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Estoy De Vuelta

Estoy De Vuelta

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencarnación
Popularitas:937
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.

Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El Peón Sacrificado.

Las manecillas del reloj de pared avanzaban con un tic-tac pesado en la oficina privada de Julián Rossi. La luz dorada del atardecer filtraba sombras alargadas sobre la alfombra de diseño, pero el ambiente no tenía nada de cálido.

Frente al escritorio, Marcos Sterling apretaba el asa de su maletín de piel con los nudillos blancos.

Tras el fracaso del día anterior —donde la auditoría preventiva de Julián y su abogado les cerró el grifo del dinero para el supuesto banquete de bodas—, el traidor necesitaba desesperadamente mover otra pieza antes de que las revisiones contables al descubierto lo acorralaran por completo.

—Julián, entiendo tus precauciones financieras con la boda —comenzó Marcos, ensayando su tono más conciliador y compasivo—. De verdad lo entiendo. Pero como tu socio y hermano de toda la vida, no puedo quedarme callado ante lo que está pasando a tus espaldas. Hay cosas que las auditorías no registran.

Julián, que revisaba una serie de informes en su tablet, alzó la vista lentamente. Un destello de fría curiosidad cruzó sus ojos.

—¿A qué te refieres, Marcos?

—Hablo de tus ausencias —dijo Marcos, dando un paso al frente y bajando la voz como si revelara un secreto de estado—. Llevas semanas desapareciendo a mitad de la tarde, cancelando reuniones clave de la empresa. Al principio pensé que eran gestiones privadas, pero anoche mandé a investigar tu vehículo.

Julián permaneció inmóvil. La trampa estaba servida y su antiguo verdugo estaba cayendo en ella con los pies por delante.

—¿Mandaste a seguir mi coche? —preguntó Julián con un tono peligrosamente sereno.

—¡Por tu propio bien! —se justificó Marcos rápidamente, abriendo los brazos—. Pensé que alguien te estaba extorsionando o que había un riesgo de seguridad para la firma. Pero los informes me mostraron algo peor: estás pasando horas en un puesto ambulante de mala muerte en el centro histórico, al lado de una puestera de tacos.

Julián entrelazó las manos sobre el escritorio. La sombra de una sonrisa helada cruzó sus labios.

—Jimena —pronunció Julián con voz clara—. Se llama Jimena.

—Como se llame —desestimó Marcos con un ademán de desprecio—. Esa mujer es un peligro, Julián. Una tipa de barrio, sin educación ni estatus, metida de la nada en tu vida justo cuando estamos por cerrar la fusión con la familia Loredan. ¿No te das cuenta? Si la prensa o la familia de Isabella descubren que el presidente de Rossi & Sterling anda de noviecito de una puestera callejera, el valor de nuestras acciones se va a desplomar en la bolsa. Esa muchacha solo busca sacarte dinero o chantajearte.

Julián se puso de pie des espacio. La imponencia de su figura hizo que Marcos diera un paso atrás por instinto.

—Jimena tiene más dignidad en la uña de un dedo que toda la gente con la que te rodeas, Marcos —sentenció Julián con voz grave, clavando la mirada en su socio—. Y si vuelves a mandar a seguirme o a meterte en mis asuntos personales, la auditoría contable no va a ser el menor de tus problemas.

Marcos tragó saliva, pero apretó los dientes. Creyó haber encontrado la debilidad de Julián, la pieza con la que podría chantajearlo o desestabilizarlo emocionalmente antes de la firma definitiva del fideicomiso.

—No digas que no te lo advertí, Julián —musitó Marcos antes de dar media vuelta y salir precipitadamente del despacho.

Una hora después, el cielo sobre el centro histórico se teñía de violeta. En la esquina de la acera, la lona azul de "La Sazón de Jimena" empezaba a recibir a los clientes del turno nocturno.

Jimena ajustaba con agilidad la llama de los fogones mientras acomodaba un pedido de gorditas de chicharrón. De pronto, un automóvil de lujo color plata se estacionó justo al frente, tapando el paso peatonal.

De la puerta trasera bajó Isabella Loredan, vistiendo un traje sastre de seda impecable y unos tacones que resonaban con arrogancia sobre el asfalto gastado. A su lado, Marcos Sterling la acompañaba con una sonrisa ladina.

Jimena detuvo la espátula en el aire y alzó la mirada, evaluando a los dos recién llegados con la picardía y el instinto afilado que da la calle.

—Buenas noches —dijo Jimena con cortesía neutral—. Si vienen a cenar, les pido que se acomoden en las banquetas azules, pero el coche no puede quedarse tapando la rampa.

Isabella miró el mostrador de acero inoxidable como si estuviera contemplando un vertedero. Sacó un pañuelo de encaje de su bolso para cubrirse ligeramente la nariz del humo de la grasa.

—No venimos a consumir nada de este... lugar —expresó Isabella con una voz cargada de condescendencia—. Vine a ver con mis propios ojos la razón por la que mi prometido falta a nuestras cenas de compromiso.

Jimena frunció el ceño, dejando la espátula a un lado y apoyando los puños en la cintura.

—¿Tu prometido? Ah... hablas de Julián.

—Para ti es el señor Rossi —corrigió Marcos, dando un paso al frente con actitud intimidante—. Escúchame bien, muchachita. Sabemos perfectamente lo que estás haciendo. Pretendes sacarle ventaja a un hombre de alta alcurnia aprovechándote de su buen corazón. Pero tu jueguito se acabó hoy.

Isabella abrió su bolso de diseñador, extrajo un cheque firmado en blanco y lo puso sobre la barra de acero inoxidable, justo al lado de una mancha de salsa verde.

—Aquí hay suficiente dinero para que te compres un local digno en otra ciudad y te vayas muy lejos —dijo Isabella con una sonrisa helada—. Mantente alejada de Julián. Éramos felices antes de que aparecieras con tu aire de víctima. Él pertenece a nuestro mundo, no a este chiquero.

Jimena miró el cheque en blanco sobre la barra.

Por un segundo, la imagen del rostro cansado de su madre y la deuda que necesitaban saldar para salir de la casa de su padrastro cruzaron por su mente. Era una tentación enorme, la solución rápida a todos sus problemas económicos.

Pero entonces recordó la mirada de Julián la noche anterior bajo la lluvia, cuando sostenían la lona juntos; recordó la sinceridad de sus palabras cuando le prometió que no estaba sola. La dignidad de su trabajo y el orgullo por la sazón de su madre no tenían precio.

Con una parsimonia absoluta, Jimena tomó el cheque con la punta de los dedos.

—Saben... en este puesto vendemos comida limpia, no dignidad —dijo Jimena, mirando a Isabella a los ojos—. Julián no viene aquí a buscar una mujer fina de adorno. Viene porque aquí encuentra la verdad que ustedes jamás le van a poder dar con todo su dinero.

Sin perder la sonrisa, Jimena rompió el cheque por la mitad, luego en cuatro partes, y dejó caer los pedazos de papel dentro del bote de basura que tenía a un lado.

Isabella se quedó con la boca abierta, pálida de indignación.

—¡Eres una maleducada e insolente! —chilló la mujer.

—Y ustedes están estorbando en mi negocio —respondió Jimena con firmeza, tomando una jarra de agua helada y comenzando a lavar la barra con fuerza, salpicando sutilmente la manga del traje de gala de Isabella—. Así que si no van a pedir dos tacos de suadero, despejen la acera porque la gente trabajadora sí tiene hambre.

—¡Nos vamos a encargar de que la policía te clausure este puesto mañana mismo! —amenazó Marcos, tomando a Isabella del brazo para sacarla de allí antes de que la escena atrajera la atención de los transeúntes.

Cuando el coche de lujo arrancó a toda velocidad, Jimena suspiró profundamente, dejándose caer un segundo sobre la banqueta azul. Le temblaban las manos por la adrenalina, pero la firmeza en su pecho era inquebrantable.

Diez minutos después, el sedán negro de Julián se estacionó en la esquina. Bajó apresurado, habiendo recibido la alerta de su equipo de seguridad sobre la visita de Marcos e Isabella al puesto.

Al ver a Jimena ilesa, Julián se acercó a la barra con el corazón desbocado.

—Jimena... ¿estás bien? Me enteré de que vinieron. Dime qué te dijeron, te juro que los voy a...

—Tranquilo, trajeado —lo interrumpió ella, regalándole una sonrisa cálida que le devolvió la paz al instante—. Vinieron a ofrecerme dinero para que me alejara de ti. Rompí el cheque en sus caras.

Julián se congeló, mirando a la joven con un asombro que rápidamente se convirtió en una devoción profunda. Extendió las manos sobre la barra y tomó las de Jimena, apretándolas con fuerza.

—No tenías por qué pasar por esto por mi culpa, Jimena...

—Lo hice porque quiero, Julián —respondió ella en voz baja, clavando sus ojos negros en los de él—. Y porque me di cuenta de que a ti no te voy a soltar por un par de papeles firmados.

Julián sonrió con la mayor sinceridad de su vida. Comprendió que, por más que la alta sociedad intentara comprarlo todo, la lealtad y el amor verdadero de Jimena eran una fortaleza que ni Marcos ni Isabella podrían destruir jamás.

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Maria Cristina Roldan Rodam
aparenta ser muy interesante
Isa Yguaro: Espero que sea de su agrado. Si tiene alguna sugerencia, la recibiré con gusto.
total 1 replies
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