Está historia trata de una joven hermosa y muy humilde,su principal objetivo es superarse para ayudar a su mamá.
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Cap.16
Anaís se sentó con las piernas cruzadas, y con la cabeza bien en alto. Aunque se quedó callada, su expresión mostraba cierto enojo.
Margaret llamó a la empleada, para que desocupara la habitación principal, y posteriormente, con una gran sonrisa, subió las escaleras. Mientras que David, permaneció parado, esperando la reacción de Anaís.
Anaís no estaba dispuesta a darse por vencida, era evidente que él estaba actuando para molestarla. Pero si llegó hasta ahí, podía llegar más lejos. Lo amaba con devoción, y pensaba que aún podían ser felices. Ella aceptó que la despojaran de su habitación sin poner objeciones, más aún, podía aguantar humillaciones, pero hasta un límite.
Una semana después
David llegó de la constructora, Anaís lo estaba espera sentada en el balcón. Antes de él subir a su habitación, ella lo detuvo.— Necesitamos hablar.
— ¿Cuándo te vas a ir de la casa? Odio tener que verte todos los días, ¿De qué quieres hablar? ¿Vas a firmar el divorcio? — expresó con desagrado.
Anais se mostraba feliz, relajada, y con una pequeña sonrisa dibujada en su hermoso rostro. — Amor, conozco mis derechos, no soy ninguna estúpida. Por eso estoy donde estoy. Además, esta casa está a mi nombre, estamos casados legalmente, puedo volver al trabajo, y sacar a tu amiga de aquí, cuando yo quisiera.— expresó con serenidad.
— ¡Qué inteligente! — él la miró y frunció el ceño.
— Verdad que sí… Mmm.
— ¿A qué debo tus amplias aclaraciones?
— Llevo una semana sufriendo maltratos, y humillaciones de tu parte y de ella. Así que tomé una decisión. Vamos a vivir aquí en santa paz, como una familia, hasta que encuentre un lugar digno de la señora de Peyles.
— ¡Vaya! Estás mostrando tu verdadera identidad. Después de lo que me hiciste, quedó demostrado que eres capaz de todo, para lograr lo que quieres. Pero nada va a cambiar, te quiero lejos lo antes posible, ¿Cómo no me di cuenta antes de lo perversa que eres?.
Anaís sonrió, se levantó, y se acercó a él, tanto que podía escuchar su corazón latir. — ¿Sabes? Me das lástima. Tanto dinero, tanto poder te comieron las neuronas. Adiós cariño.— le dejó un beso en la mejilla.
David respiró profundamente, se maldijo a sí mismo. Aun sabiendo lo que ella le había hecho, la amaba, y deseaba estar con ella. Se dejó caer en el sofá, frustrado, y sonrió amargamente.
Anais, después de hablar con David, se fue al apartamento de Carol, tenía deseo de salir de esa casa.
Margaret tenía un aire de grandeza, y como David le dio derecho hacer todo lo que ella quisiera, había cambiado todos los adornos del hogar. Anaís no sabía si iba a seguir soportando vivir bajo el mismo techo con esa mujer. Lo único que le daba gusto, era saber que no dormían juntos, y ella que había tratado de seducirlo, pero él siempre la rechazaba. ¡Pobre desesperada!
Anais pasó horas hablando con Carol, con ella podía ser auténtica, podía llorar, podía reír, podía maldecir, y podía confiar en ella ciegamente. Regresó a la casa, al abrir la puerta vio a David y a Margaret, sentados tomando whisky. Respiró profundo, e intentó dejar de mirarlos, pero no pudo, tenía que felicitarlos.
— ¡Vayas! ¡Qué hermosa pareja! Margaret, siento pena por ti, ¿Qué se siente estar detrás de un hombre que ama a otra? ¡Qué lástima! Feliz noche.— se retiró riendo a carcajadas.
Margaret miró a David, negó con la cabeza, y subió a su habitación. David se quedó ahí, tomando whisky. Anaís lo tenía verdaderamente estresado.
Horas más tardes
David no podía dormir, daba vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. Anaís inundaba todos sus pensamientos. Se levantó, y se dirigió a la habitación de su esposa. Abrió la puerta y permaneció parado en el marco. Ahí está ella, durmiendo tranquilamente, en cambio, él, no tenía tranquilidad ni un segundo, ¿Cómo una mujer tan bella puedes ser tan calculadora?— pensó.
Anais, desde que estaba esa habitación no lograba dormir bien, tenía constantes pesadillas, y le hacía falta David. Fue a la cocina a tomar agua, y lo vio bajar las escaleras, inmediatamente imaginó que iba a su habitación. Entró y se hizo la dormida. Sintió cuando abrió la puerta, sabía que la estaba observando, podía sentir su respiración.
Siguiente día
Anais se levantó muy temprano, y se arregló para ir a la constructora. Cuando salió de la casa, David aún estaba en su habitación, supuso que dormido. Llegando a la constructora, algo pasó por su mente. ¿Quién le dijo la verdad a David? ¿Quién la conocía tanto? No tenía idea de quién fue esa persona, pero lo iba a averiguar.
David se despertó, se duchó, y se arregló para ir a la constructora, pero antes pasó por la cocina. — Señora Carmen, buen día.
— Buen día, David.
— Señora, le tengo mucho afecto, usted es una buena mujer. Le pido disculpas si por alguna razón se ha sentido molesta conmigo.
— Hijo, sé que lo que hizo mi hija no estuvo bien, ¿por qué no hablas con ella?
— Buen día. Señora Carmen, David ya no tiene que hablar con su hija. Amor quiero ir conmigo a la constructora, por favor.— dijo Margaret.