Un amor secreto
Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 1 Veinte años después
Hola, soy Ariel Suárez Sánchez, tengo 20 años y nací el 15 de enero del 2030 en Manizales, Caldas. Estamos en el año 2050 y todavía me parece increíble pensar en todo lo que ha cambiado mi vida desde que era un niño.
Manizales es mi hogar. Me encanta esta ciudad, sus montañas, el clima fresquito y esa forma tan particular que tenemos los manizaleños de hablar. Uno sale a la calle y siempre escucha un “¿qué más, pues?” o un “hágale” por algún lado. Yo crecí entre esas calles, rodeado de mi familia y de las personas que han estado conmigo desde siempre.
Soy un man de estatura alta, cabello castaño y ojos claros. No soy de presumir mucho ni de andar contando mis cosas por ahí. Más bien soy tranquilo, aunque con las personas que quiero de verdad puedo ser bastante recochero.
Actualmente estoy estudiando Ingeniería de Sistemas en la universidad. Desde pequeño me han gustado los computadores, la tecnología y todo lo relacionado con programas. Por eso decidí estudiar esta carrera. No les voy a negar que hay materias que me tienen loco, especialmente cuando aparecen trabajos larguísimos y uno termina trasnochando frente al computador.
Pero hay algo que hace que todo valga la pena.
Emely.
Ella tiene mi misma edad. Nacimos prácticamente juntos y crecimos juntos porque nuestros padres son mejores amigos desde hace muchísimos años. Por eso, desde pequeños, nuestras familias nos enseñaron a querernos y nos trataban como si fuéramos primos.
Pero hay algo que debo aclarar: Emely y yo no somos familiares.
Simplemente crecimos tan unidos que nuestras familias siempre nos vieron como dos niños de la misma familia.
Y jamás imaginé que aquella niña con la que jugaba de pequeño terminaría siendo el amor de mi vida.
Nuestra historia comenzó cuando teníamos quince años.
Al principio ni siquiera sabíamos qué estaba pasando. Éramos amigos inseparables, hablábamos de todo y siempre estábamos juntos. Pero poco a poco las cosas empezaron a cambiar.
Una mirada duraba más de la cuenta.
Una conversación nos ponía nerviosos.
Un mensaje podía alegrarnos todo el día.
Hasta que finalmente nos dimos cuenta de que nos habíamos enamorado.
Llevamos cinco años juntos.
Cinco años de una relación completamente secreta.
Nadie de nuestras familias sabe nada.
Frente a ellos seguimos siendo los mismos de siempre. Nos hablamos normalmente, hacemos bromas y tratamos de que nadie sospeche absolutamente nada.
La mayoría piensa que solamente existe ese cariño de toda la vida entre nosotros.
Pero cuando estamos solos, todo cambia.
Como estudiamos en la universidad, tenemos la oportunidad de encontrarnos de vez en cuando. A veces nos vemos en los pasillos, en la cafetería o después de alguna clase.
Cuando no podemos encontrarnos, hablamos por mensajes o hacemos videollamadas.
Hay noches en las que podemos pasar horas hablando.
—¿Ya comiste, pues? —me pregunta Emely.
—Sí, mujer, no se preocupe.
—Usted siempre dice lo mismo y después resulta que no ha comido nada.
—Bueno... de pronto.
Ella se ríe y yo termino riéndome también.
Esos pequeños momentos son los que más disfruto.
Después de cinco años, sigo sintiendo lo mismo por ella. La amo con toda mi vida y no me imagino mi futuro sin tenerla a mi lado.
Sin embargo, nuestro secreto no siempre es fácil de llevar.
A veces quisiera poder tomarla de la mano en público, decirle a todo el mundo que estamos juntos o simplemente presentarla como mi novia sin tener que preocuparme por lo que puedan pensar nuestros padres.
Pero tenemos miedo.
Miedo de que nuestras familias no entiendan nuestra relación.
Miedo de que todo cambie.
Por eso seguimos esperando.
Quizás algún día tengamos el valor suficiente para contarles la verdad.
Mientras tanto, Emely y yo seguimos viviendo nuestro amor en secreto, entre mensajes, videollamadas, encuentros en la universidad y promesas hechas en voz baja.
Y aunque nadie conoce nuestra historia...
yo sé que apenas estamos comenzando.