La Apariencia de la Perfección

El reflejo en el espejo de cuerpo entero bailaba entre sombras y luces matutinas mientras Julieta giraba sobre sí misma, provocando que la falda plisada color perla ondulara como las olas del mar. Sus dedos, manchados aún con restos de pintura rosa del proyecto del día anterior, contrastaban graciosamente al recorrer el borde del tejido importado. El aroma a café recién hecho y algo que sospechosamente olía a quemado invadía la habitación desde la cocina.

—¡Por todos los pinceles del mundo! —exclamó, corriendo hacia la cocina en sus nuevos tacones Manolo Blahnik (una inversión necesaria, se había convencido a sí misma).

La sartén humeante contenía lo que pretendía ser una tortilla francesa con espinacas, inspirada en un tutorial de YouTube titulado "Cocina como una esposa trophy en 10 minutos". El humo ascendía en espirales burlones mientras ella agitaba frenéticamente un paño de cocina frente al detector de humo.

—A ver, Julieta, respira —se dijo a sí misma, contemplando el desastre culinario—. El tutorial hacía que pareciera tan fácil...

Volvió al dormitorio, donde el espejo seguía reflejando a esta versión 2.0 de sí misma: una Julieta que había cambiado sus vestidos vintage llenos de pintura por un conjunto digno de la portada de Vogue. El collar de perlas (falso, pero convincente) descansaba sobre su cuello como un recordatorio de su nuevo papel.

—Dignidad, elegancia, sofisticación —recitó frente al espejo, repitiendo el mantra que había encontrado en otro video: "Cómo convertirse en una esposa de alto standing en 5 pasos".

Su reflejo le devolvió una sonrisa torcida mientras recordaba la cara de Cristina durante su última visita sorpresa al despacho de Marco. La ex perfecta casi se había atragantado con su café de diseño cuando Julieta apareció en la puerta, tacones repiqueteando contra el suelo de mármol como si fuera la dueña del lugar.

«Una esposa digna de un abogado exitoso», pensó con ironía, mientras intentaba mantener la postura erguida que había practicado durante horas frente a este mismo espejo. Un mechón rebelde de su pelo, teñido recientemente de un tono más sobrio pero aún con algunos reflejos rosa, se escapó del moño cuidadosamente elaborado después de ver tres tutoriales diferentes de peinados profesionales.

El tintineo de platos rotos desde la cocina la devolvió a la realidad. Había olvidado apagar la vitrocerámica.

—Bueno —murmuró para sí misma mientras corría de vuelta a la cocina, sus tacones nuevos marcando un ritmo irregular—, al menos Marco aprecia más el arte abstracto que la gastronomía tradicional.

En el fondo, mientras rescataba lo que quedaba del desayuno, sabía que toda esta transformación era tan artificial como las perlas de su collar. Pero ver la cara de perplejidad de Cristina, con su perfecto traje de Chanel y su manicura impecable, había valido cada minuto frente a los tutoriales de YouTube y cada euro gastado en esta nueva guardarropa.

El aroma a tostadas quemadas volvió a inundar el apartamento.

—¡Oh, por favor! —exclamó al cielo—. ¿Es que ni siquiera puedo dominar el arte de la tostadora?

El timbre del móvil interrumpió sus pensamientos. Marina, por supuesto.

—¡Jules! ¿Cómo está mi hermana favorita? —la voz alegre pero inquisitiva de Marina resonó desde Barcelona.

—Soy tu única hermana, Mari —Julieta rodó los ojos mientras se dejaba caer en la cama perfectamente tendida—. Y antes de que preguntes, sí, sigo casada, y no, todavía no he incendiado el apartamento de Marco.

—Me preocupas, pequeña. Todo esto del matrimonio secreto... No es propio de ti.

Julieta cerró los ojos, transportándose momentáneamente a aquella tarde de verano en el parque del Retiro, cuando tenía doce años y Marina la encontró pintando graffitis en un banco. «Las niñas buenas no hacen estas cosas», le había dicho entonces. Pero Julieta nunca había sido una niña buena, ¿verdad?

—¿Y desde cuándo soy conocida por hacer lo que es propio de mí? —respondió con una risita.

El sonido de tacones en el pasillo la devolvió al presente. Marta, la vecina entrometida, probablemente pegando la oreja a la puerta como cada mañana.

—Te dejo, Mari. Tengo que ir a trabajar —se despidió rápidamente—. Y sí, prometo no convertir el piso en un estudio de arte experimental.

El trayecto hasta la agencia de diseño fue un desfile de miradas curiosas. La falda plisada y la blusa de seda azul cielo provocaban algunos giros de cabeza en la calle Serrano, tan diferentes a sus usuales combinaciones excéntricas.

—¡Santo cielo! ¿Quién eres tú y qué has hecho con nuestra Julieta? —exclamó Bea cuando la vio entrar en la boutique durante su hora de almuerzo—. Pareces... ¡una señora de Salamanca!

—¿Tan mal estoy? —Julieta dio una vuelta sobre sí misma, sus tacones repiqueteando contra el suelo de mármol.

—Estás... diferente —Bea ladeó la cabeza, evaluándola—. Pero creo que necesitas algo más... tú.

Media hora después, Julieta salía de la boutique con un pañuelo de seda multicolor atado al cuello y un bolso verde esmeralda que hacía juego con sus ojos. «Un toque de caos en el orden», como le gustaba decir.

El verdadero caos, sin embargo, llegó esa tarde en forma de Raúl, esperándola en la entrada del edificio donde trabajaba.

—Jules, mi pequeña artista rebelde —sonrió él, apoyado contra su motocicleta vintage—. ¿Qué te ha pasado? Pareces una de esas muñecas de aparador.

—La gente cambia, Raúl —respondió ella, intentando esquivarlo.

—¿Cambia? ¿O la obligan a cambiar? —se acercó, su perfume familiar mezclándose con el aroma a cuero de su chaqueta—. Este no es tu mundo, Jules. Tú perteneces a las calles de Malasaña, a los bares con música en directo, a...

—A ninguna parte que tú decidas —le cortó ella, su voz más firme de lo que esperaba—. Y si me disculpas, llego tarde a una reunión.

Mientras tanto, en el elegante edificio de oficinas donde trabajaba Marco, Cristina ejecutaba su propia estrategia. Julieta lo supo por los mensajes cada vez más tensos de su marido.

«Cristina preguntando por ti en la reunión de socios», decía el primero.

«¿Desde cuándo te interesa el derecho mercantil?», el segundo.

«Socorro. Ha traído fotos de cuando éramos "la pareja perfecta del bufete"».

Julieta no pudo evitar reírse mientras tecleaba su respuesta: «¿Quieres que vaya a marcas mi territorio? Puedo llevar mi colección de pinturas fluorescentes».

La respuesta de Marco llegó instantáneamente: «Ni se te ocurra. Aunque... ¿sabes qué? A veces un poco de caos no viene mal».

Esa noche, cuando Marco llegó a casa, encontró a Julieta sentada en el suelo del salón, rodeada de telas y bocetos, vestida con una de sus camisas de trabajo y unos leggins coloridos.

—¿Qué pasó con la falda plisada? —preguntó él, aflojándose la corbata.

—La guardé para ocasiones especiales —respondió ella sin levantar la vista de su sketch—. Como las reuniones con tu ex o las visitas sorpresa de mi hermana.

Marco se sentó a su lado, observando los dibujos esparcidos por el suelo.

—¿Sabes? Hoy Cristina montó todo un espectáculo en la oficina —comentó, jugando con un lápiz de colores—. Trajo fotos, documentos, incluso una presentación en PowerPoint sobre por qué deberíamos volver.

—¿Y qué le dijiste? —Julieta intentó sonar despreocupada, aunque su mano apretó con más fuerza el pincel.

—Le dije que prefiero el caos creativo a la perfección artificial —Marco sonrió, inclinándose para besar su mejilla manchada de pintura—. Aunque eso significa encontrar purpurina en mis documentos legales.

El sonido de unos tacones y un suspiro dramático al otro lado de la pared les indicó que Marta seguía en su puesto de vigilancia.

—¿Crees que algún día se cansará? —susurró Julieta.

—¿Marta? Nunca. Pero al menos le damos algo interesante que contar en las reuniones de la comunidad.

Julieta se recostó contra el hombro de Marco, respirando el aroma a café y papeles nuevos que siempre lo acompañaba. Quizás no encajaba en el mundo perfecto de Cristina, ni en la bohemia despreocupada de Raúl. Pero aquí, en este apartamento impoluto decorado con sus cuadros caóticos, junto a este hombre que había aprendido a sonreír cuando encontraba pinceles en el lavaplatos, había encontrado su propio tipo de perfección.

—Por cierto —añadió Marco, sacando algo de su maletín—, encontré esto en mi escritorio.

Era una foto de ellos dos, tomada la noche de su improvisada boda. Él con la corbata torcida, ella con flores silvestres en el pelo. Ambos riendo como si el mundo fuera a acabarse mañana.

—Cristina la dejó como "recordatorio de lo que estás perdiendo" —explicó—. No se dio cuenta de que es justamente lo contrario.

Desde el otro lado de la pared, el sonido de alguien tomando notas frenéticamente les arrancó una carcajada. Marta tendría material para semanas de cotilleo.

Y a Julieta no podía importarle menos. Porque mientras Marco guardaba la foto en su cartera, mientras su hermana planificaba otra llamada de "control" desde Barcelona, mientras Raúl esperaba con su moto y sus promesas de libertad, y Cristina con sus presentaciones de PowerPoint sobre el amor perfecto, ella había descubierto algo importante: la verdadera perfección no está en las apariencias, sino en los momentos como este, cuando el caos y el orden bailan juntos su propia melodía.

Capítulos
1 Una Noche de Locura
2 Con Una Resaca
3 El Secreto
4 Contrastes en Convivencia
5 Revelaciones y más Problemas
6 El Desmadre de los Sentimientos
7 La Apariencia de la Perfección
8 El Desafío de la Verdad
9 Confusión y Caos
10 Aceptando el Caos
11 La Verdad Sale a la Luz
12 Invitación a Almorzar
13 Conociendo a la Familia
14 El Seminario de los Desastres
15 La Cena de los Malentendidos
16 Éxito Culinario Familiar
17 Vacaciones en Familia
18 Actividad Familiar
19 Una Invitada Especial
20 Conquistando el Corazón Familiar
21 La Armonía Aparente
22 El Encuentro de Cristina y Raúl
23 Una Siembra de Dudas
24 Encuentro Casual
25 Chismes y Rumores
26 Chismes Expandidos
27 Recarga Laboral
28 Un Cruce de Miradas
29 Seducción Fallida
30 Repartidor de Pizzas
31 Algo no Cuadra
32 Algo Traman
33 Invitación a la Cena
34 Las 'Magdalenas'
35 La Mentira de Beatriz
36 Recuerdos y Bromas
37 Fuga de Gas
38 La Cena de Marta
39 Despertar con Café
40 Visita Inesperada
41 Confrontando a Cristina
42 Momentos no Planeados
43 Un E-mail
44 Llamada con Veneno
45 Invitación a Almorzar
46 El Caso Pixel Paradise
47 Investigación: Mundo de Videojuegos
48 Monólogos de Cristina
49 Proteger la Confidencialidad
50 Cómo una Dulce Travesura
51 Otra Cena Vecinal
52 Sala Secreta
53 Conspirando
54 Un Caos Canino
55 Nadie lo Olvidará
56 Aparente Normalidad
57 Competencia Creativa
58 Convenciendo Para El Proyecto
59 Desfile Innovador
60 Chismes y Grupo de WhatsApp
61 El Collar Misterioso
62 ¿Quién rayos fue?
63 Una Verdad Traslúcida
64 Solución Caótica
65 Una Gran Idea
66 Expertos en la Cocina
67 Una Cena Perfecta
68 Una Invitada No Esperada
69 Una Furia Contenida
70 Diluida Esperanza de Descanso
71 Objetivo Canino, Las Magdalenas
72 Un Problema Canino
73 Un Sentido Profesional
74 Diagnóstico Perruno.
75 Terapia Perruna (1/2)
76 Terapia Perruna (2/2)
77 Una Aparición Repentina
78 Perfecta 'V' Invertida
79 ¡Atención, queridos lectores de Dulce Travesura!
80 Una Noche de Trabajos Compartidos
81 La Ventana Indiscreta
82 El Chisme Es Más Importante
83 Irrumpiendo el Apartamento
Capítulos

Updated 83 Episodes

1
Una Noche de Locura
2
Con Una Resaca
3
El Secreto
4
Contrastes en Convivencia
5
Revelaciones y más Problemas
6
El Desmadre de los Sentimientos
7
La Apariencia de la Perfección
8
El Desafío de la Verdad
9
Confusión y Caos
10
Aceptando el Caos
11
La Verdad Sale a la Luz
12
Invitación a Almorzar
13
Conociendo a la Familia
14
El Seminario de los Desastres
15
La Cena de los Malentendidos
16
Éxito Culinario Familiar
17
Vacaciones en Familia
18
Actividad Familiar
19
Una Invitada Especial
20
Conquistando el Corazón Familiar
21
La Armonía Aparente
22
El Encuentro de Cristina y Raúl
23
Una Siembra de Dudas
24
Encuentro Casual
25
Chismes y Rumores
26
Chismes Expandidos
27
Recarga Laboral
28
Un Cruce de Miradas
29
Seducción Fallida
30
Repartidor de Pizzas
31
Algo no Cuadra
32
Algo Traman
33
Invitación a la Cena
34
Las 'Magdalenas'
35
La Mentira de Beatriz
36
Recuerdos y Bromas
37
Fuga de Gas
38
La Cena de Marta
39
Despertar con Café
40
Visita Inesperada
41
Confrontando a Cristina
42
Momentos no Planeados
43
Un E-mail
44
Llamada con Veneno
45
Invitación a Almorzar
46
El Caso Pixel Paradise
47
Investigación: Mundo de Videojuegos
48
Monólogos de Cristina
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Proteger la Confidencialidad
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Cómo una Dulce Travesura
51
Otra Cena Vecinal
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Sala Secreta
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Conspirando
54
Un Caos Canino
55
Nadie lo Olvidará
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Aparente Normalidad
57
Competencia Creativa
58
Convenciendo Para El Proyecto
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Desfile Innovador
60
Chismes y Grupo de WhatsApp
61
El Collar Misterioso
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¿Quién rayos fue?
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Una Verdad Traslúcida
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Solución Caótica
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Una Gran Idea
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Expertos en la Cocina
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Una Cena Perfecta
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Una Invitada No Esperada
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Una Furia Contenida
70
Diluida Esperanza de Descanso
71
Objetivo Canino, Las Magdalenas
72
Un Problema Canino
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Un Sentido Profesional
74
Diagnóstico Perruno.
75
Terapia Perruna (1/2)
76
Terapia Perruna (2/2)
77
Una Aparición Repentina
78
Perfecta 'V' Invertida
79
¡Atención, queridos lectores de Dulce Travesura!
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Una Noche de Trabajos Compartidos
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La Ventana Indiscreta
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El Chisme Es Más Importante
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Irrumpiendo el Apartamento

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