NovelToon NovelToon
Mi Destinada

Mi Destinada

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Mafia / Posesivo
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Dante Vassari es un poderoso alfa y jefe de una de las organizaciones mafiosas más temidas. Hace años perdió el olfato tras un misterioso atentado, y con él perdió toda posibilidad de encontrar a su destinada. Hasta que una nueva becada llega a su empresa. Aria Moretti es inteligente, obstinada y demasiado sincera para su propio bien. No le teme a Dante y no duda en señalar los errores de sus proyectos, aunque eso signifique enfrentarse al hombre más poderoso de la empresa. Lo que ninguno de los dos sabe es que su encuentro no es una casualidad. Porque quizá la destinada que Dante lleva años buscando siempre estuvo más cerca de lo que imaginaba.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

DANTE

Dante Vassari despertaba todos los días a las seis en punto.

No necesitaba una alarma.

Su cuerpo se había acostumbrado a aquella hora mucho antes de que su vida se convirtiera en una sucesión de reuniones, negocios y decisiones que podían cambiar el destino de cientos de personas.

Abrió los ojos lentamente.

Ese era el primer sonido de cada mañana.

Silencio.

Dante se incorporó y pasó una mano por su cabello oscuro antes de levantarse de la cama.

Su apartamento ocupaba todo el último piso de un edificio privado. Cristales enormes, muebles sobrios, colores oscuros y absolutamente nada que no hubiera sido elegido por él.

Todo estaba bajo control.

Como debía estar.

Caminó hasta el baño y comenzó su rutina sin perder tiempo.

Ducha fría.

Afeitado.

Traje oscuro.

Camisa blanca.

Reloj.

Anillo.

Después, café negro.

Sin azúcar.

Siempre igual.

Dante no era un hombre al que le gustaran los cambios innecesarios.

Prefería las cosas conocidas.

Predecibles.

Controlables.

Se acomodó los puños de la camisa frente al espejo.

Treinta años.

Alto.

Hombros anchos.

Una mirada oscura que rara vez necesitaba acompañarse de palabras para conseguir lo que quería.

Había hombres que necesitaban levantar la voz para ser obedecidos.

Dante no.

Él simplemente miraba.

Y los demás entendían.

Tomó su teléfono.

Tenía treinta y siete mensajes sin leer.

Ignoró la mayoría.

Había informes que podían esperar.

Problemas que sus empleados podían resolver.

Personas que tenían suficiente inteligencia para no necesitarlo a primera hora de la mañana.

Abrió solamente el mensaje de su mano derecha.

Todo listo para la reunión de las nueve.

Dante respondió con una sola palabra.

Bien.

Dejó el teléfono sobre la mesa.

Tomó el abrigo y salió.

El conductor ya lo esperaba.

—Buenos días, señor Vassari.

Dante subió al automóvil sin responder más que con un leve movimiento de cabeza.

Durante el trayecto revisó algunos documentos.

No hablaba.

No escuchaba música.

No necesitaba entretenimiento.

La ciudad podía hacer todo el ruido que quisiera al otro lado del cristal.

Él permanecía completamente ajeno.

Cuando el automóvil se detuvo frente al edificio principal de Vassari Group, varios empleados que estaban entrando levantaron la cabeza.

No hacía falta que Dante bajara todavía.

Su automóvil era suficiente.

Una mujer que estaba hablando con su compañera dejó la conversación a medias.

—Es él…

Su amiga miró hacia el vehículo.

—Sí.

Ambas enderezaron la espalda casi de inmediato.

No era la primera vez que ocurría.

Ni sería la última.

Dante abrió la puerta.

Bajó.

Y la entrada pareció cambiar.

No porque hiciera algo.

No porque dijera una palabra.

Simplemente estaba allí.

Una secretaria que estaba revisando unos documentos lo vio pasar y soltó un suspiro involuntario.

Otra empleada bajó la mirada rápidamente después de cruzarse con sus ojos.

Dos hombres que conversaban cerca de los ascensores dejaron de hablar.

Uno de ellos se apartó.

El otro hizo lo mismo.

Dante caminó entre ellos con paso tranquilo.

Sin prisa.

Sin necesidad de demostrar quién era.

Todos lo sabían.

En aquella empresa existían cientos de empleados.

Pero había una sola persona capaz de hacer que una conversación se detuviera sin siquiera participar en ella.

Dante Vassari.

El dueño.

El jefe.

El hombre que podía despedir a alguien con una llamada y cerrar un negocio multimillonario antes del almuerzo.

Y, para quienes conocían la parte más oscura de su vida…

El hombre al que nadie quería tener como enemigo.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Dante entró.

Antes de que se cerraran, una de las jóvenes que esperaba afuera dejó escapar otro suspiro.

Su compañera la miró divertida.

—¿Otra vez?

—No puedo evitarlo.

—Él ni siquiera te miró.

—Precisamente.

Las puertas se cerraron.

Dante no había escuchado la conversación.

O, al menos, no le importaba.

El piso ejecutivo quedó en silencio cuando llegó.

Su secretaria se levantó inmediatamente.

—Buenos días, señor Vassari.

Dante dejó el abrigo sobre el respaldo de una silla.

—La reunión.

—En veinte minutos.

—¿El informe financiero?

—En su despacho.

—¿El contrato con Moretti Holdings?

—Aún esperan su firma.

Dante extendió la mano.

—Dámelo.

Ella se lo entregó.

—También hay tres solicitudes de reunión.

—Cancélalas.

—Una es del señor Bellini.

Dante levantó los ojos.

—Especialmente esa.

—Entendido.

La secretaria asintió.

Dante entró en su despacho.

La puerta se cerró.

Y por fin estuvo solo.

Su expresión cambió apenas.

No era cansancio.

Era irritación.

Pequeña.

Constante.

Una molestia que llevaba años acompañándolo.

Dante dejó el contrato sobre el escritorio.

Respiró.

Nada.

Solo aire.

Frunció ligeramente el ceño.

A veces lo olvidaba.

Por unos minutos podía concentrarse tanto en su trabajo que aquella ausencia desaparecía de su mente.

Hasta que algún detalle se lo recordaba.

Un café recién preparado.

La lluvia sobre el asfalto.

El perfume de una mujer al pasar.

La comida de un restaurante.

Cualquier cosa.

Los demás podían percibirlas.

Él no.

Desde aquel atentado, su olfato había desaparecido.

Y para cualquier persona aquello podía parecer una pérdida menor.

Para un alfa no lo era.

Para Dante significaba algo mucho peor.

No podía rastrear.

No podía distinguir aromas.

No podía reconocer a otros lobos de la misma manera.

Y, sobre todo…

No podía encontrar a su destinada.

Había pasado ocho años preguntándose dónde estaba.

Si seguía viva.

Si alguna vez había estado cerca.

Si quizás la había cruzado en alguna calle sin saberlo.

Su familia había dejado de mencionarlo.

Sus amigos habían aprendido a no preguntar.

Pero Dante jamás había dejado de pensar en ello.

Su lobo tampoco.

Aunque llevaba años en silencio.

Dante apoyó ambas manos sobre el escritorio.

—Maldita sea.

Solo murmuró las palabras.

Después tomó el primer informe.

Había trabajo.

El trabajo era sencillo.

Los números no mentían.

Las personas sí.

Por eso prefería los números.

A las nueve en punto, la sala de reuniones estaba llena.

Los directivos hablaban en voz baja.

Algunos revisaban sus documentos.

Otros miraban el reloj.

Hasta que la puerta se abrió.

Dante entró.

Todos se callaron.

No necesitó pedir silencio.

Se sentó en la cabecera.

—Comencemos.

La presentación empezó.

Un ejecutivo explicó durante quince minutos la nueva estrategia de expansión.

Dante escuchó.

No interrumpió.

No hizo preguntas.

Pero cuanto más avanzaba la presentación, más evidente se volvía que algo no le gustaba.

Finalmente levantó una mano.

El hombre dejó de hablar.

—¿Cuánto costará?

—Ciento veinte millones inicialmente.

—¿Y el retorno?

—Estimamos que…

—No pregunté cuánto estiman.

Silencio.

—¿Cuál es el retorno realista?

El ejecutivo tragó saliva.

—Catorce por ciento.

Dante lo miró.

—Demasiado bajo.

—Podemos compensarlo con…

—No.

Una sola palabra.

El hombre cerró la boca.

Dante tomó el informe.

—Esto se rehace.

Nadie discutió.

Así era una mañana normal en la vida de Dante Vassari.

Control.

Decisiones.

Silencio.

Y miedo.

No necesitaba levantar la voz.

No necesitaba amenazar.

Su reputación hacía el trabajo por él.

Pero mientras pasaba la página del informe, aquella pequeña irritación volvió.

Su mano se detuvo sobre el papel.

Por un instante pensó en su destinada.

En aquella mujer cuyo aroma jamás había podido encontrar.

En todos los años que habían pasado.

En la posibilidad de que estuviera en alguna parte de aquella misma ciudad.

Quizás a kilómetros.

Quizás a unos metros.

Y él nunca lo sabría.

Dante cerró los ojos durante un segundo.

Después los abrió.

La reunión continuó.

Porque Dante Vassari podía permitirse perder muchas cosas.

Tiempo.

Dinero.

Paciencia.

Incluso enemigos.

Pero había una pérdida que jamás había conseguido aceptar.

No poder encontrar a la mujer que, según la naturaleza de su propia sangre, estaba destinada a él.

Y todavía no sabía que aquel día estaba a punto de conocerla.

No iba a reconocerla por su aroma.

No iba a encontrarla gracias a su instinto.

Iba a encontrarla de la manera más irritante posible.

1
Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Lety Nava
me gusta la novela , por favor actualiza para continuar leyendo ,
Paula Giaccaglia
me encanta, pero no entiendo ¿ por qué? hay varias novelas empezadas y ninguna terminada antes de empezar a escribir otra
Maleramram: Me gusta escribir, en verdad las ideas vienes y prefiero plasmarlas en algo antes de perderla
Además , las obras las terminó rápido solo que las dejo en borradores para darles suspenso , es un poco cruel lo siento 😅
Con gusto puedes comentarme alguna otra inquietud con alguna novela y subiré las capítulos
total 1 replies
Paula Giaccaglia
realmente ella es hermosa, él no tanto pero tiene poder y dinero
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play