revisando unos documentos, cuando escuchó que alguien abría la puerta sin llamar. Al levantar la mirada, se encontró con el dueño del establecimiento, un hombre cuya expresión seria le hizo dejar lo que estaba haciendo.
—Necesitamos hablar, Brando.
Brando se recostó en la silla y cruzó los brazos.
—Lo escucho.
El hombre cerró la puerta y se acercó al escritorio.
—Me enteré de que estuviste detenido por un asunto relacionado con mercancía ilegal. ¿Tienes idea de lo que eso significa para este negocio?
Brando apretó la mandíbula.
—Fue una trampa. No hice nada de lo que están insinuando.
—Eso tendrás que demostrarlo ante las autoridades. A mí no me basta con tu palabra. —El hombre apoyó ambas manos sobre el escritorio—. Te confié la administración de este club porque creí que eras capaz de mantener los problemas personales fuera de aquí. No pienso permitir que tus decisiones terminen perjudicando mi negocio.
—Mi situación no tiene nada que ver con el club.
—Todavía. Pero si vuelves a meterte en problemas con la policía, buscaré a alguien que ocupe tu lugar. No voy a arriesgar mi inversión por ti, Brando. Una detención más y dejarás de ser el administrador de este club. ¿Me expliqué?
Brando sostuvo su mirada, conteniendo la rabia que comenzaba a recorrerle el cuerpo.
—Fuerte y claro.
—Eso espero. Porque no habrá una segunda advertencia.
El dueño salió de la oficina, dejándolo solo con sus pensamientos.
Brando golpeó suavemente el escritorio con el puño. Apenas había conseguido recuperar su libertad y ya tenía otro problema encima. Sin embargo, lo que más le molestaba no era la amenaza de perder su puesto, sino saber que alguien había intentado hundirlo y seguía libre.
Y él no pensaba quedarse de brazos cruzados.
Unas más de la lista!
Teniendo al mejor abogado pero sigue de terco sin pedir ayuda